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Ribeira Sacra lucense, la Galicia más desconocida

A orillas del río Miño, en la tierra de los viñedos milenarios y alrededor de una de las mayores concentraciones de templos románicos de toda Europa, encontramos la Galicia más mágica e inédita.

by hola.com

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La Ribeira Sacra es un lugar de privilegio en donde están siempre presentes el agua, los árboles, la piedra y el silencio. Muchas son las posibilidades de acercarse a estas tierras encantadas. Incluso los peregrinos de Santiago verán con sorpresa cómo en esta zona del Miño, surge el desconocido Camino de Invierno entre el Camino Francés y la Ruta de la Plata. El románico rural, arte primordial para Galicia, es el complemento imprescindible de este paisaje.  Un paisaje agreste con miradores espectaculares, aldeas perdidas, pazos centenarios, cientos de bodegas mirando el río desde los socalcos de piedra, caminos encantados entre bosques y valles. Sin por ello olvidar los insólitos remansos y los codos del Miño, sólo accesibles a través de las rutas fluviales. Total nada.

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En este rincón de Galicia, donde la provincia de Lugo comienza a marcar sus límites con la de Ourense, vivieron durante siglos monjes y eremitas. En las escarpadas laderas entre las que discurre el río Miño encontraron estos hombres santos el mejor lugar para la vida ascética. También desde hace siglos, en estas escondidas tierras la cultura del vino se ha ido encargando de configurar el paisaje y, aún más, el modo de vida. Las vertientes soleadas de la arteria fluvial están pobladas de viñedos que descienden en bancales hasta el río y que dan origen a los vinos con D.O. Ribeira Sacra. Ante tanta oferta, la ruta que aquí se propone es un itinerario de unos 50 kilómetros que tiene como meta los embalses de Belesar y Os Peares.

La primera gran sorpresa, y parada obligada, es el monasterio de Santo Estevo de Ribas de Miño, de los siglos XI-XII, que muestra una de las mejores fachadas del románico gallego, coronada por un admirable rosetón. El camino continúa hacia el pintoresco pueblo fluvial de Belesar, que conserva todo su tipismo, con viviendas de cantería, hermosas galerías y un legendario puente. Aquí encontramos los famosos Codos de Belesar, una antigua calzada romana (el Camino de Invierno) que desciende en zigzag entre bosques de robles y castaños tan espectaculares como lo es el recorrido fluvial que, desde el embarcadero del Club Náutico de Belesar, discurre por estas aguas hasta Peares, el pueblo de los tres ríos.

Siguiendo el curso del Miño, la carretera empieza a empinarse hasta San Xoán da Cova, una de las iglesias románicas más bonitas de toda la Ribeira Sacra y hermana de la cercana Santo Estevo de Chouzán, llamada "la hija del río". Declaradas ambas monumento nacional en el siglo pasado, tras ser salvadas de las aguas antes de la construcción del embalse de Peares. Muy cerca de estos templos se ubica O Cabo do Mundo, donde el río dibuja un espectacular meandro que, por su forma, ha dado lugar a una de las playas fluviales más impresionantes, la de la Cova. Y si los robles de Carballedo, considerados como los abuelos de Europa, y las cascadas de Aguacaída, en Marce, y la de Fondós, así como la isla de Sernande, animan a detener nuestro paso, también lo hacen, cómo no, las bodegas de la zona. En la de Adegas Moure se elabora un vino con las uvas mencía —en su mayoría— y albariño de los viñedos que se cultivan a orillas del río. Hay que probarlo, porque dejará el mejor sabor de este sugerente itinerario.

Si se quiere completar la ruta por la Ribeira Sacra lucense, se pueden seguir otros recorridos, como la ruta de los Pazos, en Taboada —puerta de entrada a la Ribeira, con los impresionantes viñedos de Sobrecedo—, y la senda del románico, como la que pasa por Santa María de Pesqueiras, en Chantada. Y hasta una tercera, con paradas en el monasterio de las Bernardas de Ferreira de Patón, San Miguel de Eiré o San Vincente de Pombeiro.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar
El monasterio de Santo Estevo de Ribas de Miño, inicio del itinerario, se encuentra a unos 60 kilómetros de Lugo, al que se accede por la N-540 desde Chantada.

Cuándo ir
Especialmente en primavera, verano y en otoño, durante la vendimia.

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