Una copa entre ruinas romanas

Disfrutar de playas naturales con banderas tan azules como el Mediterráneo, ‘ramblear’ entre fantasías modernistas o sentarse en cualquier plaza medieval y secreta solo puede concitarse al mismo tiempo en una ciudad como Tarragona. La favorita de Augusto y Adriano sigue siendo hoy uno de los enclaves con más personalidad del Levante español.

by hola.com

Asomado al Balcón del Mediterráneo, el emperador Carlos V afirmó haber encontrado aquí el mejor mirador marítimo de todos sus estados. ‘Tocar ferro’ en este espacio espectacular, es decir, apoyar las manos sobre la barandilla de hierro del balcón, no sólo es augurio de buena suerte, sino también privilegio de saborear, casi de un vistazo, las gracias que guarda Tarragona. Al frente, la playa del Miracle y el Mare Nostrum; a la izquierda, el impresionante Anfiteatro romano; a la derecha, el trajín incesante del puerto; detrás, el paseo modernista que conecta enseguida con la ciudad medieval, preservada de las urgencias del tiempo.

Tarragona es una ciudad romana y marinera. Histórica y bulliciosa. Dinámica y secreta al mismo tiempo. ”La ciudad de la eterna primavera”, como la describió el poeta Lucio Anneo Floro entre los siglos I y II d.C. De hecho, bastaría ceñirse tan solo a las delicias del entorno mediterráneo y al espléndido pasado romano de la ciudad, catalogado en el año 2000 por la Unesco como Patrimonio Mundial, para disfrutar de una experiencia única: toda la grandeza de Roma sobre las luces del mar de la calma.

Desde las alturas de la Muralla romana, desde las gradas del Anfiteatro, desde la torre del Pretorio o las puertas del Circo, la presencia permanente del Mediterráneo viste de azul la gloria de la ciudad que fundó Cneo Cornelio Escipión, a la que Julio César concedió el rango de Colonia Iulia Urbs Triunfalis, y en la que vivieron los emperadores Augusto y Adriano. Una ciudad que aflora permanentemente al paso del viajero, que se deja ver en los bajos de los restaurantes, las tiendas o los bares de copas, y que es necesario recordar, antes de adentrarse en ella, a partir de la gran maqueta de la Tárraco romana que se exhibe en la Volta del Pallol.

Ponerse en la piel de los ciudadanos romanos que se reunían en el Foro Local o que acudían al gran espacio religioso y administrativo del Foro o Concilium Provincial es una experiencia posible no solo en los grandes monumentos de la ciudad, sino en toda la rica serie de testimonios romanos (acueducto, villas, monumentos funerarios…) que la rodean. Pero con todo y con eso la experiencia se quedaría corta. A la Tarragona romana hay que sumarle, por lo menos, otras tres ciudades más: la medieval, la modernista y la portuaria.

Si en mitad del Anfiteatro romano las ruinas de la iglesia de Santa María del Miracle son el testimonio de la manera en que la ciudad medieval se levanta, a partir del siglo XII, sobre las piedras de la antigua ciudad romana, en la part alta de Tarragona la Catedral es el núcleo alrededor del cual se articula toda una serie de calles y plazas que conservan intacto todo el sabor de la Edad Media.

El espacio que ocupara en su día el gran Concilium de la provincia es hoy un pequeño y delicioso laberinto de callejas medievales, jalonado de viejos palacios, tiendas y restaurantes en los que descubrir las calçotadas, los canquinyolis, los rifaclis o los ventalls, regados por los ricos vinos de la comarca.

Sin salir del casco viejo, la Casa Castellarnau y la Casa Canals ilustran otro de los grandes atractivos de Tarragona: su nuevo impulso social y cultural entre finales del siglo XIX y principios del XX. El lujo de las grandes familias acomodadas que se instalaron en los mejores espacios del gran núcleo romano y medieval se prolonga inmediatamente por la Rambla Nova, alrededor de la cual se localiza uno de los catálogos más personales del Modernismo europeo, firmado por arquitectos como Josep Maria Jujol, Josep Maria Pujol o Lluís Doménech i Montaner, y al lado de una joya auténticamente desconocida: el primer Gaudí documentado que esconde el santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Y todavía hay más. Al pie de la ciudad alta, el lujo de las embarcaciones de recreo y el ambiente nocturno del puerto de Tárraco conviven a la perfección con la permanente actividad del que fue uno de los enclaves más prósperos del Imperio. Convertido hoy en un gran espacio cultural y de esparcimiento, el puerto tarraconense se complementa con el Serrallo, el viejo poblado de pescadores donde conviven las casitas marineras con un apretado conjunto de restaurantes donde reinan la ‘gamba vermella’ y el célebre pescado azul de Tarragona. Y más allá, el verdadero tesoro de la ciudad de los Escipiones: sus playas. Además de la urbana del Miracle, a los mismos pies de la ciudad, las playas Larga, de la Arrabasada, de la Savinosa, de la Móra y de Tamarit, y las calas naturales de la Roca Plana y Fonda inauguran la Costa Daurada, uno de los espacios marítimos del Levante español más bellos. Un lugar para el submarinismo y para la contemplación de dunas, aves y especies marinas, pero también para soñar con un tiempo detenido.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar
A 7 kilómetros de la ciudad se encuentra el aeropuerto de Reus, comunicado por autobús con Tarragona. En el Camp de Tarragona, enlazado asimismo por autobús con la ciudad, está la estación del AVE, que comunica directamente con Madrid y Barcelona, y que complementa al ferrocarril tradicional, que lleva a las principales ciudades españolas. Por carretera, Tarragona está comunicada con Valencia, Barcelona y Francia por la autopista del Mediterráneo (AP-7), y con Madrid por la autopista A-2 y la N-240.

Moverse por Tarragona
Tarragona es una ciudad perfecta para ser recorrida a pie, aunque dispone de una buena red de autobuses para desplazarse a los rincones más lejanos. Aunque el tráfico es denso, hay un buen número de aparcamientos públicos alrededor del casco histórico. El tren turístico de Tarragona, con salida en la Rambla Vella, recorre los principales monumentos romanos de la ciudad y lleva hasta el puerto. El Patronato Municipal de Turismo propone varias rutas guiadas por la ciudad, como la romana, la medieval o la modernista.

Dónde dormir
Tarragona dispone de cuatro hoteles de cuatro estrellas en la misma ciudad. El AC Tarragona está ubicado en el centro de la ciudad. El Ciutat de Tarragona se localiza en la plaza Imperial Tárraco, y El Husa Imperial Tárraco es un clásico que se asoma al Mediterráneo y al Anfiteatro romano. Más vanguardista y a las afueras de la ciudad, el Eurostars Tárraco.

Dónde comer
Además de los pequeños restaurantes que sacan sus terrazas a algunas de las plazas con más sabor de la ciudad (de la Font, del Fórum, del Rei, de Santiago Rusiñol…), o de los establecimientos especializados en pescados y mariscos del barrio marinero de El Serrallo, Tarragona cuenta con una buena serie de restaurantes en los que degustar desde cocina tradicional catalana hasta nueva cocina, como el AQ Restaurant, especializado en cocina mediterránea moderna, La Caleta (Tel. 977 23 40 40), en el paseo marítimo Rafael de Casanova, y Les Coques (Tel. 977 22 83 00) se distingue por utilizar materias primas de excelente calidad. En el puerto de Tarragona se localizan Manolo (Tel. 977 22 34 84) y el restaurante del Real Club Nàutic (Tel. 977 22 58 24).

No te pierdas
El lujo de comer o de tomarte una copa en alguno de los muchos locales que están construidos en las mismas ruinas romanas de la ciudad. En la segunda quincena de mayo se celebra Tárraco Viva, una fiesta multitudinaria que recuerda el pasado romano de la ciudad, y alrededor del 23 de septiembre las Fiestas de Santa Tecla, con centenares de actos festivos, pero sobre todo la impresionante competición de ‘castells’: una experiencia absolutamente inolvidable.

Más información
Patronato de Turismo de Tarragona, Turismo de Catalunya y Costa Dorada.

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