Tienes una cita con los celtas

Metidos en el mismo mar, como el de Baroña, o aupados en lo alto de un monte con vistas impagables, como el de Santa Tecla, los castros de las Rías Baixas gallegas son un estimulante testimonio arqueológico que no debes perderte, ¿qué tal para este fin de semana?

by hola.com

Desde la ría de Muros hasta la desembocadura del Miño, las Rías Baixas son, además de un verdadero paraíso paisajístico y gastronómico, un lugar privilegiado para descubrir la cultura y el estilo de vida de un pueblo mítico: los celtas galaicos. Entrar en una casa reconstruida en el Monte de Santa Tecla o contemplar cómo baten las olas del Atlántico contra la península rocosa sobre la que se asienta el castro de Baroña son experiencias que tienen tanto que ver con el hallazgo arqueológico como con el descubrimiento del paisaje gallego en algunos de sus emplazamientos más espectaculares.

Pero Baroña y Santa Tecla son sólo dos entre el medio centenar de emplazamientos castreños que se reparten a lo largo de toda esta geografía marcada por los bosques y la presencia del mar, en forma de playas de ensueño o de restaurantes deliciosos donde probar los mariscos y los ricos productos de la costa Atlántica.

El castro de Baroña se levanta sobre una gran roca que constituye una península apenas separada de tierra firme por un estrecho istmo, cuyo foso fue la primera defensa de un poblado amurallado metido de lleno en la ría y fundamentalmente activo entre los siglos I a.C. y I d.C. Asomarse a los pequeños acantilados de Baroña, contemplar la playa y el bosque cercano permiten hoy imaginar cómo debieron vivir aquellas gentes, a caballo entre la tierra y el mar. Escaleras, restos de la muralla, una pequeña plaza comunal y una veintena de casas forman este pequeño laberinto lleno de magia y de misterio en la franja sur de la ría de Muros.

Más hacia el sur, en el término de Candín y próximo a Caldas de Reis, se localiza el castro de Castrolandín, instalado en lo alto de una colina, que ofrece una espléndida panorámica de todo el valle. El castro de Negros, próximo a Redondela, además de por sus antiguos pobladores galaicos es conocido por algunas leyendas de moros, serpientes y tesoros que han pervivido desde la Edad Media…

En la misma Vigo, los restos del Monte do Castro no sólo suponen el testimonio del origen prerromano de la capital económica de las Rías Baixas, sino también la oportunidad de obtener unas vistas de escándalo sobre la ciudad y sobre todo el entorno de la ría de Vigo, incluidas las verdes Islas Cíes, la joya del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia; el vecino Monte da Guía, en el barrio de Teis, otro otero de lujo sobre Vigo, estuvo también ocupado por un castro.

Siempre camino del sur, en el monte del Dulce Nombre de Jesús, parroquia de Pías, concejo de Ponteareas, se localiza el castro de Troña, fechado entre los siglos VI a.C. y II d.C., uno de los más relevantes y mejor conservados de Galicia, y una muestra perfecta del complejo sistema defensivo que adoptaron los celtas en algunas de sus poblaciones, con su doble muralla, su foso y su parapeto; el bosque que lo acompaña es un aliciente más de la visita. No muy lejos de éste, a orillas del Miño se encuentra también el castro de Altamira, uno de los mayores yacimientos de piezas de bronce de época romana, y que mantiene también las bases de un importante grupo de construcciones castreñas.

Eso sí, si hablamos de castros, sin duda la estrella, el verdadero icono no sólo de las Rías Baixas, sino de toda Galicia, son las casas circulares y ovales del Monte de Santa Tecla, o Santa Tegra, organizadas alrededor de un gran cerro vigía sobre la desembocadura de Miño, donde se encuentran las tierras de España y de Portugal. La visita al museo o a las reconstruidas casas de los grovii o los grovios, la tribu de los celtas que tuvo su capital en la vieja Tude (Tuy), permite adentrarnos de lleno en el mundo de estos indígenas galaicos que construían sus casas redondas con piedras recubiertas de mortero de cal y arena, tejados generalmente vegetales y suelo de losas o de tierra pisada, algunas de ellas enriquecidas con jambas y dinteles decorados o con vestíbulos, a la manera Mediterránea en pleno Atlántico…

En verano, las vistas del entorno son verdaderamente espectaculares, y en invierno, con un poco de suerte, la niebla puede convertir la visita al castro en una verdadera aventura, donde las casas 'surgen' ante los ojos del viajero como una visión de otro tiempo. Una experiencia que nos descubre, a vista de pájaro, las mejores esencias de la Galicia castreña.

Más información
Turismo de las Rias Baixas

En tu visita a los castros no dejes de…
Visitar otros impresionantes testimonios arqueológicos, como el dolmen céltico de Axeitos (Ribeira), también conocido como Pedra do Mouro, con sus misteriosas inscripciones, o los más de sesenta dólmenes que se localizan en el Monte de Penide, o los menhires de Cabeza de San Pedro y Lapa de Gargantáns (Moraña). Tampoco hay que olvidar visitar alguna de las muchas mámoas, túmulos megalíticos, que se reparten por las Rías Baixas, como las de Chan de Arquiña (Moaña), O Deitadero y A Devesa (Moraña), Mesego (Cuntis) o la Mámoa del Rey (Redondela). Y, por supuesto, los petroglifos, que se cuentan entre los más importantes de España, como el petroglifo de Os Carballos, perteneciente al impresionante conjunto de Campo Lameiro, “el Artapuerca gellego”, al que se unen otros petroglifos célebres como los de Os Ballotes, Ardegán, Cabeziña, Cequeril, Ran o Catoira.

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