Equinoccio sagrado en la pirámide de Kukulcán

La construcción más importante del yacimiento de Chichén Itzá, erigida por los antiguos mayas para calcular el cambio de estación, permite admirar, gracias a un singular efecto óptico, la gran serpiente emplumada de los mayas descendiendo por una de sus escalinatas.

by hola.com

Durante los equinoccios el sol se sitúa directamente sobre el Ecuador, haciendo que el día y la noche tengan la misma duración en toda la Tierra. Justo en ese momento, en la segunda quincena de marzo, y también en septiembre, miles de visitantes aguardan frente a la pirámide de Kukulcán para vivir en primera persona el descenso de la gran serpiente emplumada; dios esencial para los antiguos mayas y también para otras culturas mesoamericanas anteriores. La perfecta alineación de la pirámide con el sol provoca un juego de luces y sombras por el que se crea el efecto óptico de un inmenso reptil que desciende progresivamente por la escalinata de su cara norte, la única rematada en la base con sendas cabezas de serpiente.

Este fenómeno único en el mundo es quizá la prueba más asombrosa de los profundos conocimientos astronómicos de los mayas. Sin embargo, no es el único secreto que guarda esta edificación levantada en el siglo XII por los mayas itzáes, que los conquistadores que descubrieron Chichén Itzá, ya deshabitada, bautizaron también como el Castillo. La pirámide, absoluta protagonista del recinto arqueológico, no es sólo uno de los más poderosos legados de una de las grandes civilizaciones de la Antigüedad; es también, toda entera, un gigantesco calendario.

De igual forma que no es una coincidencia que con los equinoccios Kukulcán baje serpenteando a la Tierra por la pirámide más importante de este centro ceremonial, tampoco lo es que cada una de las cuatro escaleras que dan acceso a la cima de la pirámide sume 91 escalones, los cuales, sumándoles la plataforma superior sobre la que se asienta su templo, dan la misma cifra de los días que tiene el año. Además, el cuerpo de esta pirámide de 30 metros de alto por 55 de ancho lo conforman nueve plataformas, otro número clave de la cosmogonía maya, ya que eran nueve los niveles del inframundo y nueve también los señores de la noche. Y cada una de ellas, dividida por una escalinatas, da 18 secciones; el total de meses de 20 días que formaban el calendario maya, a los que sólo habría que sumar los cinco días considerados nefastos por esta civilización para volver a obtener la cifra de 365.

La desconcertante exactitud matemática y astronómica de la edificación del templo de Kukulcán, en la que la alineación con los fenómenos astronómicos fue absolutamente necesaria, habla por sí sola de la ambición y sabiduría de los sacerdotes y constructores mayas, algo que puede constatarse también en otros legados esenciales como el Observatorio, el Cenote Sagrado, el Juego de Pelota o el Templo de las Mil Columnas, integrados todos en el yacimiento de Chichén Itzá, Patrimonio de la Humanidad desde 1988 y declarado también Nueva Maravilla del Mundo en 2007.

La visita a Chichén Itzá
El recinto abre a diario de 8 de la mañana a 5 de la tarde y la visita convencional dura no menos de tres horas. En la entrada es fácil contratar guías oficiales con cuyas explicaciones disfrutar mucho más del yacimiento. El recinto propone un espectáculo nocturno de luz y sonido tremendamente turístico, pero no por ello menos espectacular. Existe una entrada a las ruinas que incluye también la visita al museo y el acceso a este espectáculo nocturno por unos 85 €.

Dónde dormir
Lo más habitual es alojarse en Cancún o la Riviera Maya, a unas tres horas de carretera, o en la todavía más cercana ciudad de Mérida y, desde allí, hacer una excursión de ida y vuelta en el día a Chichén Itzá, aunque también es posible hacer noche en un par hoteles deliciosos como el Mayaland, construido en 1923 a apenas un paseo de los templos, rodeado de preciosos jardines y con instalaciones al más alto nivel, o Hacienda Chichén, en una mansión colonial del siglo XVI con menos de una treintena de habitaciones con amplias terrazas que dan a sus jardines, en los que se refugian centenares de especies de aves migratorias entre octubre y mayo, y con un completísimo spa.

Gastronomía
La cocina mexicana es mucho más que tacos y fajitas; de hecho es una de las grandes cocinas del mundo, con platos como la cochinita pibil, los chilaquiles de pollo, los tamales de almendra, los huevos mutuleños, la picosita sopa de lima, el huachinango con cebollitas, los langostinos rojos y camarones de coco, o especialidades del Yucatán como los papadzules, unas tortillas bañadas en semillas de calabaza, huevo picado y salsa de chiltomate. Los tres restaurantes del mencionado hotel Mayaland, así como los del hotel Chichén Itzá y las Villas Arqueológicas Chichén Itzá son buenas opciones para probar la cocina yucateca a pocos pasos del recinto. Y a sólo tres kilómetros, el restaurante Ik il, junto al espectacular cenote del mismo nombre, en cuyas aguas sagradas es posible quitarse el calor tras las visitas mientras va llegando a la mesa una cochinita pibil en tacos o panuchos, una sopa de lima y los típicos papadzules.

Información
En Turismo de México

No dejes de…
Reservar una entrada para el espectáculo de luz y sonido que tiene lugar cada noche en el interior de Chichén Itzá –muy turístico pero aún así impactante–, así como visitar, a primerísima hora de la mañaña para evitar el calor y el exceso de visitantes, el cercano puerto maya de Tulum, con espectaculares templos levantados frente a las aguas turquesa del Caribe mexicano, a un tiro de piedra de la encantadora playa del Carmen y de las playas de la conocida como Riviera Maya.

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