Pase vip en los clubs más selectos del mundo

Además de los decimonónicos clubes londinenses para caballeros, o de los locales nocturnos con las puertas más restrictivas, toda gran ciudad atesora algún escondite en el que codearse con la jet local, sin a menudo tener que ser miembro. Aquí tienes algunos de los más especiales.

by hola.com

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Afortunadamente no todos los clubs privados del mundo lo son tanto como el Carlton Club, fundado en Londres en 1832 por nobles tories y en el que, hasta el año pasado, Margareth Thatcher era la única mujer que podía presumir de ser miembro con pleno derecho, o el también londinense y todavía más antiguo y conservador White’s Club, en el que la idea de admitir la presencia de ladies sigue levantando ampollas entre sus socios, que llegan a serlo sólo tras ser propuestos por varios miembros en activo y aguardar estoicamente la lista de espera de no menos de nueve años que suele conllevar el ser admitido. Eso por no hablar, en aras de la elegancia, de las cifras de su cuota anual.

Gran Bretaña, y Londres sobre todo, es la cuna de los clubs privados. La ciudad los sigue sumando por docenas, ya sea consagrados a una determinada afición o para oficiar como un punto de reunión exclusivo para sus asociados, después de haber exportado el concepto al resto del mundo en los días de las colonias. Desde el Tanglin Club de Singapur, fundado en 1865, hasta el Imperial Delhi Gymkhana Club de Nueva Delhi, que borró lo de Imperial cuando la India obtuvo su independencia en 1947, o el Mount Kenya Safari Club, creado en 1959 por William Holden y decorado con las fotos de las muchas estrellas de Hollywood que rodaron cerca de los paisajes africanos de este hotel, hoy abierto a cualquiera pero que todavía conserva algunos beneficios extra para sus socios.

Aunque sigue habiendo infinidad de rancios clubs de los de antaño por todo el mundo, el concepto ha evolucionado, y muchos de los que hoy llevan este nombre son locales para socios e invitados en los que se baila hasta la madrugada, como Raffles, Tramp o Aura en Londres, los Pink Elephant de Nueva York o São Paulo, el Sky Bar del Shore Club de Miami, Volar en Hong Kong o el mítico Jimmy’z de Monte Carlo. Pero también muchos de los locales que en otros tiempos fueron de acceso rigurosamente restringido tomaron otros derroteros y hoy abren sus puertas al común de los mortales con, eso sí, generalmente una billetera sin muchas fisuras.

El 21 de Nueva York es uno de ellos, y uno de los que atesora una historia más divertida. Durante los días de la Prohibición dos estudiantes abrieron en Greenwich Village este local, entonces clandestino, en el que comenzaron a reunirse ricos y poderosos para celebrar ocasiones especiales. Para franquear su restrictiva puerta no había que ser miembro, sino únicamente ser alguien. Hasta tres veces cambió de sitio para no ser localizado por la policía antes de dar con su lugar definitivo en el 21 de West 52nd. Street. Desde entonces sigue siendo una institución de tal calibre que en sus salones incluso se han rodado escenas de Misterioso asesinato en Manhattan, Un día inolvidable, con Michelle Pfeiffer y George Clooney o, cómo no, Sexo en Nueva York.

Cuando en 1932 tomarse una copa dejó de ser pecado en la ciudad de los rascacielos, el 21 no sólo sobrevivió, sino que continuó siendo un hervidero de celebridades: desde Humphrey Bogart y Richard Nixon hasta Joe DiMaggio, incondicional de su Chicken Hash, o Aristóteles Onassis, a quien no había que tomarle nota ya que el archimillonario no quería otra cosa que la 21 Burger, que aún hoy figura como una de las estrellas de su carta. Reservar mesa en alguno de sus tres restaurantes es una buena forma de codearse con lo más in de la ciudad, que sigue fiel al local tanto por el mito como por la reputación de su cocina.

También uno de los hoteles con más glamour de Nueva York, el inspiradísimo Gramercy Park Hotel, atesora en su piso 16 otra particular versión de un club con su Private Roof Club and Garden. Se trata de un espectacular salón con terraza decorado con obras de Andy Warhol o Damien Hirst y todo el talento de su creador, Ian Schrager, que quiso imprimirle el sabor bohemio de un café vienés y el encanto de los clubs londinenses reservados a los gentlemen. Aquí, sin embargo, a través de su ascensor privado pueden acceder hombres y mujeres siempre que estén alojados en el hotel o sean miembros de este club en el que se puede disfrutar desde un brunch hasta un cóctel al atarceder, o simplemente de un encuentro con los amigos en la estilosa privacidad que despliega frente al skyline de Manhattan.

La idea es bastante parecida a la de los locales de distinto cariz que engloba el grupo Soho House, con tarifas y ventajas especiales para socios y zonas exclusivas a las que, cuando se trata de un hotel, pueden en ocasiones acceder los no miembros si están alojados en él. Porque además de hoteles suman restaurantes y clubs sociales con spa o instalaciones deportivas, junto a salones y áreas en las que cenar, tomar una copa, organizar una fiesta o celebrar un encuentro de trabajo. Y la idea parece que funciona, a la vista de las aperturas que tienen previstas para los próximos dos años en Londres, Miami, Chicago, Hollywood o Berlín, que vendrán a sumarse a los varios Soho House desperdigados por Inglaterra, y al espectacular local que tienen en Nueva York, con un bar con piscina en la azotea absolutamente insuperable.

Las alturas parecen ser buenas amigas de muchos locales a la última inspirados por el concepto del club. Prueba innegable es el restaurante Sirocco, de Bangkok, en la azotea del State Tower Lebua, al aire libre y a 63 pisos del suelo, con una vista de 360º. Sin constituir en realidad un club, los bares y restaurantes en lo alto de este rascacielos protegen el estatus y la intimidad de sus incondicionales a través de precios igualmente elevados, zonas exclusivas para eventos privados, un derecho de admisión que veta a quien no luzca un razonable estilo smart&casual o llegue cargado de bolsas tras una jornada de compras, e incluso con la prohibición absoluta de entrar con una cámara a determinadas áreas. En su Sky Bar sin embargo sí permiten hacer fotos, aunque ni la mejor imagen le hace justicia a la experiencia de, suspendido literalmente sobre el cielo de Bangkok, disfrutar a la caída del sol un cóctel mientras se van encendiendo a sus pies las luces de los rascacielos.

Y también en lo alto, de regreso al barrio más exclusivo de Londres, se camufla uno de sus secretos mejor guardados: The Roof Gardens. Propiedad del versátil Sir Richard Branson, este favorito de la gente guapa es un oasis germinado en la azotea de un edificio que esconde entre sus jardines un restaurante con muchos premios a su espalda y un night-club privado. Una reserva en el primero permite las noches del viernes y el sábado entrar al segundo, al que también, rellenando online un cuestionario un tanto inquisitivo, solicitar el acceso sin ser miembro y encomendarse a los dioses para que contesten con un “admitido”.


GUÍA PRÁCTICA

Carlton Club de Londres 
Uno de los clubs privados para caballeros con más tradición de Londres, recientemente abierto también a mujeres. Sólo se estudian las candidaturas tras haber sido recomendado por al menos un miembro. Su coste anual oscila entre 390 y 1.140 libras. Cuenta con salones, bar, restaurante e incluso alojamiento para sus socios, y ser miembro da derecho a utilizar los servicios de 133 clubs repartidos por 36 países, como el Travellers de París, el Amstel Club de Ámsterdam o, en España, el Circulo Ecuestre de Barcelona, la Sociedad Bilbaína y el Real Gran Peña Club (tel. 91 522 4613) o el Casino de Madrid.


El 21 de Nueva York
Un bar clandestino en los años de la Prohibición convertido hoy en una institución, con diez salas privadas y tres restaurantes en los que cualquier persona puede reservar para comer o cenar a la carta, o con menús fijos que oscilan entre los 24 y los 150 $. Precio de su famosa 21 Burger, 30 $. Se exige chaqueta para almorzar y también corbata para la cena.

Gramercy Park Hotel de Nueva York 
Hotel de diseño con el sello de Ian Schrager, con un espectacular salón de acceso exclusivo para sus huéspedes y socios, The Private Roof Club and Garden. Precio de la habitación doble, a partir de 315 €, y hasta 2.200 $ su mejor suite.

Soho House
Un personalísimo club de hoteles, restaurantes, bares y espacios con spa, instalaciones deportivas o salones sociales repartidos por Londres y sus alrededores y Nueva York, y con próximas aperturas en Berlín, Chicago, Hollywood y Miami. Los no miembros pueden reservar el alojamiento en sus hoteles y así acceder a las zonas exclusivas para socios que tenga cada uno. Es posible hacerse socio de un local concreto o de todo el grupo. El precio de esta última opción, que permite el acceso a todos ellos, es de 900 libras al año.

Sirocco de Bangkok
Es uno de los restaurantes más selectos de Bangkok y, en competencia directa con el Vertigo de la azotea del hotel Banyan Tree, el más espectacular; al aire libre sobre un rascacielos a 63 pisos del suelo, con también su Sky Bar para tomar un cóctel suspendido literalmente sobre el cielo de la ciudad. Un piso más arriba, su Flute Bar sirve copas de champán, y Distil, que oficia como lounge con DJ, en el que fumarse un habano, elegir entre ostras, caviar o langosta recién llegada del Atlántico, o pedir el mejor whisky de malta, que vendrá acompañado con una jarrita con agua traída desde Escocia. Lo alto de la cúpula, en el piso 67, suele destinarse exclusivamente a eventos privados. Aunque la entrada a los restaurantes y bares de este rascacielos está permitida a todo el mundo, el acceso se rige por un código de normas bastante estricto para preservar su ambiente de exclusividad. Un cóctel en el Sky Bar puede rondar los 15 €, y cenar en el Sirocco con un menú fijo, entre 75 y 100 € por persona, aunque por supuesto se puede ordenar a la carta.

The Roof Gardens de Londres
Cualquiera puede visitar estos alucinantes jardines en una azotea del mejor barrio de Londres o reservar una mesa en su restaurante Babylon, lo cual permite el acceso en las noches del viernes y el sábado al contiguo night-club privado del The Roof Gardens, un espejismo lleno de glamour ideado por Richard Branson. Los miembros del club tienen acceso garantizado y sin cola, descuentos en el Babylon, posibilidad de acceder con amigos que no sean socios o reservar mesas VIP. La cuota anual oscila entre 150 y 500 libras. Para acceder una noche al club sin ser socio también se puede rellenar un formulario online bastante personal y esperar la respuesta afirmativa con los dedos cruzados.

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