Hace unos días, Jacques y Gabriella de Mónaco acompañaron a sus padres a las celebraciones de Santa Devota, martirizada en el año 304 en Córcega y cuyo cuerpo fue mandado quemar. Un grupo de cristianos logró huir con él para darle sepultura. Durante el viaje, la barca en la que viajaban sufrió una tormenta durante la cual una paloma salió del cuerpo de la santa, guiando la embarcación hasta un lugar seguro en Mónaco, donde se encuentra la iglesia dedicada en su honor.
Es una de las grandes citas del año para la familia Principesca que se vuelca con su patrona en Puerto Hércules para quemar la barca. En esta ocasión, junto a los príncipes Alberto y Charlene y sus hijos, estaba una chica pelirroja, miembro de la extensa familia Grimaldi. Se trata de Christine Knecht de Massy, de 25 años, la mayor de las cuatro hijas de Sébastien Knecht de Massy, nieto de la princesa Antonieta, la querida hermana del príncipe Rainiero.
Las nuevas generaciones de los Massy siguen estando muy cerca del soberano y es habitual verles en el Día Nacional o en estas celebraciones de la patrona. Christine es abogada y hasta los 12 años vivió en Mónaco, al igual que sus hermanas Vittoria y Alexia acudió al Instituto Fraçois d'Assise-Nicolas Barré del Principado, el mismo en el que están matriculados Jacques y Gabriella. Después se mudó a Sudáfrica con su familia, y luego estuvo en un internado en Reino Unido, regresó a Sudáfrica, vivió en Países Bajos y ahora está de vuelta en Mónaco. "Uno de mis primeros recuerdos de infancia fue cuando empecé en la guardería. La profesora tenía que identificarnos, así que teníamos que llevar nuestros nombres, todavía lo recuerdo muy vivamente". "Otro fuerte recuerdo es que un día nos dejaron comer tanta comida basura como quisiéramos en el mercado navideño de Mónaco y hacer lo que quisiéramos, ha contado en el medio Living in Monaco.
Cuando tocó el momento de elegir su futuro profesional, Christine se decantó por estudiar administración de empresas y economía, pero luego se inclinó por Derecho Europeo "porque me fascinaba". Muy inquieta, en marzo de 2025 fundó Final Stop LVM, una firma con sede en Mónaco que ofrece servicios administrativos personalizados para empresas, figuras públicas y creadores digitales que operan en un entorno cada vez más globalizado. Sus servicios van desde contratos, propiedad intelectual y evaluación de riesgos para proteger los intereses de sus clientes.









