Carlota Casiraghi (39), hija de Carolina de Mónaco y el fallecido Stefano Casiraghi -el pasado 3 de octubre se cumplieron 35 años de su trágico accidente- está a punto de vivir uno de los grandes hitos y momentos de su vida. Como apasionada de las letras, la hija mediana del matrimonio presenta su primera novela en solitario el próximo 29 de enero: La fêlure, traducido al castellano, La grieta (o fisura). Se trata de uno de sus proyectos más ambiciosos y especiales. "Debe verse como un viaje, una serie de variaciones sobre un mismo tema", adelantaban desde de la editorial, subrayando que, en sus páginas, encontraremos "el motivo recurrente de una idea fija: si algo en nosotros está roto, mucho mejor". Poco más ha trascendido acerca del contenido de sus páginas, pero pronto tendremos la respuesta.
Con motivo del lanzamiento de La fêlureCarlota ha dado una entrevista en la revista Elle en la que ha hablado sobre temas que no suelen ocupar los titulares que la conciernen. Sobre la maternidad, afirma: "Es una carga emocional y física enorme. Muchas mujeres se sienten divididas, vigiladas e incluso culpables si trabajan demasiado o reclaman un espacio propio. Cualquier madre que trabaje conoce la sensación de estar constantemente cuestionada, preocupándose por lo que sucede en casa de una manera que, normalmente, no es igual en el caso de los hombres", ha expresado.
Carlota tiene dos varones: Raphaël Elmaleh (nacido en 2013), fruto de su relación con el actor francés Gad Elmaleh; y Balthazar Rassam (nacido en 2018), hijo del productor de cine Dimitri Rassam. Ambos suelen hacer acto de presencia junto a su madre en diversos eventos reales en Mónaco. "Hoy existen muchas prescripciones sobre lo que significa ser una buena madre, pero la realidad es siempre más compleja y depende de la historia de cada mujer. La maternidad supone un cambio radical que, todavía hoy, nos afecta de manera desigual", ha dicho a la revista.
"Aunque los cambios legislativos son positivos y la implicación de los hombres es mayor, persiste una herencia profunda: durante siglos, el cuidado y la devoción familiar han recaído casi exclusivamente en nosotras. La literatura y la filosofía pueden ayudarnos a salir de una mirada moralista y a aceptar que reconocer nuestras zonas frágiles es una forma de verdad, y quizá el primer paso hacia una mirada más justa y compasiva", ha concluido para Elle.
Las lecturas que la inspiran
Junto a la hípica y la moda, la literatura es una de las mayores pasiones de Carlota. También la filosofía, grado que cursó en una de las universidades más prestigiosas del mundo: la Sorbona de París, licenciándose en 2007. Entre sus grandes clásicos están mujeres francesas de las letras, como Colette o Simone de Beauvoir, pero también Charles Baudelaire. "Me acompaña desde la adolescencia; aún conservo aquel ejemplar lleno de anotaciones", dice a Elle sobre Las flores del mal, una de sus obras más notorias. "Con él aprendí que lo roto puede ser una apertura hacia la verdad y la belleza". Enumera, para la revista, otras lecturas que cambiaron su perspectiva del mundo: Cartas a un joven poeta, de Rilke, "otro libro decisivo"; y Y Adiós a todo eso, de Robert Graves, pues lo leyó "con 15 años y transformó mi visión de la guerra".
Sobre La fêlure, admite: "Quería explorar esa tensión entre lo que nos rompe y lo que, al mismo tiempo, se convierte en punto de entrada para la creación. Todos tenemos grietas, y sin ellas no hay relato. No se trata de glorificar el sufrimiento, sino de reconocer que, a veces, las heridas abren posibilidades de transformación". La obra se plantea, así, como una investigación -increíblemente sensible- centrada en "la noción de grietas" (de ahí el nombre elegido), estando "nutrida por los textos y destinos de escritores, poetas y aventureros", entre los que se encuentran F. Scott Fitzgerald -fuente de gran inspiración para la Princesa-, Anna Akhmatova, Bernard Moitessier, Ingeborg Bachmann, la ya mencionada Colette y Marguerite Duras, entre otros. En La fêlure, Casiraghi "examina este punto de fuga interior que nos amenaza y, quizás a la vez, nos ofrece una gran oportunidad: captar un poco de lo que fluye a través de nosotros mientras vivimos".













