Las monarquías del mundo pueden parecer distintas entre sí, pues bien es cierto que entre ellas existen notables diferencias, aunque con rasgos en común que dibujan una realidad latente. Un claro ejemplo es la estricta educación recibida por los pequeños George, Charlotte y Louis de Gales frente al perfil más flexible de James Wessex y lady Louise Windsor. En el otro lado del globo nos encontramos con tres protagonistas en una situación similar, aunque con responsabilidades que se complementan: las primas pertenecientes a la dinastía hachemita viven vidas distintas con compromisos que las definen, unidas por un estrecho lazo familiar e inquietudes compartidas. Mientras la princesa Jalila gana protagonismo en el ámbito cultural, la presencia militar de la princesa Salma contrasta con la discreción que caracteriza a la princesa Iman que poco a poco se están convirtiendo en un habitual de la casa reinante.
Una nueva generación de princesas
Dentro de cada monarquía hay rostros que, a pesar de pertenecer a otra rama de la dinastía reinante, están destinadas a convertirse en las damas que reflejan el poder de la propia Corona. Ese es el caso de la princesa Jalila, quien firma un constante protagonismo dentro de la Corte Real Hachemita, mientras que la princesa Iman combina los actos institucionales más relevantes con la maternidad que se ha convertido en su seña. Frente a esto está la joven Salma, quien parece estar volcada de lleno con la defensa, así como con un papel institucional que va en aumento de la mano de su padre, el rey Abdalá, pues ya son varias las ocasiones en las que se ha convertido en protagonista de algunos de los actos más relevantes de la monarquía, como las visitas de Estado a Indonesia y China, reflejando que, a pesar de no formar parte de la línea de sucesión al trono —debido a la ley que impide que las mujeres puedan reinar—, su postura va desvelando que su futuro podría estar enlazado a la propia corona reinante. Un interesante ejemplo de cómo tres princesas de la misma dinastía pueden desarrollar perfiles públicos completamente diferentes. Jalila bint Ali —sobrina del rey Abdalá—, Iman y Salma comparten lazos de sangre, pero sus apariciones se enmarcan en un contexto completamente diferente.
Las tres princesas de la dinastía hachemita tienen perfiles muy distintos, pero todas contribuyen, a su manera, a la imagen y al papel de la monarquía jordana. La princesa Jalila, hija del príncipe Ali bin Hussein y Rym Ali, se relaciona especialmente con el mundo de la cultura, el cine y los proyectos sociales, con una presencia vinculada al Festival Internacional de Cine de Amán y a iniciativas dirigidas a los jóvenes. La princesa Iman, hija de los reyes Abdalá II y Rania, mantiene un perfil más discreto y una agenda pública limitada, con interés por el diseño y la creatividad, ámbitos desde los que también contribuye a dar visibilidad a la cultura jordana. Por su parte, la princesa Salma ha seguido un camino diferente, marcado por su formación militar y su experiencia como piloto de las Fuerzas Armadas, lo que la convierte en una figura destacada por su compromiso con el servicio al país y su participación en actividades oficiales y de cooperación internacional junto a su padre, el rey Abdalá II.
Y es que, Jalila, Iman y Salma representan tres formas diferentes de formar parte de la monarquía jordana. Aunque las dos últimas son hijas de los reyes Abdalá II y Rania, Jalila pertenece a otra rama de la familia real, algo que puede influir en sus oportunidades y responsabilidades públicas. Sin embargo, sus diferencias también tienen que ver con sus propios intereses y trayectorias, y no hay motivos suficientes para pensar que respondan a una estrategia común de la Casa Real. Mientras Jalila se acerca al mundo de la cultura y el deporte, Iman mantiene una presencia más discreta y vinculada a la creatividad, y Salma destaca por su formación militar y su labor institucional. Un momento en el que, la nueva generación real de Jordania traza su propio camino, demostrando así que pertenecer a una misma familia real no es sinónimo de tener un mismo papel.







