Zara Tindall, de 45 años, ha concedido una entrevista poco habitual en el pódcast Talk Horse para anunciar que participará en el concurso de prueba completa del Concurso Hípico Internacional de Londres este próximo mes de diciembre. La hija de la princesa Ana invitó a los presentadores del programa, Pippa Funnell y Tristan Phipps, a su finca de Gatcombe Park para grabar un episodio en el que charlaron sobre su pasión por los caballos, la relación con sus padres y cómo se comporta su hija Mia, de 12 años.
La nieta de Isabel II confesó que haber tenido la suerte de "crecer entre caballos desde muy pequeña" marcó su carrera profesional. Se trata de una afición que también está inculcando a su hija Mia, a quien le encanta llevar a montar. Entre risas, relató una anécdota reciente con la preadolescente tras un gesto con bastante guasa: "El otro día llevé a Mia a hacer unos saltos con dos de sus primas. Le dije algo como "¡Venga, hacia mí!" y va y me pone los ojos en blanco mientras soltaba un "Buf". Le dije: "Pero si les he dicho exactamente lo mismo a las demás y no me han puesto esa cara"", destaca la hija de la princesa Ana. "Supongo que yo sería exactamente igual con mis padres a su edad, seguro que ellos te lo confirman", añadió la madre de tres hijos.
Durante sus años de formación, Zara tuvo una supervisora implacable en las caballerizas: "La jefa de cuadra de mis padres por aquel entonces era como un rottweiler", recordó. "Teníamos que encargarnos de todo: limpiar los aparejos, limpiar las cuadras... Y si no lo hacíamos, la teníamos buena". No obstante, quiso matizar rápidamente: "Aun así era fantástica... Nos puso firmes para que aprendiéramos la disciplina que exige cuidar de los caballos". Su padre, Mark Phillips, tampoco se quedaba atrás en cuanto a exigencia, tanto en su infancia como a lo largo de su trayectoria deportiva: "Era rarísimo sacarle un "Bueno, no ha estado mal". Como entrenador era durísimo... Yo intento no ser tan exigente con mis hijos".
El episodio arrancó con una toma falsa cuando la presentadora se refirió a ella como Zara Phillips, aunque corrigió el apellido al instante. La metedura de pata desató las carcajadas de los tres. Zara y Pippa también se tomaron a guasa el hecho de que en el club donde entrenaban juntas hubiera una plaza de aparcamiento reservada exclusivamente para "la princesa", la cual terminaban utilizando ambas. Resulta irónico teniendo en cuenta que la princesa Ana decidió en su día no concederle ningún título nobiliario a su hija para que pudiera criar a sus descendientes con la mayor normalidad posible.







