Este 22 de enero se cumplen 125 años del fallecimiento de la reina Victoria, una soberana que marcó un antes y un después en la realeza moderna, ya que durante su reinado (63 años y 216 días, el más largo hasta que llegó su tataranieta, la reina Isabel II) se consolidó la idea del monarca constitucional: ella tenía muy pocos poderes pero mucha influencia. Soberana desde los 18 años, la reina Victoria se convirtió en un símbolo de la gran época de expansión industrial, progreso económico y, sobre todo, del Imperio Británico, llegando a reinar sobre una cuarta parte del planeta. Ella entendió como nadie el poder de la calle, de la multitud y el espectáculo. 20 claves para reconocer a la que reina que moldeó a la realeza británica actual y también extendió su linaje hasta convertirse en la "abuela de Europa".
Reina por descarte y la opresión del 'Sistema Kensington'
1. Victoria nació en el Palacio de Kensington, Londres, el 24 de mayo de 1819. Era hija única de Eduardo, duque de Kent, cuarto hijo del rey Jorge III. Su padre falleció poco después de su nacimiento y ella se convirtió en heredera al trono, ya que los tres tíos que la precedieron en la sucesión —Jorge IV, Federico, duque de York, y Guillermo IV— no tuvieron hijos legítimos que sobrevivieran. Así que fue una cadena de casualidades dinásticas la que le convirtieron en heredera al trono y finalmente reina por descarte.
2. Se crio en el Palacio de Kensington y fue educada por su institutriz, la baronesa Lehzen, quien le enseñó idiomas, aritmética, dibujo y música. Su madre viuda (Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, de nacionalidad alemana y duquesa de Kent) se sentía sola y dependía completamente de John Conroy, un oficial del ejército británico que ejerció de administrador tras la muerte del duque de Kent que ha pasado a la historia como un hombre obsesionado con el poder.
3. Su infancia, alejada de otros niños, y su adolescencia, calificada de "melancólica", estuvo dominada por las estrictas reglas del "Sistema Kensington". Un programa diseñado por su madre y el propio Conroy con el fin de moldearla para tener una mayor influencia sobre ella de la que podría tener la familia paterna, es decir, la realeza británica. Una forma de enfrentarla a su tío y convertirla en una rival en lugar de una heredera. Sin embargo, desde bien temprano, la princesa dio muestras de no ser nada manipulable.
4. Educada en casa, tenía talento para el dibujo y la pintura, llegando a ser una artista aficionada bastante buena y escribió diarios de durante toda su vida, algunos extractos llegaron a ser publicados convirtiéndose en un testimonio de enorme valor histórico. Algunos biógrafos han apuntado que fue ese sistema opresivo ideado sin éxito para poder influir en ella, lo que le hizo empezar a escribir de forma compulsiva, ya que, entre otras cosas, estaba prohibido que se quedara a solas en ningún momento.
5. Se convirtió en reina con solo 18 años recién cumplidos -lo que evito una temida regencia- el 20 de junio de 1837, cando tu tío, el rey Guillermo IV murió sin descendencia legítima a los 71 años de edad. Gracia a su diario se supo que fue su madre la que le despertó a las 6 de la mañana para contarle que era reina. Su primera petición fue pasar una hora a solas, algo que hasta entonces le había sido negado.
Ella entendió como nadie que las celebraciones reales se tenían que vivir en la calle
6. En el imaginario colectivo, existe la imagen de una reina Victoria mayor y vestida de negro. La explicación es sencilla: la fotografía empezó a ser viable y a popularizarse, también entre las clases dominantes, cuando ella ya era una mujer adulta. Sin embargo, el momento íntimo en el que se le comunicó que se había convertido en reina con el último aliento de su tío, se encuentra recreado en numerosas pinturas.
7. La reina Victoria entendió antes que nadie que las celebraciones reales debían vivirse en la calle y compartirse con el pueblo, un modelo que los Windsor siguen explotando hoy. Su coronación -cinco horas de ceremonia, procesiones interminables y multitudes desbordadas- marcó el camino en junio de 1983. Una versión, muy extendida y menos ensayada, de la que celebró Carlos III en 2023.
8. Su boda con su primo, el príncipe Alberto, en 1840, también combinó pasión y conveniencia. Esa relación ha pasado a la historia como un amor verdadero y visceral, pero que también encajaba a la perfección en la diplomacia dinástica de la época. No en vano, Alberto era sobrino del rey Leopoldo I de Bélgica, quien organizó el primer encuentro entre los primos antes de que ella fuera reina. La reina Victoria no fue la primera mujer de la realeza que se casó vestida de blanco, pero sí la que lo popularizo dentro y fuera de los palacios, igual que muchas de las tradiciones nupciales que se mantienen a día de hoy.
9. En la primera parte de su reinado, recibió la influencia de dos hombres: su primer Primer Ministro, Lord Melbourne, y luego su marido, el príncipe Alberto. Ambos hombres le enseñaron mucho sobre cómo ser gobernante en una "monarquía constitucional", en la que el monarca tenía muy pocos poderes, pero podía ejercer mucha influencia.
10. Entre 1840 y 1857, la reina Victoria y el príncipe Alberto tuvieron nueve hijos. Ambos estaban de acuerdo en que un matrimonio real también era una alianza estratégica y que sus hijos un activo político de primer orden, así que todos emparentaron con casas reales de Alemania, Rusia, Dinamarca, Prusia, Hesse, Argyll, Battenberg y Schleswig-Holstein, tejiendo una red dinástica que cubrió toda Europa y permitió que su descendencia ocupara tronos por todo el continente, por eso, ha pasado a la historia como la "abuela de Europa".
Un puente entre la reina íntima y la reina espectáculo
11. Formaron un buen equipo, la reina Victoria y el príncipe Alberto crearon una monarquía muy visible que frenó cualquier intento de oposición política. Ella se convirtió en mecenas de 150 instituciones, incluyendo docenas de organizaciones benéficas, mientras que su marido apoyó el desarrollo la cultura y la creación de museos. También se dejaban ver en ciudades industriales y apoyaban a las fuerzas armadas. Un trabajo con el que desarrollaron las líneas maestras de lo que es hoy en día una monarquía parlamentaria en Europa.
12. Aunque se estaba formando la idea del monarca por encima de la política, es decir, el que reina pero no gobierna, la reina Victoria tenía inclinaciones políticas que no siempre eran neutrales y expresaba sus opiniones "muy enérgicamente" en privado, así lo consideran los propios archivos de la Casa Real británica. Era conservadora en muchos aspectos -se oponía al voto femenino-, pero luego apoyaba medidas sociales relacionadas con vivienda, educación y sanidad.
13. El príncipe Alberto falleció con solo 42 años en 1861 y la reina Victoria entró en una profunda depresión. "Perderlo es como perder la mitad del cuerpo y del alma", "Nada se hacía sin su amoroso consejo y ayuda", "Me siento sola en el mundo", "Es como la muerte en vida": estas son algunas de las frases con la que la reina Victoria explicaba al tío de su marido, Leopoldo I, como se sentía. Durante el resto de su reinado vistió de negro y vivió recluida hasta que sus consejeros le advirtieron de que su ausencia estaba provocando un resurgimiento de movimientos republicanos, así que se sumó en persona a la inauguración del Parlamento en 1866, un acto que ahora se considera clave en la agenda anual del monarca.
14. Entre 1840 y 1882, la reina Victoria se enfrentó a siete atentados. Su actitud valiente ante estos ataques fortaleció enormemente su popularidad y creó escuela dentro de la propia realeza británica. Quizá sea Isabel II, de entre las cabezas coronadas de su dinastía, la que mejor encarne ese espíritu estoico e impasible que impuso a los suyos. Nunca quejarse, nunca dar explicaciones y nunca dar un paso atrás.
15. La reina Victoria no solo fue reina: en 1876 se convirtió en Emperatriz de la India, el título que la transformó en el rostro visible de un imperio que abarcaba territorios en todos los continentes. Sus jubileos -de Oro (1887) y de Diamante (1897)- se celebraron como auténticas fiestas imperiales, con delegaciones, regalos y homenajes llegados desde cada rincón del Imperio británico. Bajo su figura, la monarquía británica dejó de ser doméstica para convertirse en un símbolo global, el inicio de lo que luego se convertiría en una de las marcas más potentes del Reino Unido.
16. Durante la Guerra de los Bóeres, conflictos armados que tuvieron lugar en Sudáfrica entre el Imperio británico y los colonos de origen neerlandés, la reina Victoria dejó una frase que resume la mentalidad imperial de su época: "No nos interesan las posibilidades de la derrota; simplemente no existen". Una declaración de fe absoluta en el Imperio británico, pronunciada por una reina que ya era más mito que persona.
17. La reina Victoria falleció en Osborne House, en la Isla de Wight, el 22 de enero de 1901, tras un reinado de casi 64 años, el más largo de la historia británica en aquel entonces. Su hijo, Eduardo VII, la sucedió.
18. Ella misma ordenó construir su propio mausoleo, el Frogmore Royal Mausoleum, un proyecto íntimo y personal concebido para descansar eternamente junto a su marido, el príncipe Alberto. Lo supervisó en vida con una devoción casi ritual, como si preparara el último capítulo de su historia compartida. Sobre la puerta del mausoleo están inscritas las palabras de Victoria: "Adiós, mi amado. Aquí, por fin, descansaré contigo; contigo, en Cristo, resucitaré".
19. La figura de la Victoria sigue dominando el paisaje simbólico británico: su estatua preside justo a la entrada del Castillo de Windsor y el Victoria Memorial -esa montaña de mármol blanco justo en frente al mítico balcón del Palacio de Buckingham- la representa como la encarnación de un imperio que ya no existe. Esos dos tributos son los más reconocibles, pero se extienden por todo el Reino Unido.
20. Carlos III y el príncipe Guillermo son herederos de un modelo que la reina Victoria inventó: la monarquía pública, ritual y emocional. La familia real actual sigue usando muchos de los símbolos, ceremonias y hasta los espacios que ella creó para convertir a los Windsor en una institución moderna. Su sombra sigue marcando el reinado de hoy.













