Un siglo atrás, dos figuras influyentes del norte de Inglaterra, provenientes de linajes distintos, pero movidas por una misma urgencia social, unieron esfuerzos para impulsar la investigación contra el cáncer, una enfermedad de la que entonces se sabía muy poco y cuya detección temprana se promovió por primera vez desde el visionario proyecto que estos aristócratas iniciaron. Un propósito conjunto para encontrar una cura al mal que, en 2024, por cosas del destino, dio un vuelco a las vidas de sus descendientes, el rey Carlos III y la princesa de Gales, sacudiendo en el proceso los cimientos de la Familia Real británica.
Kate Middleton y el rey Carlos III, unidos por dos antepasados que lucharon contra el cáncer
Henry Lascelles era un aristócrata con un enorme peso en la vida pública británica y, aunque su biografía no ha trascendido como las de otros miembros de la realeza, esta es determinante para entender los lazos que unen a las familias de Kate Middleton y el príncipe Guillermo más allá del matrimonio, y mucho antes del mismo. En 2025, Lascelles estaba emparentado con los Windsor tras casarse con la princesa Mary, hija de Jorge V y María de Teck, y ese año asumió la presidencia inaugural de Yorkshire Cancer Research (YCR), una organización completamente nueva con la misión de cambiar el rumbo del diagnóstico y el tratamiento oncológico en el Reino Unido. A su lado, estaba Charles Lupton, reputado jurista y filántropo, que ocupó la vicepresidencia fundacional de la entidad. Aquí empieza la historia.
Hermano del tatarabuelo de Kate Middleton, Charles Lupton defendía un enfoque del tratamiento oncológico adelantado a su tiempo, que consistía no solo en aliviar el dolor, sino, primordialmente, en evitar que la enfermedad avanzara sin ser detectada; ahora, por supuesto, sabemos que esta última cuestión es clave para la supervivencia de las víctimas del cáncer. La organización reunió el respaldo de otras 16 personalidades destacadas de la región, consolidándose desde sus primeros años como un movimiento social ambicioso que no conocía precedentes.
Apenas dos años después de su creación, en 1927, YCR activó una muestra itinerante dedicada a la concienciación sobre el cáncer, diseñada para educar a la población sobre los peligros de la enfermedad y promover su detección precoz, un concepto que entonces apenas empezaba a abrirse paso en la medicina moderna. Ese mismo año, Leeds, la principal ciudad del condado de Yorkshire, se convirtió en el epicentro de otro avance crucial: la apertura de un centro de investigación que terminaría figurando entre los más relevantes del país. Fue allí donde el compromiso filantrópico del proyecto se tradujo en un impacto científico real, marcando un antes y un después para la investigación médica.
La fortuna de Henry Lascelles, heredada del II marqués de Clanricarde en 1947, lo situaba entre los hombres más acaudalados de Reino Unido. Sin embargo, gran parte de ese patrimonio se canalizó hacia iniciativas de bienestar colectivo; entre ellas, la financiación de Yorkshire Cancer Research. En 1965, la reina Isabel II, su sobrina política, asumió la presidencia de la organización, cargo que mantuvo durante casi seis décadas, hasta que falleció en 2022. Su implicación reforzó el prestigio de la entidad y dejó claro que el apoyo al progreso científico era un valor persistente en la familia Windsor. Lo que no podíamos prever es que uno de sus nuevos integrantes, la mismísima Princesa de Gales, llevase también en la sangre este compromiso vital.
Un experto en genealogía descubre esta conexión
Curiosamente, este capítulo compartido entre los antepasados de los Windsor y los Middleton no fue desvelado en Inglaterra, sino por un historiador australiano, Micheal Reed, especializado en genealogías reales. Mientras investigaba el pasado de ambas familias, en 2025, detectó la coincidencia histórica al revisar los actos del centenario de la mencionada organización benéfica, que había homenajeado a sus 18 fundadores originales en esta fecha.
Después de hacer pública la conexión, el historiador reflexionó sobre el impacto emocional de este descubrimiento para los descendientes de estos dos aristócratas y filántropos. Dice que es improbable que el rey Carlos III y Kate Middleton conocieran el papel que sus antepasados jugaron en esta causa médica, pero saberlo ahora, tras recibir ambos un diagnóstico oncológico en 2024, otorga a esta coincidencia una nueva dimensión de significado.
Hoy, el compromiso del soberano y de su nuera continúa, aunque en escenarios diferentes. Carlos III es presidente honorífico de Cancer Research UK, una de las organizaciones globales más influyentes en investigación oncológica, mientras que la princesa de Gales asumió un rol similar en un hospital especializado donde recibió tratamiento hace menos de dos años. Sus responsabilidades suponen la prolongación de un legado que, por mera casualidad o, quizás, obra del destino, cruzó sus caminos un siglo más tarde.









