Isabel II, duque de Edimburgo y Michael Oswald

Compartían la pasión por la equitación

Doble golpe para Isabel II: el mismo día que enterró a su marido falleció uno de sus grandes amigos

Michael Oswald era su Asesor Nacional de Carreras y fiel miembro del personal desde 1970

por Raquel Barahona

El pasado sábado 17 de abril fue un día horribilis para la reina Isabel II. No solo dio el último adiós al que fue su leal compañero de vida durante 73 años, sino que también lamentaba la muerte de alguien muy ligado a la Familia Real. Ese mismo día fallecía Michael Oswald a los 86 años tras sufrir durante un largo período una enfermedad, según informaba el diario The Times. Durante sus años de servicio en Palacio, tuvo un papel clave en la Institución ya que fue el Asesor Nacional de Carreras de la monarca desde el año 2003, en los que, su principal función era la de velar por los intereses de la familia durante las carreras a las que acudían y apostaban y, asimismo, era exgerente de Royal Studs, donde se encargaba personalmente de los sementales de la Casa Real británica. Michael también trabajó para la Reina Madre durante casi 30 años y hasta el día de su fallecimiento en 2002, cuando, gracias a la amistad que concibieron, comenzó a estar al servicio de Isabel II un año más tarde. 

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La pasión de Michael Oswald por las actividades ecuestres y las carreras de caballos hizo que se creara un fuerte vínculo con las mujeres más importantes de la Institución, junto a quienes hemos podido verle a lo largo de sus años al servicio de la Casa Real, disfrutar de jornadas en el hipódromo. En las imágenes se hace evidente el gozo que sentía hacia su profesión y la buena relación que mantenía con todos los miembros de la Familia Real, tal y como confirmaba su mujer, Lady Angela. "Siempre dijo que tenía el trabajo más maravilloso que alguien podría haber tenido y que durante toda su vida laboral estaba haciendo lo que hubiera hecho si hubiera sido un hombre rico que no tuviera que trabajar", aseguraba. En su momento, Nicky Henderson, entrenador de caballos para los saltos reales, confesó al Racing Post que "incluso jubilado, Michael iría absolutamente a cualquier parte para ver correr a los caballos de Su Majestad, inclusive a sus ochenta años". 

Tal fue su sólida relación con la Casa Real británica que en la lista de honores de año nuevo de 2020 fue nombrado Caballero de la Gran Cruz de la Real Orden Victoriana que reconoce el servicio personal ofrecido a la monarca. También fue obsequiado con otras insignias correspondientes a dicha orden dinástica como la de Caballero Comandante en 1998, la de Comandante en 1988 y la de Teniente en 1979. Estos emblemas demuestran que su amistad no solo se consolidó con la actual monarca del Reino Unido, Isabel II, sino que su madre también quiso condecorar su excelente labor en el asesoramiento ecuestre. El agente experto en caballos, David Minton, confesaba, haciendo un tributo al duque de Edimburgo que: "Al igual que el príncipe Felipe, era una de esas personas que disfrutaba hablando con todo el mundo. Era increíble y uno de los hombres más agradables y encantadores que puedas conocer"

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Una afición arraigada en Palacio

La pasión por la equitación en la Familia Real pasa de generación en generación. No solo son unos grandes aficionados a participar en las carreras de caballos, como la reconocida Royal Ascot, sino que muchos de sus miembros han practicado la hípica desde una muy temprana edad. Recientemente, los duques de Cambridge confirmaban que sus hijos, los príncipes George, Charlotte y Louis, habían empezado a recibir sus primeras clases de equitación siguiendo la tradición de los Windsor. Su padre, el príncipe Guillermo, ya montaba a caballo con tan solo 4 años y bajo la atenta mirada de la princesa Diana. La princesa Ana es, sin duda, una gran fanática del mundo ecuestre. De hecho, compitió en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976 y se convirtió en patrocinadora de la organización benéfica Riding for the disabled con tan solo 19 años. Su hija, Zara Tindall, ha seguido sus pasos y debutó en los juegos de Londres, en 2012, obteniendo la medalla de plata en la categoría de hípica. La propia Reina, a sus 94 años, paseaba sobre un poni por los jardines del castillo de Windsor durante los meses de confinamiento, demostrando que mantiene una estupenda forma física y que su pasión por estos animales sigue intacta. 

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