Felipe de Edimburgo

Felipe de Edimburgo cumple 99 años, así es el príncipe de espíritu de acero y corazón de oro

El marido de la reina Isabel II ha sido un invencible jugador de polo, experto piloto de vuelo y, en los últimos años, amante de las carreras de carruajes

por Natasha Hornsby

Para sus nietos, el príncipe Philip (Felipe de Edimburgo) es toda "una leyenda", para la Reina es su único y verdadero amor y para la nación, la fuerza detrás del trono. Una generación más joven lo considera el caballero de más alto rango, solo un paso detrás de su majestad en las bodas. En sus tiempos de gloria, el marido de Isabel II, un hombre de ojos brillantes y andar altivo, tenía un gran club de fans. El Duque de Edimburgo, retirado desde el verano de 2017, cumple 99 años este 10 de junio.

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Si Guillermo y Harry nos han sorprendido con sus heroicas hazañas al volar en helicóptero o viajar en motocicleta, no debemos perder de vista que ese espíritu intrépido es en gran parte herencia del abuelo, quien además era invencible jugador de polo, una práctica que requiere gran habilidad e implica velocidad, riesgo y gusto por la adrenalina. Cuando cumplió 50 años, decidió colgar el mazo para dedicarse a las carreras de carruajes, un deporte un poco más seguro, pero técnicamente muy exigente.

Otra de sus pasiones era volar. Acumuló 5.986 horas y pilotó de 59 tipos de aviones durante 44 años. Una divertida foto tomada en 1953 muestra al Duque al mando de un avión que  sobrevuela el castillo de Windsor. Es fácil imaginarlo llamando a 'Lilibet', como cariñosamente llama a la reina Isabel, para que levantara su vista al cielo y le enviara un dulce saludo.

Cuando la pareja se casó el 20 de noviembre de 1947, las mujeres de la nación cayeron rendidas ante el Príncipe, que siempre sabía arrancarle una sonrisa a la Princesa con su agudo ingenio. Sus dos metros de altura, profundos ojos azules e incombustible vitalidad, lo hacían parecer, ni más ni menos, que un príncipe de cuento. Su madre era la princesa Alicia de Battenberg, bisnieta de la reina Victoria, y su padre, el príncipe Andrés de Grecia. El "adonis" de pelo dorado tenía una herencia de sangre azul.

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Unos días antes de la ceremonia, el rey Jorge ofreció un baile en el Palacio de Buckingham, en el que condujo a sus invitados, formando una línea de conga, por los salones de estado. A Felipe de Edimburgo se le encomendó la tarea de entregar los regalos a las damas de honor de su prometida; cada una recibió una polvera compacta de plata, grabada con una corona de oro y las iniciales de los novios, además de llevar incrustaciones de zafiros. En su típica actitud desenfadada, "repartió tales obsequios como si fueran naipes", relató lady Elizabeth Longman, una de las damas de honor. 

El uniforme que portó el día de su boda era mucho más que un traje de gala. El joven príncipe se había formado en el Colegio Naval de Dartmouth, donde en 1939 su mentor y tío Lord Mountbatten le pidió que mostrara los alrededores a los Reyes, así como a sus hijas, las princesas Isabel y Margarita. La institutriz real Marion Crawford señaló que la joven de 13 años, llamada a convetirse en Reina, no podía apartar los ojos de él.

La vida convulsa de Alicia de Battenberg, madre de Felipe de Edimburgo, más allá de 'The Crown'

El servicio del duque de Edimburgo en tiempos de guerra con la Marina Británica lo llevó al océano Índico y al Mediterráneo. Recibió una mención de honor en los despachos y se convirtió, a los 21 años, en uno de los tenientes más jóvenes de la Marina Real. En esta categoría fue segundo al mando del Destroyer HMS Wallace.

La muerte del rey Jorge puso fin a su prometedora carrera naval, a la que renunció para apoyar a su esposa en su nuevo papel como jefa del Estado. Durante la fastuosa coronación, el Duque logró aligerar la solemne atmósfera, como siempre ha hecho, con una broma acerca de la corona de Isabel II: "¿De dónde has sacado ese sombrero?"

Después de la ceremonia, Isabel ll y el Príncipe dieron la vuelta al mundo, acercándose tanto a sus pueblos como a los aliados extranjeros. Se estima que en Australia tres cuartas partes de la población han visto a la pareja real en escenas de júbilo que solo se repitieron cuando los recién casados Carlos y Diana de Gales los visitaron y, más recientemente, durante la gira de luna de miel que hicieron el príncipe Harry y Meghan.

El matrimonio de la Reina y el Príncipe ha sido largo y feliz en la historia de la realeza. Cuando están entre amigos, aún se sienten libres de actuar como los novios que alguna vez fueron y son felices de mostrarse un afecto sólido y duradero. Una vez, cuando la pareja se alojaba en casa de su prima Patricia Brabourne, la hija de Lord Mountbatten, su marido John dijo a Felipe: "No había reparado en lo encantadora que es su piel ". "Sí", respondió Philip, "todo en ella es así".

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Sin embargo, a pesar de su título real, la vida no siempre ha sido fácil para el príncipe Felipe.  Así lo vemos en la exitosa serie The Crown, donde Matt Smith interpreta al joven príncipe logrando una mezcla perfecta entre arrojo y vulnerabilidad. "El Duque nació siendo el príncipe de Grecia. Su abuelo fue asesinado. Su padre fue juzgado. La familia se exilió cuando él aún era muy pequeño", explica el escritor real Gyles Brandeth. "Su hermana favorita y su familia murieron en un accidente de avión. Antes de que cumpliera diez años, sus padres se separaron. Su madre terminó en un asilo y su padre, en el sur de Francia. Durante muchos años, fueron contadas las ocasiones en que pudo verlos."

Una infancia difícil

Su vida transcurrió entre trasladados con parientes y escuelas de París y Alemania, antes de terminar en Gordonstoun, Escocia, instruido por el renombrado educador germano-judío Kurt Hahn, que fomentó tanto sus habilidades deportivas como intelectuales. Es un gran lector y pensador, cualidades que ha transmitido al príncipe Carlos. El estilo de vida itinerante de su familia también lo hizo resistente y adaptable, dos valiosas habilidades que le han permitido interactuar con facilidad y soltura ante el mundo. Detrás de ese exterior que en ocasiones puede parecer un tanto áspero hay un corazón de oro, aseguran quienes lo conocen bien. "El príncipe Philip es una persona más sensible de lo que usted apreciaría", dijo su prima Patricia. "Tuvo una infancia difícil y su vida le obligó a tener un exterior duro para poder sobrevivir".

Él es la roca sobre la que se construyó la Familia Real. Cuando sus nietos estaban de luto por su madre, la princesa Diana, fue él quien les dio consuelo, mientras el príncipe Carlos se reunía con sus hermanas para supervisar los preparativos del funeral. En una muestra de solidaridad, caminó junto a Guillermo y Harry mientras brindaban sus últimos respetos a su querida madre, tal como lo había hecho en el pasado por los muchos miembros de la familia que había perdido. "Si yo camino, ¿caminarás conmigo?" les preguntó con un gesto de clara empatía por el dolor que estaban sintiendo.

En sus bodas de plata, la Reina dijo en un discurso: "Si me preguntan qué pienso de la vida familiar después de 25 años de matrimonio, puedo responder con sencillez y convicción, estoy a favor". Veinticinco años más tarde describiría así a su marido: "él es simplemente mi fuerza y mi apoyo".

Para su familia, ellos son un modelo de relación. "Me encantaría saber su secreto", ha dicho Guillermo. "Creo que es fantástico. Con regularidad les pregunto cómo lo han logrado, porque son la pareja más encantadora. Tal vez, como en los mejores matrimonios, probablemente no haya ningún secreto, excepto que él todavía la hace sentir como aquella impetuosa adolescente fascinada por él.

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