La infanta Sofía ha dejado por unos días Portugal, donde está estudiando la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en el Forward College de Lisboa para desplazarse hasta la localidad madrileña de Boadilla del Monte para participar en su segundo acto oficial en solitario. En el día del cumpleaños de Felipe VI, su hija menor ha conocido las nuevas instalaciones del centro de cría y adiestramiento de la Fundación ONCE, donde se adiestran perros que harán de guías para personas invidentes o con dificultades de visión.
En el día en que su padre cumple 58 años, la Infanta ha acudido a este centro donde desde el punto de vista de la comunicación no verbal ha derrochado ternura, implicación personal y algo de timidez. Así lo considera José Louis Martín-Ovejero, experto en comunicación no verbal. "Grita ternura en su rostro con su expresividad facial al mirar a alguien que no vemos, pero en quien confía porque le comparte sus sentimientos y expresa mucha emoción".
En esta aparición, Sofía no ha hablado casi "no pregunta ni intercambia ideas u opiniones, sino que simplemente... escucha. Practica bien lo que yo denomino 'el olvidado arte de escuchar", destaca Marín Ovejero. También destaca este especialista su timidez con "posturas contraídas, ocupando poco espacio con su cuerpo. No tiene posturas expansivas propias de quien se cree o busca el protagonismo".
La infanta Sofía ha estado también de lo más atenta, "no veo que se despiste ni un instante de lo que se cuenta y de los movimientos de los perros que juguetean a su alrededor", a la vez que destaca su implicación personal. "Se agacha, se acerca a los cachorros, les acaricia... El cuerpo no está nunca en una posición de fuga, sino que se dirige hacia la persona que la da las explicaciones o a los perritos, está disfrutando del momento", concluye.








