Iñaki Urdangarin (Zumárraga, Guipuzkoa, 1968) necesitaba compartir su historia, lo que le ha traído hasta aquí, para cerrar definitivamente una etapa de su vida que generó mucho dolor y "desgarró" a su familia. El resultado es Todo lo vivido, que publicará el 12 de febrero la editorial Grijalbo. Un libro muy esperado que nos ha llevado a Vitoria, donde nos ha abierto la puerta a su vida y a su intimidad para hablar del pasado, del presente, del tiempo que no pasó con sus hijos y de sus nuevas ilusiones.
Se muestra en esta entrevista vulnerable e imperfecto, con sus debilidades y fortalezas, mientras mira, entre recuerdos, hacia nuevos horizontes. Dejó el rencor en prisión para poder seguir con su vida. Y esta es su historia. "No es perfecta. No pretende ser ejemplar. Pero es sincera". "Me casé por amor, tuve cuatro hijos maravillosos, formé parte de la Familia Real, viví entre palacios, recepciones y despachos, en un mundo muy alejado de las canchas de entrenamiento o del amado pueblo de mi infancia (Viladrau, Girona). Y luego cometí errores. Me equivoqué, y esas decisiones me llevaron a perderlo todo. Fui juzgado, condenado y pasé más de mil días y mil noches en prisión. No hay forma suave de decirlo. Fue así".
"Cometí errores. Me equivoqué, y esas decisiones me llevaron a perderlo todo. Fui juzgado, condenado y pasé más de mil días y mil noches en prisión. No hay forma suave de decirlo. Fue así"
—Todo lo vivido no es un ajuste de cuentas. Es una búsqueda de sentido", dices
Es mi historia, la verdad con la que puedo mirar a mis hijos a los ojos, y nace de una suma de circunstancias. Muchas personas de mi entorno me animaron a que diese la versión de mi vida, a que cogiera la sartén por el mango para explicarla y hablaran mis hechos. Uno de mis hijos también insistió bastante. La idea es poner fin a una etapa pasada y emprender otra con 58 años recién cumplidos... Quiero dar a conocer al Iñaki persona que hay detrás de los distintos personajes que ha tenido y que no siempre coinciden con la realidad, y seguir el camino de mi vida, nada más que eso.
—¿Fue determinante que Miguel te animara a contar tu historia?
Me lo dijo varias veces. Es una persona que me anima siempre. Era: "Papá, tu historia tiene que ser contada. Tienes que escribir un libro. Todo el mundo lo dice, cuando se te conoce, todo es diferente". Y sembró la semilla.
—¿Tus hijos han leído el libro?
Mis hijos leyeron la versión preliminar, las galeradas, y lo más importante de todo es que ninguno se sintió incómodo con lo que he escrito de ellos, pues era una forma de rendirles el homenaje que se merecían. Al revés. Me han agradecido las palabras que les dedico —"Papá, me has clavado"— y me han dicho que está muy bien. Ahora pueden valorar la realidad de los hechos. Les cambié la vida por completo y quiero que lo que viví tenga un retorno positivo. Que encuentren en estas páginas un gesto de gratitud por su fortaleza silenciosa, por su amor incondicional.
"Me inspiran"
—La verdad es que los pones por las nubes, ¿qué destacarías de cada uno de ellos?
Me inspiran y, como digo en el libro, no puedo estar más orgulloso de los cuatro. Me gusta cómo se tratan y cómo tratan a los demás. Juan, el mayor, es cariñoso, buena persona y lleva un niño dentro. Fue el gran pilar emocional de su madre y de sus hermanos cuando ingresé en prisión. Es todo comprensión, excepcional, siempre piensa en los demás. Pablo, el segundo, es un talento —ahora soy el padre de un deportista de élite— y una persona extraordinaria, muy sensible y con mucha vida interior. Tiene una personalidad casi genial y estoy seguro de que conseguirá lo que se proponga. Miguel, el tercero, tiene un superpoder, el de "la intuición", y un don, la comunicación. Lo analiza todo, se explica de maravilla — siempre da en la diana—, tiene pasión por la naturaleza y un alma aventurera, casi guerrera.
—Pero quien te "fascina" es Irene, dices en Todo lo vivido.
Por lo que ha conseguido. Debido a su dislexia, tuvo dificultades de aprendizaje desde bien pequeña, pero no la ha frenado ningún techo. Ni siquiera la situación que vivió siendo una adolescente: mi entrada en prisión y nuestro divorcio. Es una joven increíble, muy sensible, muy social, solidaria, casi de forma instintiva, porque su prioridad es que los demás estén bien, y siempre tiene un plan en el bolsillo.
—Hay algo irrefutable. Preguntes a quien preguntes, la respuesta siempre es la misma: "Iñaki es un padrazo".
Estoy convencido de que todos intentamos hacerlo lo mejor posible. Estar con ellos es lo que más me gusta y valoro cada minuto que me regalan. Estuve siete años sin trabajar, en casa, y no perderme un minuto con mis hijos fue el regalo más grande en el peor momento de mi vida. No sé qué hubiese pasado sin su apoyo. Siempre hay brotes verdes, siempre hay que ver la parte buena. La cárcel, por ejemplo, me hizo mejor padre. Descubrí que mis hijos no necesitaban un padre perfecto, sino un padre presente que los escuche y los acompañe cuando lo necesitan. Lo que no pudo ser durante ese tiempo perdido, que me sigue doliendo mucho.
"Les cambié la vida por completo y quiero que lo que viví tenga un retorno positivo. Que mis hijos encuentren en este libro un gesto de gratitud por su fortaleza silenciosa, por su amor incondicional"
"Ir a una cárcel de mujeres se consideró un privilegio, pero para mí fue un doble castigo. No conocía la soledad y fue un infierno. Sentí pánico y lloré de desesperación durante tres meses"
"Uma pena inmensa "
—¿Qué recuerdas del momento en el que recibiste la sentencia?
Jarro de agua fría, tristeza e incomprensión.
—¿Cómo fueron aquellos últimos cinco días de libertad?
Los vivimos con una pena inmensa. Grabé en mi mente todo lo que pasó esos días porque sabía que no volvería a darse en mucho tiempo. El partido de fútbol con mis hijos en el jardín, el último baño compartido, cada abrazo, cada caricia. Tenía que dejar todo organizado con Cristina e insistir en lo esencial: prometer que todo iría bien y que, si ellos estaban bien, yo también lo estaría. Tenían que seguir con su vida.
"La cárcel me hizo mejor persona y mejor padre. Descubrí que mis hijos no necesitaban un padre perfecto, sino un padre presente. Lo que no pudo ser durante ese tiempo perdido, que me sigue doliendo mucho"
—¿Miguel fue el único que tuvo la intuición de que ya nada sería igual?
Supongo que necesitaba seguridad, que le daba miedo lo que iba a pasar y con ese sexto sentido, una mezcla de análisis e intuición preguntó: "¿Va a cambiar algo entre mamá y tú?".
—Te sigues emocionando.
Claro. Tanto que sí. Son momentos duros que marcan la vida.
—Dices que todavía te tiembla el pulso cuando piensas en lo que viviste en Brieva.
Es un recuerdo que, gracias a Dios, se va reduciendo en el tiempo y en mi historia. Ir a una cárcel de mujeres se consideró un privilegio, pero para mí fue un doble castigo. Se pensó que era lo mejor a nivel de seguridad, pero para una persona como yo, que no conocía la soledad, fue un infierno. Una prisión dentro de otra —la falta de libertad y de comunicación—, con la conciencia como única compañía. Sentí pánico y lloré de desesperación durante tres meses. Con el tiempo, pude examinar lo sucedido e ir superando fases: aceptación, gestión del rencor y empezar a estudiar. Además de la lectura, la escritura, las llamadas (diez por semana), las visitas contadas, las cartas que recibía, hacer un curso de bienestar emocional en la escuela INESEM, seguido de un máster de Psicología de Coaching en la UNED, lo cambió todo. Ahora, con el paso del tiempo, puedo hablar de la cárcel con normalidad, aunque no deja de ser como abrir una cicatriz. Me dolerá más o menos, pero es otra parte vital. La prisión también me ha hecho mejor persona. Cuando mis hijos leyeron esta parte me dijeron: "Vaya, papá". Ya, pero es que es así. Es que fue un castigo enorme.
Las cartas más impactantes
—¿Sigues teniendo relación con esas personas anónimas que te escribían cartas?
A uno sí que le he visto y le sigo escribiendo semanalmente. Y a otra la voy a ver en breve. Guardo las cartas más impactantes y las de las personas que más me escribieron y puede que algún día haga algo con ellas.
—¿Qué resumen harías de todo lo que pasó?
Siempre admití que si existieron errores administrativos, se quisieron subsanar, pero nunca se nos permitió. Hubo una condena desproporcionada y ejemplarizante. La justicia, en mi caso, no funcionó y no fue igual para todos. En resumidas cuentas, esto es lo que viví.
"Antes de ingresar en prisión, grabé en mi mente todo lo que pasó en el partido de fútbol en el jardín, el último baño compartido, cada abrazo, cada caricia"
—¿Cuáles fueron los errores?
No tener el control absoluto de todo lo que llevaba mi firma y delegar mal. No haber puesto gente de mi absoluta confianza que velara por hacer bien todo. No supervisar o confiar demasiado en otros. Estaba atrapado, más bien deslumbrado, por un estilo de vida que nunca había sido el mío. Intenté demostrar que mi trabajo había sido honesto, que no hubo voluntad de delinquir, pero no pude. Con otro apellido, nada de esto hubiera pasado. Pero ya está aceptado, subsanado y lo que pretendo es mirar hacia adelante con las lecciones aprendidas y mucho más fuerte.
—El Rey Juan Carlos dice en su libro, Reconciliación, que sospecha que "por ser yerno del Rey, pagaste un precio más alto", ¿lo has leído?
De momento no, pero algún día lo leeré, sí.
—¿Cuándo descubriste que ya no podrías volver a tu antigua vida?
Un tiempo después de comenzar el tercer grado. Vivía una mezcla de alegría y de tristeza porque me invadió otro tipo de soledad. La exterior. Tenía todo el cariño de mi familia, pero sentía un vacío, un desarraigo. Cuando pude empezar a viajar a Ginebra, vi que todo el mundo tenía su vida, que es normal. Los chicos ya no estaban en casa, había dos fuera y el tercero también se iba; solo quedaba Irene, y yo sin encontrar mi sitio todavía. Me sentía un visitante ocasional. Fueron mil días los de Brieva, los siete años de la instrucción y no sé dónde pondría el comienzo y el final de la reinserción. Es difícil. Mi vida se detuvo y la de los demás continuó.
"Siempre estaré agradecido a Cristina por todo, por cómo sostuvo a nuestra familia y por cómo estuvo a mi lado, pero el infierno que vivimos, lo que sufrimos, acabó con nuestra vida de pareja"
"El infierno que vivimos"
—La relación que teníais pudo con todo, pero no con esta última parte.
Fueron años muy duros y la llama se fue apagando. Nos habíamos convertido en dos buenos amigos unidos por nuestros cuatro maravillosos hijos. Siempre estaré agradecido a Cristina por todo, por cómo sostuvo a nuestra familia y por cómo estuvo a mi lado, pero el infierno que vivimos, lo que sufrimos, acabó con nuestra vida de pareja.
—Se dio por hecho que a doña Cristina la cogió por sorpresa tu nueva relación, pero dices que ya habíais hablado. Entonces, la pregunta es: ¿estaba tomada la decisión de separarse?
Habíamos hablado de nuestra situación, pero faltaban conversaciones para saber cómo nos sentíamos cada uno y tomar las mejores decisiones. No hubo tiempo. Las fotos que se publicaron (destapando su nueva relación) dinamitaron todo. Podríamos haberlo solucionado de otra forma, pero tuvo que ser bajo el foco mediático. No estoy orgulloso de ese episodio. Fue demasiado doloroso para todos. Por mucho que yo tuviera razones para emprender una nueva vida, no era la manera. Pedí perdón y hubo un perdón, como digo en el libro. Luego continuamos hablando y vimos que el divorcio era la mejor opción.
"Nos tenemos un gran afecto, nos preocupamos el uno por el otro e intentamos apoyarnos no solo como padres, sino como amigos. Cristina es una persona a quien quiero y respeto y una parte importantísima de mi vida"
—Qué dirías de tu relación actual con doña Cristina?
Nos tenemos un gran afecto, nos preocupamos el uno por el otro e intentamos apoyarnos no solo como padres, sino como amigos. Es una persona a quien quiero y respeto y una parte importantísima de mi vida.
—¿Sigues teniendo con la infanta el whatsapp familiar?
Sí, sí. Y todo se habla. Lo comentamos todo ahí.
—¿Cómo fue el impacto de la separación en tu familia?
La conversación que tuve con mis hijos y doña Cristina fue la misma que tuve con mi madre y mis hermanos. Quería que entendieran mi situación, aunque no la aceptaran, que me apoyaran en un trayecto dificilísimo, y lo hicieron.
La vida sigue
—Y con la Familia Real y del Rey, ¿sigues teniendo una buena relación?
Es lo mismo que le pasa a Cristina con mi familia. La siguen queriendo muchísimo. Cambia la energía de la relación, pero el afecto, lo vivido, no tiene por qué ser un borrón y cuenta nueva. Es así. Son personas a las que quiero y que estarán ahí siempre. Les deseo lo mejor. Nos felicitamos los cumpleaños, las fiestas y hablamos de vez en cuando para contarnos cómo estamos. Hay una historia que no se puede olvidar, pero la vida sigue.
—Acaba de fallecer la princesa Irene, ¿has hablado con la familia?
Sí, claro. No me puedo imaginar el impacto para la Reina Sofía. Estaban viviendo una situación difícil con su enfermedad, pero el vacío, que tu compañera de vida se te vaya, debe ser terrible. Yo le tenía mucho cariño. Siempre te preguntaba cómo estabas, por tus cosas. "Tía Pecu" era peculiar. Una segunda doña Sofía, la de la sombra. Era fuerte, muy cariñosa, culta, melómana y para todo tenía su opinión. Tenía ojo, un sentido crítico muy potente, opinión propia y una gran visión global. Era una persona con enorme rasgo humanitario. Muy especial.
"Las fotos que se publicaron (destapando su nueva relación) dinamitaron todo. Podríamos haberlo solucionado de otra forma. No estoy orgulloso de ese episodio. Fue demasiado doloroso para todos"
—Volvamos a Vitoria. Encuentras trabajo en Imaz & Asociados y conoces a Ainhoa.
Aunque mi autoestima estaba por el suelo, necesitaba ilusionarme de nuevo, poner en práctica todo lo estudiado y vivido al servicio de personas, directivos o deportistas, que necesitasen un acompañamiento humano en su vida. Volver a empezar de cero, pero con una energía renovada. Ahí conocí a Ainhoa. Fue inesperado y reparador al mismo tiempo. Su cariño y su comprensión me ayudaron a retomar el camino.
—Hablas de ella maravillas.
Compartimos todo, hablamos muchísimo y disfrutamos de una vida sencilla. Lo digo en Todo lo vivido, es una parte esencial de mi felicidad. Lo que tenemos creo que es potente. Ahora, quiero vivir el presente y sigo buscando mi equilibrio en todos los sentidos. Aunque parezca que no, me queda un poquito todavía, y de momento estoy centrado en Bevolutive.
"Pablo, el segundo, es un talento —ahora soy el padre de un deportista de élite— y una persona extraordinaria, muy sensible y con mucha vida interior. Tiene una personalidad casi genial y conseguirá lo que se proponga"
Oficina en Barcelona
—Pero te va bien, ¿no? Estás abriendo otra oficina en Barcelona y escribiendo un segundo libro.
Lo que estamos haciendo es ayudar a publicar un libro de trabajo sobre Tierno Diallo, un gimnasta olímpico español, que nació en Guinea Conakry y tuvo unos comienzos dificilísimos. Es un crac, un ejemplo de superación y una figura con la que podemos mostrar a los jóvenes desde Bevolutive la importancia del entrenamiento mental, entre otras cosas. En cuanto a lo de la oficina, sí hemos abierto una en Barcelona, desde donde trabajamos todo el equipo. Tengo una ilusión enorme y una dedicación máxima en este proyecto, que espero sea el camino de mi futuro.
"Miguel, el tercero, tiene un superpoder, el de “la intuición”, y un don, la comunicación. Lo analiza todo, se explica de maravilla —siempre da en la diana—, tiene pasión por la naturaleza y un alma aventurera, casi guerrera"
—¿En qué consiste exactamente tu trabajo?
En acompañar a deportistas, directivos y personas en su evolución en su día a día. Somos un grupo de profesionales que ponemos nuestra experiencia y conocimiento al servicio de personas y equipos en momentos de cambio, superación o fijación de nuevos retos. Siempre con un ADN deportivo. Guiamos a jóvenes promesas, deportistas de alto nivel y en transición para que puedan afrontar cualquier reto; a líderes y emprendedores ante desafíos reales y decisiones clave. A padres que no siempre saben cómo acompañar a sus hijos deportistas… Y también ayudamos a personas que han dejado la actividad profesional siendo todavía jóvenes a diseñar su siguiente etapa vital.
—Dices que llevas una vida casi monástica
Ordenada. Madrugo.
"Juan, el mayor, es cariñoso, buena persona y lleva un niño dentro. Fue el gran pilar emocional de su madre y de sus hermanos cuando ingresé en prisión. Es todo comprensión, excepcional, siempre piensa en los demás"
—Un resumen de cómo es un buen día.
Me levanto a las seis, desayuno y, cuando mi pareja se va a trabajar, me voy a hacer deporte. Normalmente me siento en el despacho de nueve hasta que acabe la jornada. De viaje, el día es diferente.
—¿Haces deporte todos los días?
Casi todos. Hay días que hago un poco de rutina de gimnasio —fuerza o cardio—, algo de natación a la hora de comer cuando puedo, HIIT y, a veces, también hago yoga en casa. Los fines de semana, naturaleza o ciclismo. Nos encanta. El deporte es mi ADN y me da la energía necesaria para todo lo demás.
Entre los dos
—¿Quién cocina? ¿Quién se ocupa de la casa?
Bueno, lo hacemos entre los dos, pero, principalmente, por división del trabajo, a mí me toca más la cocina.
—¿Y qué platos se te dan bien?
Intentamos seguir una dieta saludable: legumbres, verduras, proteína, etcétera.
"Irene me fascina por lo que ha conseguido. Es una joven increíble, muy sensible, muy social, solidaria, casi de forma instintiva, porque su prioridad es que los demás estén bien, y siempre tiene un plan en el bolsillo"
—Cuando vienen a verte tus hijos, ¿qué te piden?
Depende. Saben que en el norte se come bien y disfrutan de todas sus opciones.
—¿Y qué hacéis cuando estáis juntos?
Ellos saben que conmigo es sota, caballo, rey. Partidos de tenis, de pádel, salidas al monte, acampadas, y comidas con sus primos y su abuela.
"Necesitaba ilusionarme de nuevo, volver a empezar de cero… Ahí conocí a Ainhoa. Fue inesperado y reparador al mismo tiempo. Su cariño y su comprensión me ayudaron a retomar el camino"
"Compartimos todo, hablamos muchísimo y disfrutamos de una vida sencilla. Es una parte esencial de mi felicidad. Lo que tenemos creo que es potente"
—Dices de tu madre que la quieres "como a nadie en el mundo".
No me planteo comparaciones con mis hijos. No puedo estarle más agradecido por todo lo que me ha dado. Es la persona que más me ha apoyado en todas las etapas. El amor materno es único. Es un sexto sentido en todo. No hay nadie que te conozca mejor. Mi madre es un referente, lo ha hecho todo bien y eso es un legado que me encanta que vivan mis hijos.
—Es una superabuela. ¿Cuántos nietos tiene?
Veinticinco nietos y once bisnietos. En verano cumplió 90 años. Éramos 70.
—¿Dónde lo celebrasteis?
En Viladrau. Es un refugio maravilloso. Allí, de niño, fui feliz, entre naturaleza, deporte, motos y amigos.
—¿Qué significa Vitoria para ti?
Vitoria es mi ciudad. Viví dos años maravillosos, entre los 16 y los 18, fue mi trampolín para saltar al balonmano y ahora es mi plataforma para arrancar de nuevo después de todo lo vivido. Me da tranquilidad, seguridad y me ayuda. Sí, tiene un poco de raíz. Mis hermanos también han ido volviendo. Ya somos cinco.
"Sé que haber cumplido condena no borra de un plumazo el juicio social, pero también creo que todas las personas merecemos nuevas oportunidades"
—En las 289 páginas de tu libro expones 18 aprendizajes fundamentales. ¿Puedes compartir uno?
Quizá sea un aprendizaje muy vinculado a la vida que me ha tocado, pero creo que hay que ser auténtico, sincero y honesto. Quitarnos filtros, máscaras y dejar de intentar ir de héroes por la vida. Me encantaría que al menos mis hijos tuvieran esto muy claro. También que no somos perfectos, que la vulnerabilidad está bien y nos podemos equivocar.
—¿Un adjetivo para calificar al anterior Iñaki?
Desnaturalizado.
"Estoy centrado en Bevolutive y hemos abierto una oficina en Barcelona, desde donde trabajamos todo el equipo. Tengo una ilusión enorme con este proyecto y espero sea el camino de mi futuro"
—¿Y al nuevo?
Intento ser el mejor padre, el mejor hijo, la mejor pareja, el mejor amigo, y me sigo formando para ser un mejor profesional. Y lo que quiero es tener una vida normal y que la gente pueda conocerme de verdad. Nadie imagina lo que significa para mí recibir cada vez más apoyo o unas palabras de ánimo. Sé que haber cumplido condena no borra de un plumazo el juicio social, pero también creo que todas las personas merecemos nuevas oportunidades.
—¿Vuelves a soñar a lo grande?
Soñar en nuestro proyecto, sí. Intento fluir en él. Me encanta lo que hago. Me encanta mi equipo. En lo personal, disfruto de mi vida en Vitoria, de la buena sintonía con mis hijos, de mis amigos y pareja, de mi madre, mis hermanos. He aprendido que menos es más. A veces, solo cuando lo has perdido todo, descubres quién eres en realidad.


































