Irene de Grecia falleció el pasado 15 de enero a los 83 años y lo hizo sin descendencia directa, pero habiendo dejado una huella muy profunda en las nuevas generaciones de su familia, tanto en la griega como la española. La propia princesa contó como disfrutó con la llegada de los hijos de la reina Sofía y el rey Constantino, como los vio crecer y compartió con ellos, el día a día, las vacaciones en Grecia y en Mallorca. El vacío que ha dejado en sus ocho sobrinos y los diecisiete hijos de estos -sobrinos nietos- es evidente y especialmente significativo en el caso de Nicolás de Grecia e Irene Urdangarin, que lleva su nombre y que le inspiró en otras facetas y en un legado que sigue vivo.
Su rostro a la salida de la Catedral de Atenas lo decía todo, ella era la primera en seguir el féretro con los restos mortales de la princesa Irene, un gesto que viene a hablar de la relación que tuvieron en vida. Tras ella caminaba el príncipe Arístides de Grecia, el quinto hijo de los príncipes Pablo y Marie Chantal, y Victoria de Marichalar, hija de la infanta Elena, todos portando las condecoraciones que le pertenecían a Irene, como princesa de Grecia y Dinamarca, una tradición arraigada en los funerales de la realeza.
Irene Urdangarin, cabizbaja y sin poder retener las lágrimas, contemplaba firme como el féretro era cubierto por las coronas de flores, con las cintas de la realeza griega y española, antes de que el coche partiera entre aplausos a los terrenos de Tatoi, donde reposan sus restos mortales junto a sus padres, los reyes Pablo y Federica, y su hermano mayor, el rey Constantino, un lugar con una fuerte carga simbólica para ellos.
La infanta Cristina adoraba su tía y le rindió tributo en el año 2005 poniéndole su nombre a su única hija, Irene Urdangarin, aunque para esto la princesa Irene también fue modesta y explicó en sus charlas con su biógrafa, Eva Celada, que se sintió orgullosa, aunque no fuera por ella, recordando que ese nombre significaba paz en griego. Tampoco hay que olvidar que una de las hermanas de Pablo de Grecia también se llamaba Irene, la que contrajo matrimonio con Aimón de Saboya, duque de Aosta.
Las conexiones entre ambas son evidentes, ya que la princesa Irene centró su labor humanitaria en Asia, sobre todo en la India y Vietnam, mientras, mientras que la hija de la infanta Cristina se trasladó en 2024 a Camboya con la ONG español Sauce y a las órdenes del jesuita Kike Figaredo, para una labor humanitaria con las víctimas de minas antipersona con la que ya había colaborado su hermano mayor, Juan Urdangarin.
También visiblemente apenado se ha visto a Nicolás de Grecia, la que se marchaba no solo era su tía, también era su madrina de bautismo y por él hizo un último gran esfuerzo. Hace menos de un año, la princesa Irene se desplazó, junto a la reina Sofía y la infanta Cristina, a Atenas para estar a su lado en su segunda boda, la que tuvo lugar en el templo más antiguo de la ciudad con Chrysi Vardinogiannis. Esa fue la última aparición pública de la princesa Irene que, como hemos sabido después de su muerte, comenzó a apagarse poco a poco a partir de este pasado verano.











