Irene de Grecia, hermana de la reina Sofía, tía de Felipe VI y tía abuela de la princesa de Asturias, nació en 1942, siendo la hija pequeña de los que serían a partir de 1947 los reyes de Grecia, Pablo I y Federica de Hannover. Aunque lo que más se conoce es su parentesco con sus "primos" Margarita de Dinamarca, Felipe de Edimburgo o Ernesto de Hannover, lo cierto es que su árbol genealógico la sitúa en el nudo central de las familias reales más significativas de Europa. La princesa Irene era realeza por los cuatro costados, antes o después, emparentó de modo directo con los jefes de las casas reales de España, Bélgica, Bulgaria, Reino Unido, Rumanía, Yugoslavia, Rusia, Luxemburgo, Suecia, Alemania, Dinamarca, Noruega y Países Bajos.
Los ocho bisabuelos de la princesa Irene eran de origen germano y su sangre era danesa, rusa y alemana por parte de padre, y alemana y danesa por parte de madre. Teniendo en cuanta que el grueso (hay excepciones) de la realeza de Europa desciende de las uniones propiciadas entre de Christian IX de Dinamarca y Victoria I del Reino Unido, solo hay que escoger un soberano al azar y es fácil encontrar su conexión con la princesa Irene.
Su estirpe solo se puede comprender recordando el contexto histórico en el que fue fundada la actual dinastía griega por Jorge I, que era el segundo hijo del que con el tiempo sería el rey Christian IX de Dinamarca, más conocido como el abuelo de Europa. Fue el Parlamento griego el que ofreció la corona del país a este príncipe danés, bisabuelo de Irene, siguiendo el consejo británico y con el fin de dar estabilidad a una región tras la independencia griega de los turcos. Una maniobra política que ya se había intentado con anterioridad con otra dinastía extranjera, la Casa de Baviera, algo que no salió bien.
El bisabuelo de la princesa Irene, Jorge I, primer rey de su dinastía, fue entronizado en 1863 y eligió el que sería el lema del escudo de la Casa Real Griega: 'Mi fuerza es el amor del pueblo'. Así comenzó la nueva dinastía griega que, en honor a sus orígenes, añadiría el título de príncipes de Dinamarca a su denominación helénica.
Los padres de la princesa Irene, Pablo y Federica de Grecia, eran además primos segundos, ya que ambos eran bisnietos de una figura clave en la monarquía europea, el rey Christian IX de Dinamarca, apodado el abuelo (o el suegro) de Europa porque tuvo un gran éxito dinástico al casar a sus seis hijos con miembros de la realeza y consiguiendo que cuatro de ellos (ya sea como monarcas o como consortes) ocuparan los tronos de Dinamarca, Grecia, el Reino Unido y Rusia. Por esta capacidad para los matrimonios "ventajosos", su figura se compara con la de su prima tercera, la reina británica, Victoria I, con la que cuentan que intentó casarse y que también consiguió que sus nueve hijos y la mayoría de sus nietos se casaran con otros miembros de la realeza (o nobleza) de Europa.
Hay que recordar que es precisamente la reina Victoria, que gobernó el Reino Unido durante 63 años y expandió enormemente el Imperio británico, el parentesco más cercano entre la reina Sofía, hermana de la princesa Irene, y su marido, el rey Juan Carlos I. La bisabuela (por parte de madre) de la reina Sofía, el rey Constantino y la princesa Irene era la hija mayor de la reina Victoria, que fue emperatriz consorte de Alemania; mientras que la bisabuela (por parte de padre) del rey Juan Carlos era la hija pequeña de la reina Victoria, Beatriz, que se casó con el príncipe alemán Enrique de Battenberg.










