Hubo un tiempo, cuando su juventud se mezcló con el exilio, en el que la princesa Irene de Grecia sufrió soledad, desarraigo y algo de melancolía. Su vida cambió mucho en poco tiempo: su inseparable compañera, la reina Sofía, se casó y se marchó a España, después falleció su padre, el rey Pablo de Grecia, y la situación se endureció del todo con la caída de la monarquía y un exilio que, lejos de ser temporal, se alargó para siempre. Con el tiempo la princesa Irene descubrió que ayudando a los demás uno se consuela a sí mismo, por eso fundó su propia organización y se dedicó in situ a labores humanitarias, sobre todo en Asia, que fueron ampliamente reconocidas. Sin embargo, mucho antes de eso, la princesa griega encontró otra vía de escape: la música, en donde llegó a ser una concertista que actuó en Europa y en Estados Unidos.
'¿Qué más tienes si lo pierdes todo? Al final nos queda la música y la fe'
Según la reina Federica, la princesa Irene heredó las grandes dotes pianísticas de su padre, el rey Pablo, que nunca tuvo demasiado tiempo para cultivarlas. La música estaba muy presente en la casa y era una pasión familiar compartida, ya que tanto la princesa Irene como la reina Sofía tocaban el piano, aunque esta lo dejó después de su boda con don Juan Carlos. La princesa Irene siguió con la afición, ya que pronto descubrió que le sanaba el espíritu. "¿Qué más tienes si lo pierdes todo? Yo he perdido bastantes cosas a lo largo de mi vida, pero sé que al final nos queda la música y la fe", explicaba la princesa durante una entrevista. "Empecé tarde a tocar el piano, con 19 años, y aunque hice conciertos, no tenía suficiente preparación para ser profesional. Algunas personas que me quieren dicen que lo hago bien, pero me costó mucho esfuerzo dar conciertos. Tenía que ensayar ocho horas al día, si quería hacer buena música. Cuando empiezas a tocar el piano el tiempo ya no existe, no te das cuenta de que pasan las horas. Por otra parte, la dedicación plena a la música me ayudó mucho, fue muy beneficiosa para mí", explicaba.
A lo largo de su vida, la princesa Irene tuvo varias profesoras destacadas, entre ellas, Gina Bachauer, una pianista clásica griega que es muy reconocida, y Nadia Boulanger, responsable del entrenamiento musical de algunos de los más grandes compositores del siglo XX. Así, la princesa griega se convirtió en una concertista que giró en Estados Unidos y Europa, aunque por modestia siempre rechazó la idea de que se refirieran a ella como "concertista profesional". Entre las muchas actuaciones que hizo, el 16 de junio de 1969 debutó en el Royal Festival Hall de Londres, entre el público estaba el rey Carlos III, entonces príncipe de Gales, y su tío y mentor, Louis Mountbatten, hermano de Alicia de Battenberg que fue esposa de Andrés de Grecia y madre del príncipe Felipe, duque de Edimburgo, marido de Isabel II y padre de Carlos III.
'No hemos venido a ver a un republicano, hemos venido a ver a un genio de la música'
Quizá la anécdota más conocida en torno a la afición de la princesa Irene, compartida por su hermana, la reina Sofía, es la que sucedió en 1982 en Bilbao. El compositor griego Mikis Theodorakis puso en escena Canto General, sobre textos del poeta chileno Pablo Neruda, y entre el público estuvieron la reina Sofía y la princesa Irene, que habían organizado su visita con la mayor discreción posible conocedora de que su presencia iba a resultar complicada en términos de seguridad y controvertida, ya que Theodorakis, además de un gran compositor, había sido político en Grecia.
"Cuando yo era joven y vivía en Grecia, Theodorakis era un tabú para nosotros, porque era comunista, y no podíamos ir a sus conciertos. Y yo me vine a España sin haberle visto ni oído en persona. Mis hermanos tampoco. Sin embargo, nos gustaba su música y deseábamos verle, oírle en algún recital", explicó la reina Sofía a la periodista Pilar Urbano para el libro La Reina, donde contó que el rey Juan Carlos se encargó de organizar la visita. "El lehendakari Ardanza salió a recibirnos. Y recuerdo que dijo: 'Señora, ¿cómo es que viene a ver a un republicano?' Yo le contesté: 'No hemos venido a ver a un republicano: hemos venido a ver a un genio de la música'", explicó la reina Sofía sobre una actuación musical que parece que fue importante para las dos hermanas, ya que ambas hablaron de este momento en sus memorias.
Mikis Theodorakis -que también sufrió el exilio, después de estar encarcelado, por oponerse a la misma junta militar que dio el golpe de Estado que terminó con la monarquía en Grecia- recibió a las hermanas en el camerino al terminar el concierto. "Theodorakis, grande como una torre, nos esperaba de pie, con los brazos abiertos, un gesto muy amplio. Sonreía. Nosotras también. '¿Qué tal? ¡Qué alegría verlas! ¡Qué detalle tan gentil haber venido!' Y a renglón seguido: "¿Cómo está su hermano, el rey? ¡Lástima que no haya podido venir! O sea, como si fuéramos amiguísimos de siempre", relató la reina Sofía en los años noventa, muestra de que la música eleva el espíritu a un nivel superior y, en otro plano, de cómo las hermanas estaban unidas por su pasión por la música.








