El 11 de enero de 2025, los Reyes de España —don Felipe y doña Letizia— fueron testigos de un hito decisivo en la trayectoria de su primogénita. Tras completar su etapa en la Academia General Militar de Zaragoza, la princesa Leonor iniciaba su formación en la Armada como guardiamarina de primer curso en la Escuela Naval Militar. En esta nueva fase vivió una de las experiencias más emblemáticas de la carrera castrense: el crucero de instrucción a bordo del Buque Escuela Juan Sebastián Elcano. El histórico velero zarpó del puerto de Cádiz ese mismo 11 de enero con Leonor entre su dotación de guardiamarinas. Un año después, sus pasos avanzan con firmeza en una senda cada vez más ligada a la institución, consolidando el forjamiento de su papel como Heredera al Trono.
La formación militar de la princesa Leonor mantiene estrechos vínculos con la historia, al trazar para la heredera los mismos pasos de la dinastía Borbón: desde el Conde de Barcelona hasta don Felipe. Ebntonces, el buque Juan Sebastián de Elcano acogía una vez más a quien está llamada a ejercer la Jefatura del Estado, recibiendo con gran ceremonia a la futura reina de España. Sobre las 11:00 de la mañana de ese día, los Reyes presidieron el acto de despedida, un momento histórico que marcó un hito en la historia de la princesa Leonor. Tras tres días aclimatándose a la vida en un barco, la primogénita de los Reyes, iniciaba una de sus grandes experiencias militares.
Los reyes don Felipe y doña Letizia en el Puerto de Cádiz
Una preparación castrense que reafirma la importancia de la Corona en la formación militar, así como su vínculo con cada una de las instituciones del Estado. Aquel día, los Reyes de España actuaron también como padres, mostrando un apoyo cercano que reveló una faceta poco habitual de don Felipe y doña Letizia. "¿Dónde está mi chica?", preguntó la Reina tras la despedida, a lo que don Felipe respondió con humor: "En el mismo sitio que antes", un tono que la Casa Real quiso subrayar como muestra de normalidad institucional, pero, sobre todo, unos padres que se separaban de su hija, de la que estarían a miles de kilómetros.
Del aprendizaje al compromiso institucional
Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias, fue la primera parada que protagonizó la princesa Leonor tras zarpar de Cádiz, marcando así la primera escala en su ruta antes de cruzar el Atlántico hacia América. La travesía proyectó no solo la imagen internacional de la princesa, sino también la consolidación de su imagen: la de una heredera comprometida con su formación y con el futuro de la Corona. La imagen de la princesa Leonor subida en los mástiles del Juan Sebastián Elcano fueron un buen ejemplo.
La formación a bordo del buque escuela de La Armada hizo que la Princesa se sumergiese en una preparación tan exigente como simbólica. "La subida de palos, el aferrado de velas, el posicionamiento con sextante o las labores de preparación y mantenimiento del buque antes y después de cada escala", destacó entonces la Casa del Rey cuando hizo pública algunos de los ejercicios que practicaba en la cubierta del barco junto a sus compañeros. Gestos que, más allá del compromiso militar, exponen disciplina, entrega y vocación de servicio que marcan el comienzo de la futura Reina de España.
Primera parada, Brasil
La primera escala en América del XCVII Crucero de Instrucción tuvo lugar en el puerto de Salvador de Bahía (Brasil). Recibida al ritmo del grupo femenino de percusión de la escuela Pracatum, la Princesa de Asturias fue protagonista de una cálida bienvenida que marcó su debut iberoamericano a bordo del histórico buque, que el próximo año cumplirá 100 años, convirtiéndose oficialmente en un buque centenario.
Durante su estancia en tierras cariocas, la princesa Leonor fue captada por la prensa local disfrutando de la actuación de la emblemática banda Olodum en la Praça das Artes. Una festividad concebida para dar la bienvenida —por adelantado— al carnaval, que envolvió la velada entre la más estricta distancia entre lo personal y lo institucional. Leonor de Borbón se dejó ver en un ambiente relajado, más sonriente que nunca y visiblemente cómoda en compañía de algunos compañeros de la Armada, tal y como se contó en ¡HOLA!
Por unas horas, la Princesa olvidó la disciplina castrense —y el uniforme militar— para proyectarse con un estilismo de estética veraniega —muy en la línea de la reina Letizia—, acorde con el entorno. Un equilibrio entre el deber y la identidad personal que permitió proyectar la sensibilidad cultural del país con ayuda de la proyección internacional de la Corona.
Los pasos de la heredera
Uruguay fue el siguiente paso de la travesía del Elcano, y allí la Princesa de Asturias volvió a convertirse en protagonista a través de su papel institucional, llevando a cabo uno de los actos más emotivos de su periplo. La princesa Leonor ejerció como abanderada en la jura de bandera de 45 españoles residentes en el país.
Acompañada por la ministra de Defensa, Margarita Robles, y enfundada en su impecable uniforme de guardiamarina, la heredera portó la bandera de España al son del Himno Nacional. Una imagen solemne que dejó la estampa de una joven princesa asumiendo —cada vez más— un papel relevante en el escenario internacional. Después de aquello, el buque de La Armada continuó su travesía por el Atlántico rumbo a su siguiente parada: Chile, el punto más austral del planeta.
Chile, un lugar excepcional
La princesa Leonor, junto a sus 75 compañeros, continúa su recorrido a bordo del 97 crucero de instrucción del buque escuela de la Armada, Juan Sebastián de Elcano. La escala en Chile fue la simbiosis de una histórica decisión por parte de la Casa Real, desplazando la formación militar de la Princesa a un paso de mayor relevancia, en consonancia con su libertad y propia privacidad. Una forma de reafirmar que, en parte, el éxito se debe al equilibrio entre el deber y la ética. En marzo de 2025, apenas tres meses después del inicio de la travesía, la Casa Real denunció ante la policía chilena la obtención ilegal y difusión de unas imágenes de la princesa Leonor en un centro comercial de Punta Arenas (Chile), durante una salida de carácter privado y personal.
Una denuncia interpuesta tras cometerse una infracción de la normativa vigente en materia de protección de datos del país latinoamericano, como lo sería en España. En las imágenes se veía a la Princesa accediendo al citado centro comercial, como parte de una actividad de su tiempo libre junto al resto de guardiamarinas. Unos hechos que sin duda marcaron un punto de inflexión en la formación militar de Leonor de Borbón.
Un especial reencuentro en Panamá
La distancia se convirtió en el mayor desafío para doña Letizia y la princesa Leonor durante la formación militar de la Princesa, por lo que la intensidad del reencuentro fue mayor. Así, en el marco de un viaje no oficial, según fuentes de Zarzuela, doña Letizia recorrió más de 8.000 kilómetros en avión para abrazar a su hija, convirtiendo el país en el que atracó el buque en el escenario de un reencuentro tan íntimo como inolvidable. Era la primera vez que madre e hija se veían desde el día de la despedida, y cada gesto estuvo cargado de emoción. Un momento de ternura que mostró, más allá del protocolo, la fuerza de un vínculo personal entre madre e hija.
La Reina asistió —visiblemente orgullosa— a la recepción ofrecida a bordo del buque, donde, enfundada en un elegante diseño rojo de absoluto minimalismo, se mostró cercana, sonriente y muy atenta con todos los asistentes. Una presencia que no pasó desapercibida y que proyectó, una vez más, la imagen de una madre profundamente implicada en esta etapa de la vida de su hija. Doña Letizia no era la única madre de aquella cita tan especial, se trataba de un encuentro familiar de todos los guardiamarinas que, sin duda, se habrá convertido en un recuerdo imborrable para cada uno de ellos.
República Dominicana: una recepción de honor
El engranaje de la travesía, tras su paso por Cartagena de Indias (Colombia), se acercaba ya a su recta final. En la última parada del buque de La Armada en las tierras colombianas de Santa Mónica, la hija de Felipe VI compartió un almuerzo muy especial con uno de los cantantes más famosos del país, además de muy querido en España: el cantautor de Santa Marta, Carlos Vives.
No obstante, antes de su atraque en Nueva York (Estados Unidos), la Princesa volvió a convertirse en la protagonista, no solo por el esfuerzo continuado demostrado a lo largo del viaje, sino también por su papel en las tradicionales recepciones a bordo del buque, como en la de República Dominicana, a la que acudieron autoridades y diversas personalidades.
La Heredera, vestida con el uniforme de gala de la Armada, volvió a ejercer anfitriona tras recibir a la Primera Dama de la República Dominicana y a dos de sus hijas, Graciela y Adriana. Una imagen de elegancia y madurez institucional en una etapa decisiva de su formación. "Ha sido un verdadero honor recibir en nuestro país a la princesa Leonor y a toda la tripulación del Buque Escuela Juan Sebastián de Elcano", que nos honra con su visita", compartió la Primera Dama en sus redes sociales, poniendo palabras a su encuentro con la Heredera al Trono.
El adiós a una travesía histórica
Desde la Ciudad de los Rascacielos, Leonor volvió a asumir un papel protagonista al ejercer como abanderada en un momento cargado de emoción: la despedida de cinco meses intensos de retos, aprendizajes, aventuras y una camaradería forjada a bordo del histórico buque. Un acto solemne al que asistieron la embajadora de España en Estados Unidos, Ángeles Moreno Bau, así como una representación de españoles residentes en el país.
La noche previa estuvo marcada por la emoción, el disfrute y los gestos de despedida. La Princesa, tal y como reveló ¡HOLA! en exclusiva, asistió al concierto de gala organizado por el Teatro Real en el Carnegie Hall de Nueva York, una cita cultural de primer nivel que presentó a Leonor de Borbón ante la sociedad neoyorquina.
Una velada —con cóctel incluido— que cerró simbólicamente una travesía inolvidable. No obstante, la formación militar de Leonor no había terminado: su preparación naval continuaría ya en España, donde la heredera seguiría consolidando una etapa clave en su camino hacia el futuro hasta ser condecorada a manos del rey Felipe VI.
El broche de oro
Fue en el mes de julio, dos meses después de su regreso a España, cuando la princesa Leonor, desde el Patio de Armas de la Escuela Naval de Marín (Pontevedra), puso fin a su formación naval. Un trayecto que, en palabras del rey Felipe, "estará entre tus mejores recuerdos y te valdrá para toda la vida".
Un broche de oro que puso fin con un emotivo reencuentro entre la Princesa y los miembros de la Familia Real. Tras el desfile militar, la Princesa fue condecorada por el rey Felipe VI, otorgándole la Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco por méritos, trabajos, acciones, hechos o servicios distinguidos que se efectúen durante la prestación de las misiones o servicios que, ordinaria o extraordinariamente, sean encomendados a las Fuerzas Armadas o que estén relacionados con la Defensa.
Ahora, un año después, la Princesa vuela sola tras su ingreso en la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier (Murcia). Un ejemplo que no habla únicamente de una disciplina y responsabilidad asociada a su posición, sino también de legado y compromiso con España.



























