Los expertos lo tienen claro: El rey Felipe VI se ha transformado en un monarca mucho más humanizado. Un cambio que se viene notando desde hace aproximadamente algo más de un año, cuando cumplió una década de reinado. Desde entonces, el jefe del Estado se ha mostrado tremendamente cercano, cambiando su forma de comunicar y relacionarse con los ciudadanos y también cómo se muestra en público con su familia. Además, el Rey también muestra ahora sus emociones, improvisa en los discursos, en algunos de ellos incluso tira de humor, y no puede ocultar su orgullo de padre con sus hijas, a las que abraza y felicita ante los hitos que van cumpliendo, con gran cariño.
La última vez en la que le vimos embargado por la emoción fue cuando impuso a su madre, la reina Sofía, el Toisón de Oro. Al Rey se le quebró la voz y tuvo hasta un pequeño lapsus al decir "vida eterna" en lugar de "vida entera" en el discurso en honor a su progenitora: "Y, a mi madre, la reina Sofía, por una vida entera de servicio ejemplar y de lealtad a España y a la Corona, apoyando con convicción al rey Juan Carlos con su acertada temprana apuesta por la apertura democrática y las libertades. Gracias por tu compromiso sostenido durante décadas- todavía hoy- y ejercido con un profundo sentimiento de deber. Tu cercanía e implicación en ámbitos sociales, culturales y humanitarios ha contribuido a reforzar vínculos duraderos con varias generaciones de españoles. La figura de la reina Sofía forma parte también de la memoria afectiva de la España democrática. Nadie es dueño exclusivo de las virtudes cívicas ni del mérito histórico, pero quienes hoy ingresan en la Insigne Orden del Toisón ofrecen ejemplo de responsabilidad, constancia, lealtad al ideal de una España democrática, plural y europea", dijo.
Después, el monarca le impuso el Toisón y es donde se vieron los momentos de más emoción. Una madre que no podía dejar de sonreír a su hijo, que transmitía mucho cariño, dos besos en la cara y un tercero en la mano, que denotaba respeto, admiración y agradecimiento. Este gesto ha sido el último en el que hemos visto al Rey más como un hombre mostrando sus sentimientos que como un soberano.
Para Marina Fernández, directora de Comunicación y Relaciones Internacionales de la Escuela Internacional de Protocolo y Eventos, "fue un discurso enmarcado en un acto de máximo rigor institucional, con un protocolo diseñado para destacar la solemnidad, pero cargado de profunda emoción. Fue el único momento en el que a don Felipe le tembló la voz, sin duda fruto de la emoción del momento. No fue solo el discurso institucional del jefe del Estado, fue también el emocionado homenaje de un hijo a su madre".
El acto del Toisón es el último de una serie de muestras de eventos de gran relieve público donde ha mostrado sus sentimientos. "El rey Felipe, con los años, cada vez se muestra más natural, espontáneo y cercano, dejando atrás la imagen más rígida o formal con la que a menudo se relaciona a la monarquía clásica", explica Jordi Reche, especialista en lenguaje no verbal y no consciente. Don Felipe "es una persona comedida y prudente en sus gestos, pero a través de sus microexpresiones faciales y el movimiento de su cuerpo siempre da muestras de cercanía con su familia y con los que le rodean", destaca Julio García Gómez, experto en oratoria y comunicación que va más allá y asegura que "es un rey de carne y hueso ante los ciudadanos, sin artificios".
Los abrazos en público a sus hijas
En consolidar esta imagen no hay duda que lo que más ha contribuido ha sido "la naturalización de su papel como padre en actos públicos, cohabitando a la perfección con su rol de Rey". "Hemos asistido a innumerables muestras de cariño y afecto hacia sus hijas. A menudo saliéndose del protocolo o directamente rompiéndolo", subraya Reche, quien incide que en algún acto le hemos visto "partido de risa junto con la princesa Leonor cuando tuvieron que darse la mano, lo que evidencia que están más cómodos saludándose y relacionándose como lo hacen de forma privada". "Todos tenemos presentes varios momentos de abrazos y muestras de cariño de él hacia sus hijas y de ellas hacia él, y que son un espejo de la relación que tienen", subraya Reche.
Para Julio García Gómez, experto también en oratoria, esta relación tan cómplice entre el soberano y su heredera quedó muy bien reflejada en la graduación de la princesa de Asturias: "ambos se fundieron en un inmenso abrazo al más puro estilo paternofilial por el vínculo directo que les une, con toda la verdad que se aprecia al observar como Leonor queda unida al rostro de su padre, con los ojos cerrados en señal de concentración de pasión de hija, y felipe arropa a la Princesa con su brazo derecho del modo más protector posible".
Rigor de jefe de Estado con empatía y naturalidad
Don Felipe "ha aprendido a combinar ese rigor solemne que se espera del jefe del Estado con una cercanía, empatía y naturalidad que ayudan a que la institución sea percibida como algo no tan alejado de la ciudadanía". Una estrategia, en palabras de Marina Fernández, "que no es contraria al protocolo, sino que es complementaria, ya que se adapta y se alinea con el mensaje. Son gestos estudiadamente espontáneos, ejecutados siempre de manera natural. Sonrisas, saludos e incluso abrazos emocionados. El Rey se apoya en gestos protocolarios modernos para humanizar su figura y acercarse, especialmente, a las generaciones más jóvenes".
Otro de los grandes momentos en los que don Felipe se mostró con orgullo como padre fue cuando fue sorprendido por sus hijas con un discurso fuera de guion durante el almuerzo ofrecido con motivo de sus diez años en el trono. Ese día "el Rey dejó el trono para ser un padre con una emoción inmensa que se evidenciaba en el rostro y que lo hace un hombre cariños con el guiño de ojos y el beso lanzado al aire a sus hijas".
Para el diseñador Juan Avellaneda el cambio del Rey es "muy interesante". "Antes se le percibía siempre muy serio, muy correcto, muy dentro del papel institucional, y ahora transmite algo más humano, más cercano. Me gusta porque sin perder la elegancia ni el protocolo, deja ver emociones y tiene momentos espontáneos. Y eso, en alguien con un papel tan público, genera una conexión diferente con la gente". Una naturalidad que para el creador de moda también se refleja en sus estilismos. "Aunque siempre va impecable, hay una naturalidad nueva también en su forma de vestir. Los trajes le sientan bien, se nota que están muy bien hechos y pensados para él, pero no se ven forzados ni excesivamente formales. Tiene ese punto de sobriedad y ‘pureza’ que va con su carácter, pero a la vez con una elegancia más relajada, más actual. Incluso cuando viste de militar, sigue proyectando una imagen pulida, pero sin rigidez, y eso es algo difícil de conseguir".
Complicidad con la reina Letizia
Si con sus hijas muestra orgullo, con la Reina Letizia muestra mucha complicidad. Cuando la princesa Leonor partió a bordo del buque escuela Juan Sebastián de Elcano, el Rey abrazó a la Reina con gran cariño mientras esta se despedía con cierta tristeza de ella. Este gesto mostró "su relajación y naturalidad" y donde "el juego de la química se manifiesta en la forma en la que siempre Letizia mira a Felipe desde cierta distancia por la diferencia de estatura. El gesto que ella manifiesta elevando su rostro para poder alcanzar la vista de su esposo nos está dando a conocer las claves de su complicidad".
"Todos estos elementos, estratégicamente trabajados, para conseguir una comunicación más directa con la sociedad, hacen posible que don Felipe, a través de su imagen, sus gestos y su mensaje oral, esté cada día más cerca de la gente y consiga dar un paso adelante en la modernización y puesta al día de la monarquía en España. Felipe, hombre primero y Rey después", concluye Julio García Gómez.
Jordi Reche resume que "todos hemos asistido a un proceso totalmente natural y orgánico, donde el Rey Felipe ha ido dando forma a cómo quiere ser visto y recordado a la hora de comunicarse y relacionarse con quienes le rodean. Una manera de ser y actuar que, sin duda, le ha ayudado a acercarse a todas las generaciones de españoles".
"Muy cómodo en su rol"
Para Marina Fernández, el Rey "cada vez está más cómodo en su rol de jefe de Estado, proyectando una imagen de solvencia y rigor profesional, pero, al mismo tiempo, hay una evolución en su forma de actuar. Casa Real tiene perfectamente detectada la necesidad de adaptar su comunicación integral a las líneas de comunicación contemporáneas, construidas sobre la transparencia y la accesibilidad".
Por último, Juan Avellaneda apunta que la clave está en que el Rey "sigue representando la institución, pero con una actitud más natural, más emocional. Al final, cuando ves al Rey abrazando a sus hijas o reconfortando a la Reina, ves al hombre detrás del uniforme. Esa parte más personal hace que la gente empatice más, porque demuestra que puedes ser impecable, pero también humano".























