Europa entrelaza su futuro entre mujeres que sostendrán los cimientos de sus coronas frente a tres príncipes que se convertirán en la excepción de un continente protagonizado por las joyas más imponentes de sus respectivas cortes reales. Unos reinados que harán de esta nueva página de la historia una era dorada, distinguida de los capítulos anteriores de un pasado protagonizado por hombres. Christian de Dinamarca, George de Gales y Jacques de Mónaco comparten un destino idéntico, pero sus caminos de preparación no podrían ser más diferentes: de la inmersión militar absoluta al blindaje de la infancia, analizamos las tres fórmulas con las que las monarquías modernas moldean a sus herederos masculinos.
Cuatro príncipes con un mismo destino
La lista del "club de los futuros reyes" comienza de la mano de quien ahora es el mayor de una nueva generación: el príncipe Christian. Un claro ejemplo que cumple con el blindaje perfecto de quien promete convertirse en el sostén de la Corona cuando sea necesario, siendo el único entre los miembros de este club que ha podido conocer de primera mano cuáles son las responsabilidades de ser el heredero directo al trono. Y es que, tras la abdicación de la reina Margarita II, su vida dio un giro absoluto, asumiendo su rol como primer sucesor con una seriedad que ha sorprendido a la prensa internacional. No obstante, también ha conocido la libertad, pues su día a día no se encuentra excesivamente restringido a pesar de estar sometido a una estricta formación militar; convertido ya en segundo teniente y comandante de la Guardia Real, Christian representa el perfil del monarca clásico: formado en la disciplina castrense y preparado para asumir la regencia del país cuando su padre se encuentre en el extranjero. Dinamarca no esconde a su futuro Rey; al contrario, muestra con orgullo la transición de un joven a un firme hombre de Estado que debutará en una cena de gala internacional el próximo 19 de octubre.
No obstante, encabezar esta lista no significa necesariamente asumir responsabilidades públicas desde una edad temprana. Mientras el príncipe George, de 13 años, vive centrado en su adolescencia y se prepara para una nueva etapa educativa en el histórico y prestigioso Eton College, el príncipe Jacques de Mónaco, de 11 años, ya comienza a adquirir protagonismo como imagen del Principado, acompañando a sus padres en algunos de los compromisos institucionales e internacionales más destacados. Y es que, mientras el hijo de Alberto II y Charlene es el heredero directo al trono monegasco, el hijo de los príncipes de Gales ocupa el segundo puesto en la línea de sucesión a la Corona británica, por detrás de su padre, el príncipe Guillermo. Un hecho que ha permitido que crezca bajo una estrategia cuidadosamente diseñada por sus padres, quienes apuestan por proteger su intimidad y permitirle disfrutar de una infancia y adolescencia lo más normales posible. Aun así, aunque participa en acontecimientos de gran relevancia —como la coronación de su abuelo, el rey Carlos III, donde ejerció de paje de honor— o asiste a partidos de fútbol junto a Guillermo, el futuro rey británico también disfruta de una vida alejada de las exigencias constantes de la institución. Una fórmula en la que la influencia de Kate Middleton resulta fundamental y que busca prepararlo para sus obligaciones sin privarle de la oportunidad de crecer con los pies en la tierra antes de asumir el peso de la Corona.
Como decíamos, a las puertas de cumplir los 12 años, el príncipe Jacques vive una realidad dinástica radicalmente opuesta a la de sus homólogos europeos. Y es que el marqués de Baux es heredero al trono de la misma manera que lo es Christian de Dinamarca; sin embargo, a diferencia de otros príncipes, él ya nació con esta condición, por lo que su papel se ha ido forjando bajo unas bases institucionales mucho más asentadas. Es por ello por lo que el joven príncipe ha visto incrementar su presencia pública de una forma vertiginosa, participando en visitas de Estado como la histórica recepción que se brindó al Papa durante su visita al palacio del Príncipe. Su preparación pública es más ceremoniosa y solemne: es habitual verle impecablemente presidiendo el Día Nacional o los actos de Santa Devota. Un Grimaldi del siglo XXI que equilibra a la perfección el glamur inherente a su apellido con una profunda vocación de servicio familiar. Un club al que se suma el príncipe Charles de Luxemburgo, quien el pasado mes de octubre adquirió la condición de heredero al trono tras el ascenso al trono de su padre, el Gran Duque Guillermo. Es por ello que, el pequeño es reconocido como el heredero más joven del mundo.







