Estos dos últimos años han estado marcados por una profunda estela militar en toda Europa. Los distintos países del continente han mostrado su apoyo al reconocimiento de la historia, rememorando a quienes lucharon por la libertad hace ocho décadas. En este contexto de memoria histórica, los Reyes Felipe y Matilde de Bélgica vivieron un encuentro tan inesperado como entrañable que les será difícil de olvidar.
El homenaje más especial
El pasado diciembre de 2024, los Reyes de Bélgica —junto a los entonces Grandes Duques de Luxemburgo— fueron testigos de un significativo desfile militar frente al Palacio Real belga. Un acto enmarcado dentro de los actos conmemorativos del 80º aniversario de la Batalla de las Ardenas, que llevó a los Reyes a mostrar su firme apoyo a quienes un día fueron protagonistas de una lucha nacional. Dos días antes del desfile militar, los Reyes de los belgas abrieron las puertas del Castillo de Laeken —su residencia oficial— a George, Joseph, John y Fred, veteranos de la Batalla de las Ardenas, en reconocimiento a su valentía. Para la ocasión, la Reina se enfundó en el diseño Dezos de Dries Van Noten, marcado por un color verde que refleja la sobriedad y la sintonía con el recibimiento.
Una pieza que combinó el atuendo con un broche floral compuesto por cuatro pétalos—también verdes—, que en el contexto de este acto se simboliza en honor a las víctimas como un sentido homenaje a través de la esperanza, la memoria y el respeto.
Una anécdota para el recuerdo
Más allá del protocolo y de los gestos oficiales, hubo una anécdota que quedó para el recuerdo. Un momento de cercanía, distensión y complicidad que terminó por marcar el ambiente del encuentro más especial de los Reyes y que ha salido a la luz recientemente, pues no ha sido hasta ahora cuando la Best Defense Foundation ha desvelado el instante protagonizado por el soberano belga y el veterano de guerra George Mullins, tras el reconocimiento a los protagonistas de esa jornada. Fue entonces cuando la Reina, con una sonrisa y un gesto cercano, le señaló amablemente quién era realmente él: "Sí, este es mi marido. Él es el rey de los belgas". Durante unos instantes, lo formal dio paso a una complicidad inesperada. Los Reyes, así como los testigos de la escena, compartieron una sonrisa ante la anécdota.
El propio rey Felipe, con gesto cómplice, se dirigió al veterano para pedirle: "No digas nada. Será nuestro secreto". Mullins, sorprendido y divertido, no pudo evitar reírse ante la naturalidad del soberano y la cercanía de la Reina. Un momento de sencillez que afirmaba el favor del Rey por los veteranos y la capacidad de ambos para generar cercanía en un momento marcado por un riguroso protocolo.
Un desfile lleno de simbolismo
El desfile, que tuvo lugar dos días antes de la divertida audiencia en la residencia oficial de los Reyes, contó con la presencia de Enrique y María Teresa de Luxemburgo, quienes asistieron al desfile militar.
Símbolo de la unión de ambos países que, a través de su historia, siempre han compartido una buena relación que traspasa los lazos fronterizos. Ambas familias mostraron una especial sintonía desde el balcón del Ayuntamiento de Bastogne, cerrando así los actos conmemorativos que, para los Reyes, estarán marcados por la anécdota protagonizada por el veterano Mullins.













