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El estado de salud de Akihito de Japón en observación tras un desmayo

El antiguo Emperador abdicó el pasado 30 de abril por sus muchos problemas médicos

por Juditha Triumphans

Vuelve a preocupar el estado de salud de los antiguos emperadores. Ayer Akihito de Japón se sometió a una resonancia magnética del cerebro después de que hubiera perdido el conocimiento la noche anterior. No se han detectado signos de un accidente cerebrovascular, pero dada su avanzada edad y antecedentes permanece en observación. Cuando se desmayó, se encontraba en su residencia, ubicada en los terrenos del Palacio Imperial en Tokio. Su esposa estaba a su lado en el momento del desfallecimiento, según informó The Asahi Shimbun, y fue quien se encargó de llamar inmediatamente a un médico de la Agencia de la Casa Imperial. Cuando el doctor se personó, el emperador Akihito “todavía estaba inconsciente y emitía sonidos parecidos a ronquidos”. Instantes después recuperó la consciencia. 

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Ante los últimos síntomas del octogenario emperador, que parece que comienzan a ser reiterativos, el personal de la Agencia de la Casa Imperial decidió descartar un derrame con una resonancia magnética cerebral que le fue realizada ayer por la mañana en el Hospital Imperial. La prueba no evidenció signos hemorrágicos o isquémicos, si bien los médicos continuarán monitoreando la salud del padre del emperador Naruhito. Y es que Akihito de Japón ya había mostrado indicios de anemia cerebral el pasado verano: “Tuvo dificultades temporales para ponerse de pie, por lo que permanecía en cuclillas”, recuerda el diario nipón. Incluso un año antes, en julio de 2018, cuando aún ocupaba el trono del Crisantemo, se vio obligado a cancelar sus compromisos oficiales durante unos días, debido a las náuseas y los mareos causados ​​por un riego sanguíneo insuficiente al cerebro, ya descrito como un primer episodio de anemia cerebral.

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La histórica abdicación de Akihito de Japón, la primera del Imperio en 200 años, estaba pues más que justificada: su avanzada edad y sus muchos problemas de salud le impedían cumplir con la eficiencia de siempre sus altas responsabilidades como Emperador. Pese a la pertinencia, su deseo de ceder en vida el trono del Crisantemo a su heredero amenazaba siglos de tradición japonesa y antes hubo que allanar el camino. El Parlamento japonés aprobó una ley de emergencia el 9 de junio de 2017 tras el extraordinario discurso televisivo del Jefe de Estado a la nación en el que comunicó su decisión en agosto de 2016, un extremo que no estaba contemplado por la Constitución nipona, y luego representantes del Gobierno, de la Casa Imperial y expertos jurídicos trazaron en colaboración la ruta de la renuncia. Nueve meses después de que la dimisión se hiciera efectiva el pasado 30 de abril, ya son varios sustos los que han dado los muy queridos y delicados emperadores Akihito y Michiko.

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