Los niños y los adolescentes con TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) no tienen, en absoluto, afectada su inteligencia y, de hecho, en muchas ocasiones su cociente intelectual es superior a la media; aun así, es habitual el fracaso escolar en ellos. ¿Por qué? Y, sobre todo, ¿qué hacer para evitar ese fracaso escolar?, ¿cómo lograr que destaquen académicamente? Nos da todas las respuestas al respecto Irene Ranz Buquerín, directora de Grupo Aprender, que lleva desde 1999 investigando y divulgando acerca de niños con dificultades específicas de aprendizaje (DEA) y también trabajando muy de cerca con ellos a través del Centro de Reeducación CORAT, que ella dirige, y del colegio ordinario concertado BrotMadrid, que fundó en 2011 y que, aunque está abierto a todos, es preferente para este tipo de alumnos.
¿Qué es el TDAH, cómo lo definiría?
El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la capacidad de regular la atención, la impulsividad y, en algunos casos, el nivel de actividad. No tiene que ver con la inteligencia ni con la falta de interés, sino con cómo funciona el cerebro a la hora de organizarse, concentrarse y autorregularse.
Cuando los niños y los adolescentes con TDAH reciben el apoyo adecuado, pueden destacar académicamente e incluso superar a compañeros sin dificultades.
¿Es frecuente el fracaso escolar entre niños y adolescentes con TDAH?
Puede ser más frecuente si no se detecta a tiempo o no se ofrece el apoyo adecuado. Estos alumnos suelen enfrentarse a un sistema educativo que exige atención sostenida, organización y control de impulsos, justo las áreas que más les cuestan. Cuando no se entienden sus dificultades y, por tanto, no se atienden de manera adecuada, se acumulan lagunas de aprendizaje y baja autoestima, entre otras consecuencias académicas y emocionales que pueden derivar en fracaso escolar, claro.
En nuestro Centro de Evaluación e Intervención Corat vemos a menudo niños con gran potencial que han desarrollado desmotivación o baja autoestima tras años de incomprensión académica.
¿Cómo afecta el TDAH a nivel académico?
Puede afectar a la atención en clase, a la comprensión de instrucciones, a la planificación de tareas, al estudio y a la gestión del tiempo. Muchos niños saben la materia, pero les cuesta demostrarlo en exámenes o trabajos largos. Esto genera frustración y, a veces, desmotivación.
¿Influye el tipo de TDAH en las dificultades académicas?
Sí, influye. En el TDAH con predominio inatento suelen verse más problemas de rendimiento académico porque el niño pasa desapercibido, se distrae con facilidad y no termina tareas. En el predominio hiperactivo-impulsivo, las dificultades suelen estar más relacionadas con la conducta y el autocontrol, lo que también interfiere en el aprendizaje. En todos los casos, el impacto depende mucho del entorno y de los apoyos.
¿Cómo pueden los padres darse cuenta de que los problemas académicos pueden estar relacionados con el TDAH?
Cuando ven que su hijo se esfuerza, pero los resultados no acompañan, que olvida constantemente tareas, pierde material, se distrae con facilidad o necesita mucho más tiempo que otros niños para estudiar. Es importante no confundir estas señales con pereza o falta de interés y consultar con profesionales especializados. En estos casos, una evaluación especializada como las que realizamos en Corat, es clave para evitar etiquetas injustas como “vago” o “despistado”, localizar qué es lo que está pasando desde la raíz e intervenir desde ella.
¿Se puede “entrenar” el cerebro de niños y adolescentes con TDAH para mejorar académicamente?
Sí, absolutamente. Se puede tratar la parte académica, por ejemplo, con una intervención psicopedagógica, entrenamiento en funciones ejecutivas o técnicas de estudio adaptadas. No se trata de cambiar al niño, sino de enseñarle estrategias para que su cerebro funcione de forma más eficaz a todos los niveles, no solo en el contexto escolar.
Las personas con TDAH tienen inmadurez en algunos circuitos y pueden presentar alguna carencia de desarrollo como, por ejemplo, en la propiocepción; el sentido que permite al cerebro conocer la posición, el movimiento y la acción del cuerpo y sus partes en el espacio, sin necesidad de mirarlos, gracias a receptores (propioceptores) en músculos, tendones y articulaciones que envían señales constantes. Es fundamental para el equilibrio, la postura y realizar movimientos coordinados, permitiendo reacciones automáticas para evitar caídas o lesiones, incluso en superficies irregulares.
Lo primero es conocer al niño y luego enseñarle de qué manera sí aprende.
Esto es algo que puede trabajarse desde el neurodesarrollo y lograr una mejoría significativa alcanzando niveles cercanos a la normalidad. Así pues, el trabajo de toda esta parte académica ha de complementarse, cuando sea necesario, con el de neurodesarrollo y el terapéutico para tratar la emocional y la social-relacional, que, en muchos casos y como consecuencia, también se ven afectadas. Se trata de realizar una intervención integral como las que realizamos en nuestro Centro de Evaluación e Intervención Corat, donde desarrollamos programas personalizados e interdisciplinares que ayudan al niño a conocerse, entender cómo aprende, a expresar y regular sus emociones, a conectar y relacionarse, y adquirir herramientas prácticas para el día a día en la escuela y en la vida.
¿Ese entrenamiento o apoyo puede cambiarles la vida?
Sin duda. Cuando un niño entiende cómo aprende y cuenta con herramientas adecuadas, mejora su rendimiento, pero sobre todo su autoestima. Deja de sentirse “menos capaz” o “tonto” y empieza a confiar en sí mismo. Esto tiene un impacto enorme no solo en los estudios, sino también a nivel emocional y social.
¿Puede un escolar con TDAH ser brillante en los estudios?
Por supuesto que sí. Muchos niños y adolescentes con TDAH tienen un gran potencial, creatividad e inteligencia. Cuando reciben el apoyo adecuado, pueden destacar académicamente e incluso superar a compañeros sin dificultades. El TDAH no limita el talento.
Pueden ser brillantes si se trabaja en la escuela desde el interés, por proyectos y otras metodologías activas que ponen el foco en el aprendizaje del niño y no en la enseñanza pura de contenidos descontextualizados.
¿Necesitan técnicas de estudio adaptadas?
Sí. Suelen funcionar mejor técnicas como el estudio en bloques cortos, el uso de esquemas visuales, mapas mentales, apoyo visual, agendas estructuradas, recordatorios y objetivos claros y alcanzables. También es clave enseñarles a planificar y a revisar su trabajo.
Y no solo técnicas, sino necesitan modelos de colegio, como nuestro modelo Helix de Colegio Brotmadrid, que atiendan al niño de manera global considerando sus particularidades y, sobre todo, generando interés para que el niño aprenda desde dicho interés y curiosidad. Hemos constatado que únicamente los modelos verdaderamente inclusivos, como Helix, que apuestan por la integración real dentro del aula y respetan los distintos ritmos de aprendizaje, permiten que estos niños aprendan y desarrollen todo su potencial desde la normalización. Esto resulta clave para prevenir posibles consecuencias a nivel psicológico, emocional o familiar que pueden aparecer cuando no se actúa de esta manera.
En nuestro caso, partimos de una mirada individualizada: conocemos a cada alumno, sus particularidades, y organizamos el aprendizaje en tres ritmos diferentes. Todos trabajan los mismos contenidos, pero adaptados a uno de esos tres niveles. A este planteamiento lo llamamos Planifica A3. Además, todo sucede dentro del aula, con los apoyos integrados, evitando sacar al alumno fuera de clase y que pueda sentirse señalado por recibir una atención diferenciada.
Helix es, además, un modelo flexible, dinámico y abierto, que se apoya en metodologías activas, herramientas y estrategias como el aprendizaje cooperativo, el ajedrez educativo, el trabajo desde el neurodesarrollo, las rutinas de pensamiento, los organizadores gráficos o la autoevaluación y heteroevaluación. De este modo, los niños aprenden investigando, explorando, experimentando y entendiendo el error como parte natural del proceso de aprendizaje. Los proyectos permiten conectar contenidos y materias entre sí y relacionarlos con la vida real y la actualidad, porque solo así se forman personas capaces de transformar, emprender y aportar valor a la sociedad. Nuestro modelo sitúa al alumno en el centro y, desde una visión global, se ocupa de su desarrollo integral. No solo del ámbito académico y cognitivo, sino también del neurológico, el emocional y el social-relacional.
Una metodología adecuada, unido a un trabajo específico con el niño centrado en la reorganización neurológica, permite mejorar de forma significativa sus capacidades motrices, emocionales y de aprendizaje.
Detrás de muchas dificultades de aprendizaje hay factores que no siempre se ven, como el desarrollo motor, sensorial o perceptivo, y que influyen directamente en cómo el cerebro procesa la información. Gracias a la plasticidad neuronal, podemos intervenir y generar cambios reales, siempre que se haga con profesionales especializados y en centros como el Centro de Evaluación e Intervención Corat. Además, estas dificultades suelen tener un fuerte impacto emocional. Por eso, es fundamental trabajar también la autoestima y la confianza del niño para que vuelva a creer en sí mismo y en sus capacidades.
En Corat abordamos al niño de forma global, integrando mente, cuerpo, emoción y entorno social. Es lo que llamamos el enfoque de las 4C, una base esencial para que niños con TDAH u otras dificultades de aprendizaje y emocionales o sociales crezcan, aprendan y se desarrollen de manera plena y feliz.
Una metodología adecuada, unido a un trabajo específico con el niño centrado en la reorganización neurológica, permite mejorar de forma significativa sus capacidades
¿Cuándo empezar a enseñarles técnicas de estudio o apoyo psicopedagógico?
Lo primero es conocer al niño y luego enseñarle de qué manera sí aprende y generar con él estrategias de aprendizaje basadas en su talento, en lo que sí puede. También generando y aprendiendo desde el interés, como ya había dicho.
Y cuanto antes se haga, mejor. Desde los primeros años de Primaria se pueden introducir estrategias adaptadas a su edad. No hay que esperar a que aparezca el fracaso escolar; la intervención temprana es la mejor prevención y la clave para un desarrollo académico y emocional saludable. Así pues, cuando en 1º o 2º curso de Primaria, por ejemplo, ya se observan señales como las que he descrito, conviene buscar el colegio y centro más adecuado para tratar este tipo de dificultades cuanto antes y así evitar el sufrimiento del niño.
Por eso, especialmente en el caso de niños para quienes la lectoescritura supone un esfuerzo superior, modelos como Aprender Helix, van a hacer que puedan seguir avanzado y desarrollando todo su potencial evitando que la lectoescritura obstaculice este crecimiento. Complementar todo este trabajo con el terapéutico o de neurodesarrollo es fundamental.
Cuando el TDAH convive con problemas emocionales y/o relacionales, la intervención requiere una mirada amplia, flexible y coordinada. De ahí que el objetivo de nuestro Centro Corat no sea solo mejorar el rendimiento, sino trabajar con la persona en la reconstrucción de su vínculo con el aprender, favoreciendo el bienestar emocional y el desarrollo de recursos personales, y hacerlo contando siempre con el niño, con sus necesidades, sus intereses, sus deseos, con qué funciona y qué no...; al final, que el niño sea parte del diseño de esa intervención.





