Crianza

Anna Morató, escritora: “No podemos pretender que los niños nunca se equivoquen, pero sí que sean capaces de enfocarlo como un aprendizaje”


Su nuevo libro infantil, “¡Qué bien, me he equivocado!”, ayuda a los más pequeños a entender que de los errores se aprende y a no bloquearse ante ellos


Anna Morató, escritora© Anna Morató
19 de enero de 2026 - 7:30 CET

Equivocarse no suele ser bien recibido. A los adultos no nos gusta cometer errores, pero tampoco a los niños. Los pequeños de la casa pueden creer, además, que el problema está en ellos y, por lo tanto, les puede limitar: es posible que dejen de hacer cosas (como dibujar, practicar un deporte o, incluso, afanarse en estudiar o en aprender) porque crean que van a seguir cometiendo errores. A todo esto hay que unir la vergüenza que sentirán si el error es frente a otros (por ejemplo, en clase). ¿Cómo ayudar a los niños a que no se queden en aquello que han hecho mal, sino que vean todo aquello que sí hacen bien? ¿Cómo hacerles entender que de los errores se aprende?, ¿que todo el mundo (no solo ellos) los cometen?

Para dar respuesta a todas esas preguntas hemos hablado con la reconocida escritora de libros infantiles Anna Morató, que ha publicado recientemente el libro ilustrado ¡Qué bien! Me he equivocado (Ed. Carambuco), que trata precisamente de eso, de hacerles ver que, cuando se comete un error, la mejor opción es “darle la vuelta a la tortilla”, reírse de la equivocación y seguir probando y practicando para que les salga bien la próxima vez. Morató da consejos muy prácticos para lograrlo y hacer así que los niños crezcan con confianza en sí mismos. 

Solo uno mismo puede decidir si utiliza su lenguaje para animarse a seguir hacia adelante o para maldecir y quedarse donde está.

Anna Morató, escritora de libros infantiles

Los errores suelen asociarse a fracaso, a no saber, a no ser bueno en algo… ¿por qué este cambio de perspectiva que se aprecia ya en el título de tu libro? ¿Por qué celebrar los errores?

A nadie le gusta equivocarse, pero hacerlo es inevitable. No podemos aprender cosas nuevas sin pretender equivocarnos. Por eso, aunque no nos guste, podemos aprender a enfocar los errores de otra manera. No quedarnos con esa emoción inicial de enfado, frustración o tristeza, sino aprender a cambiar el enfoque y ver que de ese error podemos aprender algo. Mejor celebrar que frustrar

¿Cómo ayudar a los niños pequeños a entender que no es malo equivocarse? 

En este libro he querido utilizar un elemento muy visual que es el dedo pulgar. Cuando nos equivocamos pensamos que nuestro pulgar está hacia abajo, pero si le damos la vuelta al pulgar, hacia arriba, estaremos entendiendo que, de la frustración inicial, podemos pasar a una actitud de querer aprender de ese error, y esa decisión de “darle la vuelta” es más beneficiosa para nosotros que quedarnos únicamente con el pulgar hacia abajo. 

¿Cómo puede afectar el miedo al error en el desarrollo de la autoestima de los niños?

Es muy importante hacer la distinción entre que el error es fruto de un comportamiento y que se puede cambiar  y mejorar, que pensar que el error está en nosotros por fallar. Esto último nos limitará muchísimo y afectará a nuestra autoestima. 

¿Cómo ayudarles a recuperar la confianza en sí mismos tras un error o una derrota? 

Justamente el hábito de ver que de esa situación de error puede salir un aprendizaje, que me permite avanzar, me irá generando cada vez más confianza ante los retos y las dificultades de la vida. 

¡Qué bien! Me he equivocado, de Anna Morató© Carambuco

En tu libro, los niños del colegio Los Olivos pierden un partido de balonmano y se llaman a sí mismos “paquetes”. ¿Cómo de importante es el lenguaje y la manera en la que los niños hablan consigo mismos?  

Si cuando cometen un error empiezan a hablarse mal o de forma derrotista, eso lo único que hará es empeorar cómo se sienten.  En cambio, si aprenden a dar la vuelta a la situación con sus palabras, por ejemplo:

  • "voy a volver a intentarlo"
  • "tengo que tener más cuidado"
  • "tengo que practicar más"

Ese tipo de discurso les beneficiará más porque les permite tener una mejor actitud para aprender de ese error. Y lo mismo ocurre ante las adversidades o las frustraciones propias de la vida. Solo uno mismo puede decidir si utiliza su lenguaje para animarse a seguir hacia adelante o para maldecir y quedarse donde está. Con esto no estoy diciendo que las palabras positivas son mágicas y nos ayudan a evitar equivocarnos, el objetivo de utilizarlas es para que, una vez cometido el error, podamos reconducir la situación. 

Cambiar de una actitud derrotista a una actitud positiva es una habilidad importante en la vida.

Anna Morató, escritora de libros infantiles

¿Cómo ayudarles a hablarse de una manera más amable? 

Empezando nosotros a utilizar un lenguaje amable en casa. Influye mucho también cómo les hablamos nosotros en general. Las palabras y el tono que utilizamos con ellos influye en cómo se perciben a sí mismos. 

¿Cómo les cambia la perspectiva cuando empiezan a hacerlo? 

Creo que cambiar de una actitud derrotista a una actitud positiva es una habilidad importante en la vida. No podemos pretender que nunca se equivoquen, pero sí que podemos pretender que frente al error sean capaces de dar la vuelta a la situación y enfocarlo como un aprendizaje. Para que de adultos no tengan miedo a hacer cosas nuevas o ponerse metas difíciles, por ese miedo a equivocarse.

¿Pueden los errores llegar a bloquear a un niño? ¿Puede un niño creer es que no es capaz de hacer o de lograr algo solo por haber cometido un error? 

Por supuesto, es completamente natural que, ante un error, tanto niños como adultos nos podamos bloquear. Somos humanos, pero con este enfoque, lo que se pretende es que no nos bloqueemos siempre que haya un error. Como con cualquier hábito, cuando más lo practiquen, mejor les saldrá. 

¿Qué pueden hacer los padres para evitar que así lo crean?

Los niños hacen más por lo que nos ven hacer que por lo que decimos. Cabe preguntarse "¿cómo reacciono yo ante un error? ¿Lo afronto con una actitud positiva o me quedo solo en la primera frase inicial de frustración.?" A veces la crianza de nuestros hijos es una oportunidad de revaluar cómo nosotros, como adultos, hacemos las cosas. 

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.