Dejar el chupete puede llegar a ser una de las etapas más difíciles de la crianza de los hijos en los primeros años. Llega un momento, en torno a los dos años, en el que los papás intentan retirárselo para evitar que les cause daños en la masticación o la forma de la boca, pero…. no suele ser fácil lograr que lo dejen de un día para otro. Esa retirada puede venir acompañada de más rabietas de lo normal y de situaciones de gran estrés emocional para el niño y para los adultos que lo cuidan.
Encontrar un recurso que sea eficaz y que, al mismo tiempo, sea respetuoso con las necesidades del pequeño es todo un reto para las familias. Por eso, Eva Espada, fotógrafa y fundadora de la editorial Endless Latitude, ha escrito el libro infantil El Pajarito del Chupete (editado en Endless Latitude), basado en el método que utilizó con su propia hija y gracias al cual lo dejó de manera muy natural, sin ningún tipo de drama, entregando ella misma sus chupetes a este pajarito tan especial. Hemos hablado con la autora sobre este método, sobre qué tener en cuenta a la hora de empezar el proceso de dejar el chupete y sobre cómo ayudar a los niños a lograrlo.
Antes de los 2 años el chupete todavía puede ser una herramienta de regulación válida y quitarlo demasiado pronto podría generar más ansiedad que beneficio.
¿Por qué a muchos niños les resulta difícil dejar el chupete?
El chupete es un elemento muy positivo y útil para los niños, les ayuda a la hora de dormir, les calma, les consuela y además reduce el riesgo de muerte súbita del lactante (SMSL). Sin embargo, precisamente, al serles tan útil y ayudarles en la autorregulación, luego es difícil que ellos por sí mismos lo dejen definitivamente.
Un niño de dos años no puede decidir racionalmente dejar el chupete, es algo que no puede gestionar como lo puede hacer un adulto, aunque con ayuda sí puede participar activamente en el proceso.
¿Cuál es la edad más idónea para dejarlo?
No es necesario darse mucha prisa por retirar el chupete. Antes de los 2 años el chupete todavía puede ser una herramienta de regulación válida y quitarlo demasiado pronto podría generar más ansiedad que beneficio.
Los posibles inconvenientes de usar chupete suelen aparecer a partir de los 2 años, por eso, lo ideal sería retirar el chupete a esa edad, ya que el niño empieza a autorregularse y su uso todavía no ha impactado negativamente en el lenguaje y en el desarrollo de los dientes. Siempre teniendo en cuenta que cada niño es un mundo y que, en ocasiones, el pediatra puede valorar mantener el chupete más tiempo porque pueda ser más beneficioso, la edad recomendada para dejarlo son los 2 años.
¿Hay (o debería haber) una edad límite para dejar el chupete?
Un uso prolongado del chupete y/o abusivo puede: afectar la mordida y la posición de los dientes, retrasar el lenguaje, aumentar el riesgo de infecciones en el oído y afectar a la dependencia emocional del niño.
A partir de los 3 años, el niño es más consciente y puede tener una mayor dependencia emocional hacia el chupete, por lo que puede ser más difícil abandonar su uso. A esta edad empieza a aumentar el riesgo de alteraciones dentales y puede interferir con la pronunciación. Más allá de los 4 años, se considera claramente perjudicial a nivel lenguaje, dentición, desarrollo orofacial y relaciones sociales.
Tu libro ‘El Pajarito del Chupete’ busca ayudar a los niños, hacer que no les resulte tan difícil decirle adiós a este objeto que tanto necesitan… ¿cómo lo haces? ¿De qué manera les ayuda?
El Pajarito del Chupete es un libro para todos aquellos papás que disfrutan acompañando a sus hijos en la aventura que es la vida. Es un ritual de transición neurológica, es decir, ayuda al cerebro a cerrar una etapa sin conflicto, de forma amable, comprensible y sin imposición. Funciona porque habla el lenguaje que mejor entienden los niños a esa edad: el juego y la fantasía.
Cuenta la historia de un pajarito que visita a los niños y que, cuando llega el momento adecuado, se lleva sus chupetes. Un cuento que hace que los niños se sumerjan en una verdadera aventura y la vivan como si fueran su protagonista. Cuando un niño ve que El Pajarito del Chupete le empieza a visitar también a él, dejándole algún detallito en la mesilla de noche, asocia que lo que le está pasando es lo mismo que ocurre en el cuento.
El libro funciona muy bien en niños de 2 a 4 años porque les ayuda a anticipar lo que va a pasar. A esa edad piensan de forma simbólica, se identifican con personajes y entienden mejor las historias que las explicaciones. En el cuento, la protagonista no tiene que decidir, no hay lucha de poder y los chupetes se van cuando está durmiendo y se siente segura, lo que reduce muchísimo la angustia.
Volver a pedir el chupete no es realmente una regresión, sino una búsqueda de seguridad.
El Pajarito del Chupete, que es muy listo, se toma su tiempo. Pueden ser semanas o meses, eso depende de cada niño, pero sabe cuándo es el momento adecuado en el que hay que decir adiós al chupete, respetando el ritmo de cada niño, normalmente cuando el uso del chupete se ha reducido y se utiliza ya solo por la noche. Cuando el momento llega, los niños ya están preparados para ello y sucede la magia, porque lo que iba a ser una pérdida (dejar el chupete) ahora se convierte en una misión importante, un paso de crecimiento, algo mágico y bonito, no doloroso, y eso cambia completamente la vivencia emocional del niño.
Un detalle muy importante es que en el libro no se explica qué hace el Pajarito del Chupete con los chupetes y justamente esa ambigüedad es parte de su fuerza: no genera celos, no genera sensación de pérdida, no abre conflictos internos.
Has contado que ese pajarito ayudó a tu propia hija, Olivia, a dejar el chupete. ¿Cómo? ¿Cuál fue la historia real?
Sí, este cuento está basado en una historia real y así fue cómo ocurrió. Mi hija Olivia estaba a punto de cumplir dos años y la pediatra nos dijo que ya llegaba el momento de dejar el chupete. Las historias que había oído para ayudar a dejar el chupete implicaban que el niño decidiera de alguna forma cuándo era el momento y nosotros no veíamos que eso fuera a funcionar, no queríamos negociar ni forzar, así que necesitábamos una nueva historia. Queríamos hacerlo de forma respetuosa, sin presión y que no fuera traumático ni para ella ni para nosotros. Pero, sobre todo, queríamos disfrutarlo.
Mi madre siempre me decía la frase “me lo ha dicho un pajarito” y cuando yo era pequeña me imaginaba un pajarito volando a la ventana y contándole a mi madre lo que yo hacía, así que me pareció que no podía haber un mejor protagonista para la historia. A Olivia, El Pajarito la visitaba una o dos veces por semana. En sus visitas le dejaba un huevito chiquitito de chocolate envuelto en papel dorado y nosotros le contábamos que El Pajarito venía a visitarla porque sabía que usaba chupete. Las visitas duraron varios meses. Normalmente venía al día siguiente de haberse portado bien y ella se ponía muy contenta con este refuerzo positivo.
En nuestra casa, el día que se llevó los chupetes fue muy emocionante, parecido a cuando vienen Los Reyes Magos. Después de tan buena experiencia, se me ocurrió que podía escribir la historia y convertirla en cuento, para que fuera una herramienta divertida de acompañamiento y poder ayudar a otros padres en esa etapa tan difícil que es la de decir adiós al chupete.
Aunque la historia ya la tenía, tardé varios años en ponerme con las ilustraciones porque nunca sacaba tiempo, hasta que el covid nos pilló en Australia y, como cerraron los aeropuertos y no podíamos volver a España, pensé que era el momento. Mi marido y yo tenemos una pequeña editorial y, aunque este ha sido mi primer cuento (porque mis otros libros son fotográficos), ya había hecho algunas ilustraciones para niños, por lo que tenía algo de ventaja. Sabía que una vez terminado se iba a publicar, pero quería hacerlo redondo, que gustara a los niños y que hiciera feliz a muchas familias.
Me llevó bastante tiempo, incluyendo la web donde poder descargarse los dibujos que colorea Olivia en el cuento y “La Carta” que El Pajarito del Chupete deja el último día, pero el resultado fue perfecto y, cuando los padres me escriben y me cuentan cómo han disfrutado de su aventura, se me hincha el corazón de alegría sabiendo que yo les he ayudado un poquito.
¿Qué deberían tener en cuenta los papás de aquellos peques a los que les cueste más de lo normal dejar el chupete?
Esta es una etapa realmente muy bonita y se puede disfrutar mucho de ella. No hay que tener prisa; en nuestra casa El Pajarito del Chupete se tomó su tiempo. Mejor no agobiarse, porque cuando llega el día de decir adiós al chupete se sabe. Cada niño tiene su propio ritmo, por lo que hay que tener paciencia y esperar el momento adecuado.
El acompañamiento es primordial, validando y ayudando al niño a regular sus emociones. Los rituales y rutinas dan seguridad y, las visitas de El Pajarito del Chupete, ayudan a que el niño anticipe lo que va a pasar, dándole un porqué y un para qué, ofreciéndole una despedida emocional y reduciendo de ese modo la ansiedad.
Seguir con el chupete más allá de los 4 años se considera claramente perjudicial a nivel lenguaje, dentición, desarrollo orofacial y relaciones sociales.
¿Qué hacer en caso de que, una vez retirado, vuelvan a reclamarlo pasados unos días o unas semanas?
Hay que ser firme. No conviene devolvérselo por pena, pero tampoco ignorar la emoción que el niño está sintiendo. Por el contrario, conviene hablar de ello, validar sus sentimientos y hacerle ver que le comprendes diciéndole que entiendes que lo esté echando de menos.
Un buen recurso es recordar juntos la despedida y revivir con cariño cómo fue el decirle adiós al chupete. Siempre ayudando al niño a regularse, con abrazos y caricias, también se puede cantar o simplemente ofrecer tu presencia física y respirar juntos.
El cuento de El Pajarito del Chupete está pensado precisamente para que los niños digan adiós al chupete y no vuelvan a depender de él, porque El Pajarito del Chupete se lleva todos los chupetes para siempre y así hay que explicárselo a los niños. De esta forma los padres no pueden ser los responsables de su devolución y cuando los niños entienden esto lo asumen como natural. En este caso la labor de los padres es el acompañamiento. Puede que haya llanto o enfado, pero eso no es sufrimiento dañino, sino aprendizaje emocional.
¿A qué puede deberse esa “regresión”?
El chupete, aunque ya no esté presente, sigue teniendo un impacto emocional en el niño. Volver a pedir el chupete no es realmente una regresión, sino una búsqueda de seguridad en determinados momentos de cansancio, estrés o enfermedad porque ha sido un regulador emocional y lo recuerda como algo que le ayudó en el pasado. Muchas veces no es por el chupete en sí, sino por algo concreto que al niño le está pasando, por lo que, hay que estar atento y prestar atención a si ha habido cambios que le provoquen esa inquietud.






