En la extensa lista de looks nupciales icónicos que se alejaron del clásico vestido de novia, es fácil encontrar a las grandes divas de Hollywood (como Audrey Hepburn o Marilyn Monroe), pero también a promesas del universo del cine que eran todo un fenómeno en su tiempo. Es el caso de Sharon Tate en su boda con Roman Polanski, el 20 de enero de 1968 en el distrito de Chelsea, Londres. La joven actriz, que fue nominada al Globo de Oro por El valle de las muñecas, se casó con el reputado director, guionista y productor un 20 de enero de 1968, cuando ya su indiscutible belleza le había granjeado una gran popularidad.
Hollywood en una misma boda
A las puertas de la oficina del distrito, en King’s Road, se agolpaban la prensa y los curiosos, que esperaban con ganas a la pareja de recién casados. Los dos escogieron esta ciudad porque la conocían, se sentían cómodos en ella y contaban con un gran número de amigos en la misma. En concreto dos de ellos, el productor Gene Gutowski y la actriz Barbara Parkins ejercieron de padrino y madrina respectivamente. Otros convidados, del mundo del séptimo arte, estuvieron presentes durante la jornada; Joan Collins, Warren Beatty, James Fox, Barbara Parkins, Candice Bergen, Leslie Caron, John y Juliet Mills y Laurence Harvey entre ellos.
El día anterior al ‘sí, quiero’ el novio tuvo su propia despedida de soltero, solo para hombres, algo que no terminó de convencer a Sharon Tate. Se encargó de organizarla Victor Lownes, ejecutivo de Playboy, tal y como el propio Polanski narraría en sus memorias. Precisamente al club Playboy se trasladaron por la tarde con los asistentes al enlace, para celebrar por todo lo alto esta nueva etapa de su amor (los prometidos se habían conocido cuando el productor buscaba rostros femeninos para su cinta El baile de los vampiros) . El suyo no sería un festejo convencional, pues estaría marcado por el concepto de libertad y diversión propio de la época, con abundante champán y el servicio femenino vestido con disfraces de conejita.
Una novia que mostraba las piernas
“Formábamos un grupo muy grotesco. Cuando contemplo ahora las fotografías de nuestra boda, me llama la atención lo insólito de nuestros atuendos en plena era jipi”, contaría el reconocido director en su autobiografía. Y es que su gran día fue un reflejo claro de sus tiempos: los del Swinging London, un movimiento que, en plena década de los años 60, revolucionaría la capital británica en términos culturales. La modernidad, la independencia y el hedonismo pasaban la primer plano. Esto se reflejo también en los diseños escogidos por los protagonistas en esta jornada tan señalada.
Roman Polanski optó por un traje nada previsible, nada bohemio —como podría esperarse en la época— y sí muy teatral, en lo que podría considerarse un guiño al vestuario en el marco del cine. Se había decantado por un color nada sobrio, el verde oliva, en una chaqueta de estilo eduardiano que contaba con blusa voluminosa a juego, en sintonía con la corriente estética que protagonizaban los Mod. Por su parte, su futura esposa huyó de los vestidos de novia clásicos y se decidió a mostrar las piernas en un vestido corto. El diseño contaba con una silueta babydoll, un largo mini, unas mangas entre jamón y julieta, cuello cisne, madroños en puños, muñecas y brazos y lazadas en las mangas.
La pieza estaba confeccionada en muaré de seda color marfil y sus detalles (lazos y ribetes) eran de terciopelo azul bebé. La creación se terminó subastando en noviembre de 2018 (50 años después del enlace) en la casa de subastas Julien’s Auction y su comprador llegó a pagar por él más de 50.000 euros. En un primer momento, antes de este hito, se pensaba que la propia Tate había dado forma a esta prenda. Sin embargo, no fue así, según confirmó su hermana, Debra Tate, para esta subasta. “Alba, diseñadora a medida de la élite de Hollywood en la década de 1960, contaba entre sus muchas clientas con la glamurosa Elizabeth Taylor. Mi igualmente glamurosa hermana Sharon recurrió a los servicios de Alba antes de una variedad de ocasiones especiales, incluidos los Globos de Oro y, su evento más importante, su boda”.
El tocado, ¿inspirado en el de Elizabeth Taylor?
La intérprete no quiso que su estilismo terminara ahí y se decidió a sumar una nota aún más romántica al resultado. Además de unas medias blancas y unos cómodos zapatos Mary Jane, escogió un peinado que captó todas las miradas por aquel entonces. A su melena suelta, con marcadas ondas, sumó un gran número de lazos y flores (que parecían azahar) repartidos por todo el pelo. Unas variedades florales también presentes en el ramo nupcial que escogió, que nos recuerda a los bouquets rígidos propios de la década de los sesenta y que parece estar compuesto por rosas, paniculata y algunos materiales de relleno.
La elección de este peinado por parte de Sharon Tate nos recuerda a la que hizo años antes la estrella de los ojos violeta, Elizabeth Taylor, en su primera boda con Richard Burton. Fue en el Hotel Ritz-Carlton de Montreal, Canadá el 15 de marzo de 1964 cuando deslumbró como novia con su vestido ablusado de color amarillo y una larga y voluminosa coleta con un tocado de flores blancas de azahar repartidas por toda la cabellera. ¿Podría, entonces, haberse inspirado Tate en ese complemento floral? Es posible, dado que incluso eligió una diseñadora para su vestido que trabajaba con la gran diva del cine. También conviene recordar que en esta década era más que habitual ver flores en el pelo frente a otros accesorios nupciales, puesto que el movimiento hippy estaba en su gran momento y numerosas novias se casaban por lo civil luciendo complementos de este tipo.
Una nueva vida
Al concluir el enlace, el recién estrenado matrimonio inició una nueva vida en Los Ángeles, con mudanzas habituales hasta que terminó por establecerse en el número 10050 de Cielo Drive. Allí un fatídico desenlace encontraría a la actriz, embarazada de ocho meses y medio. El 9 de agosto de 1969 sería asesinada, junto a otros cuatro amigos, por cuatro integrantes de la secta conocida como La Familia Manson, que tenía al frente a Charles Manson. Y aquello marcó a Roman Polanski para siempre.













