Dejar atrás esta ola de frío que se ha instalado en nuestro país para disfrutar de un verano sin fin en las playas de Punta Cana, suena bien. Muy bien. Especialmente si este viaje tiene como objetivo celebrar el amor por todo lo alto. Así lo han hecho Fernando Sarasola y Sara Zaldívar, que han comenzado el 2026 dándose el 'sí, quiero' con una espectacular boda celebrada en República Dominicana, poniendo así el broche perfecto a diez años de relación.
El exjinete olímpico y la arquitecta ya habían pasado por el altar de manera discreta hacía nueve años, pero quisieron esperar para celebrarlo. Y vaya si lo han hecho: la pareja ha disfrutado de cinco días de fiesta rodeados de amigos y familiares, que comenzaron el 30 de diciembre con una reunión íntima, para dar paso después a una preboda que coincidió con Nochevieja, y finalmente, el gran día. La novia fue la protagonista indiscutible, estrenando cinco fabulosos vestidos.
Un diseño sirena para darse el 'sí, quiero'
El 3 de enero tuvo lugar la boda en un escenario de ensueño: al atardecer, en Playa Blanca, con 150 invitados y el sonido de las olas de fondo. Sara Zaldívar recorrió el camino al altar de la mano de su hijo mayor, Tristán, con un vestido de corte sirena y escote palabra de honor ajustado al cuerpo, de la firma neoyorquina Bronx and Banco.
Allí le esperaba Gigi, con la hija pequeña de la pareja, Gala, contemplando el diseño de la novia, que destacaba por su cuerpo encorsetado y las decenas de flores bordadas que bañaban el tejido semitransparente con el que estaba confeccionado.
"Me costó muchísimo elegirlo. No suelo ser indecisa, pero he mirado 200 millones de vestidos", confesaba la protagonista del día a ¡HOLA! Tenía claro que no quería perder el tiempo probándose vestidos de novia, por lo que quiso optar por lo práctico y encargarlo por internet. Por suerte, al recibirlo, tuvieron que hacerle muy pocos arreglos.
Una creación nupcial larga, con una cola muy sutil, que Sara acompañó con guantes del mismo estilo, también florales, dejando las manos al descubierto y luciendo una sencilla manicura en color rosa pálido, un tono muy común entre las novias. Decidió prescindir del velo para adornar su melena con un bonito semirrecogido, que dejaba ver unos pendientes de diamantes y perlas en forma de gota, que eran de su madre, fallecida hace unos años y que cumplían con la tradición de 'algo prestado'. Como ramo, escogió una composición formada por calas blancas.
Un segundo vestido corto para bailar toda la noche
Fue alrededor de las 19:30 cuando comenzó el banquete y la posterior fiesta, momento en el que Sara hizo su segundo cambio de look. En lugar de optar por un vestido transformable, tendencia popular entre las futuras novias, prefirió cambiar de diseño en favor de un modelo corto que le permitiese bailar cómodamente.
En esta ocasión se trataba de un diseño de la firma Annie's Ibiza, ideado por la diseñadora italiana Silvia Astore. Un vestido confeccionado en satén blanco con escote adornado por perlas y cristales, con una minifalda plisada con volumen y cuerpo encorsetado. Fue con esta creación con la que la novia bailó junto a su esposo el popular tema Fly me to the moon, de Frank Sinatra.
Los tres vestidos previos a la boda
El día 30 de diciembre, los novios tenían preparada una reunión en la casa del empresario José Rivero, para los primeros invitados en llegar y donde Sara lució su primer vestido de inspiración nupcial, que era de lentejuelas. Al día siguiente tuvo lugar la preboda, un fiestón inspirado en La Habana de los años 50, con unas 300 personas.
Allí estrenó un vestido corto de escote corazón con cuerpo drapeado y falda abullonada, que combinó con un gran collar de perlas, joyas de Suárez, bolso de Dior y sandalias de tacón diseñadas por su amiga Isabel Abdo. "Quería algo muy caribeño, para que nuestros invitados lo sintieran, e hicimos la fiesta en una casa preciosa de un amigo, que es supergeneroso. ¡Fue una fiesta muy glamurosa!", explica la novia en exclusiva a ¡HOLA!
Para el 1 de enero, tras la preboda, el matrimonio disfrutó de un día de playa. Y al día siguiente, ambos organizaron un divertido torneo de golf, al que Sara llevó un nuevo diseño: se trataba de un vestido en blanco satinado con pronunciado escote y fruncido central, que acompañó con unas gafas de sol redondas y unas cómodas sandalias planas, un look relajado, más acorde con el plan.
"Algo que nos caracteriza es que somos poco convencionales. Quería algo distinto y me parecía divertida la fecha. Además, la gente puede venir por vacaciones", admitía Sara durante una entrevista exclusiva con ¡HOLA! Sin duda una boda de invierno diferente, que ni los novios ni sus invitados olvidarán.














