Hace exactamente un año, en esta cabecera, dábamos cobertura en directo de un nuevo enlace aristocrático en nuestro país, al que acudieron varios miembros de la Familia Real española; entre ellos don Felipe VI. Y es que la novia no era otra que su ahijada, Victoria López-Quesada, quien se dio ese 31 de agosto de 2024 el "sí, quiero" con el empresario Enrique Moreno de la Cova en la finca familiar de Soto de Mozanaque. Hija de Pedro López-Quesada y Fernández-Urrutia y Cristina de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, fue la protagonista de una jornada de cuento de hadas en la que, con su vestido de novia y una tiara histórica que aderezaba el look nupcial, hizo los debidos homenajes a su respetado linaje.
El vestido de novia de Victoria López-Quesada: un diseño minimalista de Caprile
Victoria López-Quesada eligió a Lorenzo Caprile para la confección de su vestido, al igual que hizo su madre aquel 15 de julio de 1994 en el que se casó con Pedro López-Quesada. Bien es cierto que sus diseños guardan pocas similitudes -el de Cristina de Borbón-Dos Sicilias era mucho más recargado, atendiendo a las tendencias nupciales de la época-, pero, aun así, se pueden apreciar un puñado de referencias a la ascendencia de la aristócrata en este precioso look, una apuesta minimalista con toques vintage que conquistó a las prometidas clásicas el pasado verano.
El vestido de Victoria presentaba el escote barco que tanto nos recuerda a Meghan Markle, una silueta entallada y solo dos detalles que rompen el minimalismo del diseño: unas mangas largas realizadas en gasa más ligera que el resto del traje -un buen truco para no pasar tanto calor si te casas en verano- y una banda de flores bordadas en color champán que marcaba el pecho de la novia desde abajo, como si se tratase de un bustier. Desde allí, nacía una falda evasé que cubría sus zapatos, también blancos y con aplicaciones florales.
La boda aristocrática que reunió a la Familia Real en Madrid
A solo 20 minutos de Madrid, la finca Soto Mozanaque, en Algete, fue el escenario elegido tanto para la ceremonia como para el convite. Este recinto histórico comenzó a construirse en 1731 como palacio de recreo por iniciativa del duque Cristóbal de Moscoso y, en 1818, el marqués de Alcañices añadió una capilla bendecida con autorización del arzobispo de Toledo, Luis de Borbón. El catering Ciboulette y las flores de Aquilea (de las hermanas Barreiros Cotoner) dieron forma a uno de los grandes eventos sociales del año, celebrado a partir de las siete de la tarde.
En representación de la Familia Real, acudieron el rey Felipe VI; la reina Sofía; las infantas Cristina y Elena, y sus hijas, Irene Urdangarín y Victoria de Marichalar, siendo esta última una gran amiga de la novia. Otros invitados al enlace fueron los duques de Huéscar, Fernando Fitz-James Stuart y Solís y Sofía Palazuelo, los condes de Osorno, Carlos Fitz-James Stuart y Belén Corsini; Teresa de Borbón-Dos Sicilias e Íñigo Moreno de Arteaga, así como Kubrat de Bulgaria y Carla Royo-Villanova.
Una tiara histórica de botones de diamantes
Como era de esperarse, Victoria López-Quesada aderezó el look de su boda con la impresionante tiara familiar de botones de diamantes, la misma que utilizaron su madre y su tía y que ha sido propiedad de sus antecesoras por generaciones. Nuestra protagonista la transformó para su gran día, añadiendo en el centro de la montura una flor de lis cuajada de brillantes.
Es una de esas joyas que admiten múltiples versiones. Recordemos que, el 27 de septiembre de 2003, su tía Victoria, quinta hija de los duques de Calabria, no solo se decantó por esta pieza para su boda, sino que optó por repartir los botones de la tiara (que se pueden usar como broches de manera independiente) sobre el complicado semirrecogido de ondas de agua que le caía por la espalda.
Herencia familiar
Perteneció originalmente a la archiduquesa María Cristina de Austria, duquesa de Teschen, siendo un regalo de bodas que recibió Alicia de Borbón-Parma, bisabuela de Victoria, por parte de su familia. En cuanto a la elección del velo, no extrañó a quienes conocen su historia, puesto que se trata del mismo que usó su abuela, la princesa Ana de Orleans, en su boda con don Carlos de Borbón. Un accesorio de estilo mantilla con puntilla y flores bordadas que Victoria sujetó, como hizo su madre, Cristina, con la mencionada tiara de botones de diamantes.
Los pendientes, aunque más discretos que aquella imponente tiara familiar, son también un elemento crucial del estilismo y esconden una bonita anécdota que refuerza el vínculo tan fuerte de Victoria con sus padres. Hablamos de dos piezas formadas por rosetas de diamantes desmontables con perlas, que, según aseguraron en su día a ¡HOLA! los expertos de Havana Joyeros, forman parte del regalo de boda de Pedro López-Quesada y Cristina de Borbón-Dos Sicilias. No faltó, por último, el anillo de pedida, presidido por una esmeralda de gran tamaño rodeada de diamantes.