Las redes sociales se ha convertido en un lugar en el que las tendencias campan a sus anchas a través del feed y donde novias como Mónica encuentran inspiración. Y nuestra protagonista del día, Lucía, siguió los mismos pasos hasta dar con Sofía Delgado, la diseñadora que fue capaz de dar forma su vestido de novia y acabar con su indecisión. “Tenía claro lo que no quería, pero no exactamente lo que quería. No sabía ni qué estilo de vestido, ni qué tejido era el más adecuado…”, nos cuenta.
Tras visitar su atelier en Madrid un año antes de la boda, salió convencida de que sería ella la encargada de diseñarlo. Le sedujo su sensibilidad, cómo supo comprenderla desde el primer instante. Sencillez, elegancia y un toque especial son las bases de su trabajo y los conceptos con los que empezaron a moldear todo. Un diseño destinado también a llamar la atención de tantas otras futuras novias que, como ella, buscarán inspiración en cualquier rincón.
Un vestido sencillo y Lanvin como inspiración
El hermano de Lucía sabe mucho de moda y, durante una visita a París, le estuvo mandando fotografías de looks a modo de inspiración. “En concreto, me envió uno de Jeanne Lanvin que vio en el Palais Galliera que me encantó”, reconoce. Dado que que es la fundadora de la segunda casa de moda más antigua de la historia y una de las grandes visionarias del sector, su impronta bien merecía ser revisada. Por eso, le mostró esa idea a Sofía y juntas comenzaron a dibujar un diseño que enlazaba su personalidad con las tendencias de ayer y de hoy. Así, empezó a tenerlo claro.
“Como base, quería un vestido sencillo”, apunta Lucía, que se decantó finalmente por el siempre acertado escote halter, todo un éxito entre las novias sencillas y minimalistas. Este tipo de escotes siempre han estado en boga en la industria nupcial y más desde que Meghan Markle soprendió en su boda con un segundo look de novia con estas características. Fue obra de Stella McCartney y cumplía con los requisitos básicos: anudado al cuello de la manera tradicional.
Sin embargo, el de esta prometida era un tirante cruzado al cuello que nos hace revisar los archivos del año 2005, cuando Ralph Lauren puso sobre la pasarela esta misma idea en un vestido de aire lencero para la colección prêt-à-porter Otoño/Invierno. Sofía Delgado renueva este concepto nostálgico y premonitorio, depurándolo al máximo y haciendo un corte por debajo del pecho para obtener un mejor ajuste y una mejor caída.
La falda, rematada por una escueta cola, tiene godets que crean un bonito movimiento del tejido al caminar. Esto no hace nada más que reafirmar las bases de una moda cíclica y atemporal que va más allá de los dictados de la moda.
Una capelina y una flor que lo cambian todo
“Me imaginé con una capa que no fuera la clásica larga para el momento de la ceremonia en la iglesia”. Las capas son una tendencia que también lleva años triunfando sin precedentes, aportando un toque de teatralidad a cualquier conjunto. Si bien estamos acostumbradas a diseños imponentes rematados en colas de arrastre, ella quería algo diferente, más sencillo y adaptado a su estilo.
Así pues, la couturier tiró de ingenio y consiguió crear una capelina corta y drapeada, de estructura ligera y casi arquitectónica, que daba volumen sin resultar recargado. El tejido escogido fue un crepe de seda, precisamente por su movimiento y esa caída tan especial que tiene. “Tenía claro que quería un único vestido con el que me sintiera cómoda todo el día, pero que fuera convertible y esto lo conseguimos con la capa. Quería llevar algo más desenfadado para la fiesta y me la quité para el baile. Además, era una buena opción porque en Pamplona el tiempo es una constante incertidumbre”.
Apunta que “también le gustan mucho las flores”, por lo que la remató con una flor a modo de broche, hecha a mano con el mismo tejido. Y es que, desde que Virgine Viard devolvió el protagonismo a la camelia de Chanel hace dos años sobre la pasarela, las flores han brotado más silvestres que nunca sobre el panorama, tanto en el de novias como en el de invitadas. Un detalle perfecto y polivalente para su look nupcial. “La flor de la capa era extraíble y, cuando me quité la capa, la coloqué sobre el vestido para darle un toque especial”, nos cuenta.
El proceso fue un vaivén de pruebas y nervios iniciales, aparte de la excusa perfecta para reunirse con sus familiares en Madrid. Un proceso fácil, fluido, donde no hubo grandes cambios. “Me encantó un consejo que me dió Sofía y es que, una vez que tuviera mi diseño, intentara no ver más vestidos de novias ya que igual me hacían dudar. Soy muy indecisa”, confiesa.
Unos accesorios especiales
Los zapatos fueron el primer flechazo inesperado. Los encontró en una tienda vintage de Florencia durante un viaje, unos Prada de tacón de aguja que no sabía si encajarían bien. “No estaba del todo segura si iban a funcionar, pero cuando me los probé decidí que serían los elegidos”, recuerda. La combinación resultó ser un acierto. A pesar del tacón, los llevó durante toda la jornada.
Las joyas que lució estuvieron llenas de significado. Los pendientes que llevó durante la ceremonia no eran unos cualquiera: se trataba de una pieza de zafiros y diamantes, un regalo que su padre le hizo a su madre, y que ella quiso llevar como homenaje. “No estoy acostumbrada a llevar pendientes pegados, pero cuando me los probé, me encantaron”, explica. Consciente de que menos es más, no sumó más piezas innecesarias: tan solo su anillo de pedida. En el último momento, decidió añadir una joya muy especial. “Me puse un reloj que era de mi abuela, es de platino y la esfera está rodeada de diamantes”. Un detalle íntimo que llevó con orgullo.
En lugar de optar por un segundo vestido, Lucía prefirió dejar que los accesorios y la forma de llevarlos marcaran el ritmo del día, así que, para la fiesta, cambió sus pendientes por otros más ligeros y añadió un brazalete de Elsa Peretti. “Me lo regalaron mis hermanos ese mismo día”. Fue una forma de introducir un nuevo guiño personal sin perder la coherencia.
El ramo también hablaba de su estilo: sencillo, limpio y depurado. Desde buscaba algo en tonos blancos, sin estridencias. “Finalmente me decanté por las calas, es una flor que me encanta por la sencillez y elegancia que transmiten”, cuenta. Su porte escultórico y su aire minimalista se guiaban por la tendencia estrella de las novias, que eligen ramos hechos con una sola flor protagonista.
El maquillaje y el peinado siguieron la misma filosofía. “Quería algo natural, ya que no suelo maquillarme mucho y no quería verme muy diferente ese día”, explica. El resultado fue un look fresco, natural, en el que ella se sentía reconocible y auténtica. En cuanto al peinado, lo tuvo claro. “Desde el principio supe que quería llevar el pelo recogido, en concreto, con un moño; finalmente me decanté por un moño estilo bailarina”, detalla. Una opción siempre acertada y atemporal.
Su historia de amor
Lucía y Sergio se conocieron en el colegio, aunque durante años apenas habían cruzado palabra. Fue ya en bachiller, y gracias a un grupo de amigos en común, cuando empezaron a coincidir con más frecuencia. Y así, casi sin darse cuenta, la amistad se fue transformando en algo más profundo. “Hemos crecido juntos y consideramos que eso ha sido la clave de nuestra relación”, cuenta con esa calma que da el tiempo compartido. El suyo es uno de esos amores tranquilos, que se construyen paso a paso, sin prisas. Cuando llevaban 11 años juntos, durante un viaje a Venecia que aún recuerdan con una sonrisa, él le pidió matrimonio.
Se casaron el 31 de mayo en Pamplona, y tanto el lugar de la ceremonia como el de la celebración no fueron casuales. Ella siempre había soñado con contraer matrimonio en la Iglesia de San Nicolás, el templo en el que fue bautizada y comulgó por primera vez, y que también ha sido testigo de muchos momentos importantes para su familia. “Me hacía mucha ilusión casarme allí, y a Sergio le pareció muy bien”.
Para el banquete eligieron la finca El Peregrino, en Puente la Reina, a apenas media hora de la ciudad. Fue el primer espacio que visitaron, y no necesitaron más: “En cuanto salimos, tuvimos claro que queríamos celebrar ahí nuestra boda”. Hoy, con la perspectiva del tiempo, no tienen ninguna duda: “Lo volveríamos a elegir mil veces”.
La decoración
Era un entorno rodeado de naturaleza, sencillo y cuidado, que encajaba a la perfección con el espíritu de su celebración. Una celebración orquestada por ellos mismos, que decidieron prescindir de wedding planner y encargarse de los preparativos. “Nos parecía una idea divertida”, aunque no se libraron de algunos imprevistos. “Tuvimos bastante tiempo para organizar la boda, pero esto al final se volvió un poco en nuestra contra: nos confiamos y dejamos algunas cosas menores para el último momento” reconocen.
La madre de Lucía se encargó de elegir las flores de la iglesia, “le encantan y tiene mucho gusto” y, para la finca, optaron por unos centros de mesa en tonos verdes con flores amarillas como guiño primaveral.
“Del diseño de la papelería se encargó mi hermano, es muy creativo y se le ocurrió el anagrama LSSL (nuestros nombres y nuestros apellidos tienen las mismas iniciales pero al revés) que estuvo presente tanto en las invitaciones como en el sitting”, nos explica.
Lo más especial para este recién estrenado matrimonio fue ver a toda la gente que quieren en un mismo lugar reunidos por ellos. “Fue el día más feliz de nuestras vidas y nos dio mucha pena que pasara tan rápido”, reconocen, no sin antes dar un último consejo: “disfrutad muchísimo de un día único en la vida. Cada momento es especial”.