La boda de la princesa María Carolina de Liechtenstein y Leopoldo Maduro Vollmer, celebrada hoy en la catedral de St. Florin en Vaduz, ha reunido a un selecto círculo de invitados de la realeza y aristocracia europea en una celebración que combina tradición, lujo y un cuidado extremo del detalle. Aunque la princesa no está en la línea de sucesión —Liechtenstein mantiene la Ley Sálica—, su enlace ha sido uno de los eventos sociales más esperados del verano en Europa. La ceremonia, enmarcada en la catedral neogótica de la capital, construida en 1873, ha respetado un estricto protocolo real. La novia ha sorprendido con un maravilloso vestido de encaje y la histórica tiara Fringe.
Entre los detalles que han llamado la atención, destaca el sello español de Mimoki, presente en varias invitadas de la boda, un reflejo de la proyección internacional de la firma en enlaces de alto perfil. Cada tocado es un ejemplo de cómo la tradición se encuentra con la modernidad, respetando las normas protocolares de la realeza europea y potenciando la personalidad de quien lo lleva.
Protocolo real
Al tratarse de una boda real de mañana en la catedral de St. Florin en Vaduz, las invitadas, entre las que se ha encontrado la duquesa de Medinaceli, han seguido un protocolo muy marcado. Los tocados son casi obligatorios, con alturas y formas que respeten a la novia y aporten elegancia sin robar protagonismo. Los colores se eligen con cuidado: tonos discretos o a conjunto con el vestido, con pequeños detalles de plumas o flores para un toque personal. Las madrinas y familiares cercanos suelen optar por piezas a medida. Siempre que sea posible, se recomienda colocarlos hacia el lado derecho de la cabeza, una práctica habitual ya que la mujer suele ser llevada del brazo izquierdo por su acompañante, de manera que el complemento no obstruya la visión ni interfiera en los gestos protocolarios.
La madrina, con diseño a medida
La madrina, Sofía Vollmer, ha llevado el tocado Lina Azul de Mimoki, creado a medida, una pieza única de sinamay azul claro con ala levantada, bies al tono, raqui y delicadas antenitas. La pieza combina artesanía y sofisticación, aportando elegancia y un aire contemporáneo sin eclipsar a la novia. Su altura y diseño cumplen con el protocolo real para madrinas, equilibrando presencia y discreción.
Las hermanas del novio
Emilia Maduro, hermana del novio, ha optado por el modelo Babel de Mimoki, un casquete de parasisal nude con ala levantada, bies de sinamay y plumero. El tocado respeta la tradición de cubrir ligeramente la cabeza en ceremonias religiosas y aporta un toque moderno, jugando con texturas y volúmenes.
Sofía, otra hermana del novio, ha elegido el tocado Jerez de la marca española, un diseño alado en parasisal rojo decorado con flores de hortensias rojas y buganvilla. La pieza, más atrevida y llamativa, demuestra cómo Mimoki combina el respeto al protocolo con creatividad y estilo, logrando un equilibrio perfecto entre audacia y elegancia.
Lujo y artesanía española en la realeza
Creada por Ana María Chico de Guzmán, Mimoki se ha convertido en un referente internacional en bodas y eventos de la alta sociedad. Desde su taller en Madrid, abierto en 2008, la firma produce tocados personalizados con técnicas artesanales que cuidan cada detalle: la textura del sinamay, la colocación de las antenitas, el vuelo de los plumeros. La firma española ha acompañado a invitadas de la realeza en distintas ceremonias europeas, consolidando su reputación como una de las casas más exclusivas en accesorios nupciales.
La boda de María Carolina de Liechtenstein no solo ha sido un acontecimiento histórico para el pequeño principado alpino, sino también una pasarela para la excelencia del diseño español.