El pequeño Principado de Liechtenstein está viviendo uno de los acontecimientos más señalados de su historia reciente: la boda de la princesa María Carolina von und zu Liechtenstein, de 28 años, única hija del heredero al trono, el príncipe Alois, y de la princesa Sofía de Baviera. La joven ha dado el “sí, quiero” a su prometido, el financiero venezolano Leopoldo Maduro Vollmer, de 34, en una ceremonia que combina la discreción propia de la familia con la solemnidad de un evento que reúne a buena parte de la aristocracia europea.
La llegada de la novia
Desde primera hora de la mañana, Vaduz, la capital del Principado, vive un ambiente festivo y expectante. Entre los asistentes figuran miembros de la realeza de Luxemburgo y Bélgica, además de representantes de otras casas históricas de Europa, que no han querido perderse el enlace. La novia ha llegado en un Rolls Royce clásico de color blanco, acompañada de su padre, el príncipe heredero Alois. En una imagen de cuento de hadas, ha subido la escalinata de la catedral de San Florián, un templo de origen humilde —construido en el siglo XIX como iglesia de pueblo— y elevado a rango episcopal en 1997, reflejo del fuerte vínculo católico de la familia. A las puertas, curiosos, prensa internacional y un impecable despliegue de protocolo han aguardado su llegada.
El vestido incógnita
Una de las mayores incógnitas era el vestido de novia de la princesa María Carolina. Fiel a la tradición de la familia, se esperaba que apostara por la elegancia clásica y la discreción, quizá con una tiara de la colección principesca. Las primeras imágenes de su entrada a la catedral de Vaduz han confirmado todas las expectativas: la novia luce un diseño maravilloso, romántico y evocador, que combina la atemporalidad de los grandes clásicos con un toque actual. El vestido presenta un corte princesa ligero, con una falda de volumen moderado y movimiento natural que aporta ligereza al conjunto.
El cuerpo es ajustado, marcando la cintura y enmarcando su figura de manera elegante, mientras que el escote barco se insinúa de forma sutil. El tejido, delicado y etéreo, combina tul y transparencias con pequeños detalles que recuerdan al plumeti, que se repiten en el velo, aportando un efecto de ensueño. Las mangas, cortas y terminadas en un precioso volante plisado, evocan la ligereza de las faldas de una bailarina de ballet, jugando con la estructura, el volumen y el movimiento de la prenda, en perfecta armonía con la silueta de la novia.
Las joyas de la familia
Para coronar su vestido, la princesa María Carolina ha escogido la tiara Fringe de Habsburgo, un emblema histórico de la familia real de Liechtenstein y un verdadero símbolo dinástico. Esta pieza, con su característico diseño de diamantes en forma de flecos inspirado en los kokoshniks de la corte rusa, ha sido un referente en bodas reales de todo el mundo, desde Reino Unido hasta Suecia, Dinamarca, Mónaco y Grecia. Fabricada por Köchert alrededor de 1890 para la archiduquesa María Teresa de Austria, la tiara fue heredada por la archiduquesa Elisabeth y posteriormente llevada por miembros de la familia Liechtenstein en bodas históricas, incluida la de Prince Hans-Adam II en 1967 y otras celebraciones de la realeza europea. Su prima María Anunciata la escogió para su boda religiosa en 2021, confirmando su carácter atemporal.
Acompañando a la tiara, María Carolina ha lucido unos pendientes de diamantes con forma de lágrima, suspendidos de un delicado lazo también engastado en diamantes. Aunque recuerdan a otras piezas de la familia, estos pendientes parecen ser herencia de los Kinsky, la familia materna del príncipe Hans-Adam II, y destacan por su elegancia discreta, aportando un brillo sutil que completa a la perfección el romántico vestido y el largo velo de la princesa. Los pendientes han tenido apariciones previas en eventos de la realeza, reforzando su carácter atemporal y su conexión con la historia familiar.
La novia y el novio
María Carolina, aunque no forma parte de la línea sucesoria debido a la Ley Sálica, posee los títulos de princesa y condesa de Rietberg. Su formación en la Parsons School of Design de París y Nueva York y su trabajo en la industria de la moda en Londres la han convertido en un referente de estilo discreto y elegante, capaz de despertar gran expectación ante cada aparición pública.
Desde 2016 reside en Londres, donde también conoció a Leopoldo, su marido. Su relación, marcada por la discreción, culminó en el compromiso anunciado en octubre de 2024. El romance entre la princesa europea y el joven venezolano, que combina raíces aristocráticas con éxito en el sector financiero, ha sido seguido con interés por la prensa de toda Europa. El novio nació en Caracas en 1990 y pertenece a una familia venezolana de gran tradición. Estudió en el Colegio San Ignacio de Loyola, Harrow School, St Andrews y Cambridge, y desarrolló su carrera en banca de inversión en París y Nueva York antes de establecerse en Londres, trabajando en gestión de patrimonios.
Historia y protocolo
La boda de María Carolina guarda paralelismos con la de sus padres, el príncipe Alois y Sofía de Baviera, celebrada también en Vaduz en 1993. El príncipe heredero Alois ejerce como regente del país, mientras que Hans-Adam II mantiene el título de jefe de Estado, símbolo de la continuidad histórica de la familia. La ceremonia ha contado con la presencia del arzobispo Benno Elbs, responsable de oficiar la boda.