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Michelle Obama se forja un legado contra la obesidad infantil

Michelle Obama se forja un legado contra la obesidad infantil

Desde la pequeña parcela que sembró al llegar a la Casa Blanca con el temor de que solo brotaran "hierbajos", Michelle Obama ha hecho balance de su campaña contra la obesidad infantil y ha prometido seguir en ella el resto de su vida, convencida de que la alimentación sana "no es una moda pasajera". "Jardín para la cocina de la Casa Blanca, establecido en 2009 por la primera dama Michelle Obama con la esperanza de cultivar una nación más saludable para nuestros niños". Esa placa permanente, inaugurada el pasado miércoles en la entrada del huerto, envía un mensaje sutil al ganador de las elecciones de noviembre: las verduras se quedan aquí. "Confío en que las primeras familias del futuro cuiden de este jardín como lo hemos hecho nosotros, y que se convierta en una de las tradiciones de la Casa Blanca", dijo una emocionada Michelle Obama al inaugurar una ampliación del huerto. El jardín de verduras y hortalizas, que se ha duplicado en tamaño y ocupa ahora unos 260 metros cuadrados en el sur de la parcela presidencial, fue el germen de la iniciativa Let's Move ("Movámonos"), lanzada por la primera dama en 2010 para promover la alimentación saludable y el ejercicio entre los niños. Seis años después, muchos expertos en nutrición consideran que la campaña ha tenido un impacto notable en todo el país, con resultados como la aprobación en 2010 de una ley que hizo más nutritivos los almuerzos escolares o la presión a las compañías para reducir las grasas saturadas, sodio y azúcares añadidos de sus productos. "Las tasas de obesidad infantil han dejado de crecer, y en el caso de los niños más pequeños, han empezado a caer", ha defendido la Primera Dama. La pasión de Michelle Obama por ese tema tiene una raíz personal: en 2008, cuando su esposo aún competía por la Presidencia, el pediatra de sus hijas, Malia y Sasha, les informó de que ambas estaban ganando peso, y que debía vigilar su alimentación. "Supe que tenía que hacer algo", dijo en 2010, cuando reveló que empezó a hacer "pequeños cambios", como comprar leche desnatada, incluir uvas en el desayuno y verduras en la cena. Esa experiencia coincidió en el tiempo con su reflexión con "el tipo de Primera Dama que quería ser" si su marido ganaba las elecciones, lo que le llevó a tener la "idea loca" de "plantar un jardín en la Casa Blanca para comenzar una conversación nacional" sobre los hábitos alimenticios del país, recordó.

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