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Diabetes en niños y adolescentes: qué síntomas tiene y cómo se controla

El diagnóstico de diabetes tiene muchas consecuencias en el día a día. ¿Qué implica si se trata de menores? ¿Cómo se reconoce y qué evolución tiene?

por Terry Gragera

Hay dos tipos de diabetes, la tipo 1 y la tipo 2, pero la que más afecta a la población infantil es la primera. La diabetes tipo 1 es una enfermedad crónica de origen autoinmune. Hay una predisposición genética para que se presente y otros factores, aún no clarificados, actúan como desencadenantes.

En España, la incidencia de diabetes tipo 1 es de 17,7 por cada 100.000 menores de 15 años. Por su parte, la diabetes tipo 2 está muy ligada a hábitos nocivos de salud, como una mala alimentación, la falta de actividad física y la obesidad. En población pediátrica es mucho menos frecuente, pues se suele desarrollar con los años.

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Cómo identificar la diabetes infantil

La diabetes infantil suele aparecer en la pubertad. Es el momento en que se presentan más casos, seguidos de la etapa de 5 a 7 años.

Según explica la Dra. Raquel Barrio, diabetóloga pediátrica en la Clínica D-Médical y exvicepresidenta de la Sociedad Española de Diabetes (SED), estos son los síntomas de sospecha con respecto a la diabetes infantil:

  • Orinar mucho y orinar de noche. Puede pasar que niños que controlaban los esfínteres dejen de hacerlo.
  • Necesidad de beber mucho (polidipsia).
  • Cambios en el apetito. En general, aumentan las ganas de comer, aunque en niños pequeños puede haber una disminución del apetito.
  • Pérdida de peso.
  • Cansancio.

Estas son las señales de alarma típicas, aunque cuando la diabetes se presenta en niños muy pequeños suele haber una cetoacidosis diabética (CAD). “La forma de comienzo depende de la edad. En general, los niños más pequeños tienen un comienzo más rápido con riesgo de CAD, mientras que otros pacientes tienen un comienzo más lento a lo largo de meses”, explica la experta.

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¿Cómo se controla la diabetes infantil?

La diabetes tipo 1 es una enfermedad crónica que no se cura, pero con un control adecuado permite que el niño haga una vida normal. El tratamiento de la diabetes debe ser siempre individualizado, en relación a las circunstancias concretas del menor, pero se basa en la administración de insulina, teniendo en cuenta las ingestas de alimento y el ejercicio físico. Para ajustar las dosis hay que monitorizar continuamente los niveles de glucosa en sangre.

Como apunta la Dra. Raquel Barrio, el objetivo principal es conseguir unos niveles de glucosa similares a los de las personas sin diabetes. Además, en esta estrategia es fundamental evitar las complicaciones y conseguir una buena calidad de vida del niño o del adolescente.

“Si una diabetes no se controla, se incrementa el riesgo no solo de complicaciones agudas (hipoglucemia y riesgos de cetoacidosis diabética), sino que aumenta el riesgo de complicaciones crónicas severas a nivel de la retina, el riñón, los nervios y el sistema cardiovascular, principalmente”, alerta la diabetóloga pediátrica. Por todo ello se hace necesario un buen control de la enfermedad, pues está demostrado que impide o retrasa la aparición de todos esos problemas.

Con una adecuada supervisión, los niños y adolescentes con diabetes “pueden hacer todo lo que hacen sus compañeros y amigos, siempre que estos tengan una forma de vida saludable”, destaca la especialista.

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¿Cuáles son los avances en el tratamiento?

En los últimos años, el tratamiento de la diabetes está experimentando avances que permiten un mejor control de la enfermedad. Así, por ejemplo, hay insulinas de acción ultrarrápidas, bombas de insulina y sistemas de monitorización continua de la glucosa.

Además, los nuevos sistemas permiten descargar los datos de los pacientes de forma inalámbrica. Así, los padres, profesores, cuidadores y diabetólogos están permanentemente conectados y pueden obtener información en tiempo real para ajustar al máximo las dosis de insulina.

Por otra parte, las teleconsultas, de las que se puede beneficiar muy bien la diabetes, “permiten un contacto más estrecho entre el paciente y el equipo diabetológico, ahorrando tiempo, desplazamientos, pérdidas de horas escolares y de trabajo”, entre otras ventajas, según destaca la representante de la Sociedad Española de Diabetes.

Para que el tratamiento sea eficaz es necesario también que tanto el paciente como sus familiares tengan educación diabetológica de manera continuada.

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La importancia del factor psicológico

“Al ser una enfermedad crónica en la que hay tomar decisiones durante todas las horas del día, la diabetes supone una carga importante tanto para el niño como para la familia y los cuidadores”, resalta la Dra. Barrio. Por este motivo, hay que cuidar mucho los aspectos psicológicos.

¿Cómo deben actuar los padres de niños con diabetes? Dependerá de la edad del paciente, pero si el niño es muy pequeño y no puede comprender el alcance de la enfermedad hay que intentar explicarle lo que le sucede. Aunque no sepan de términos médicos, los menores sí perciben la preocupación de sus padres. En ese sentido, la diabetóloga pediátrica recomienda comentarles “que lo que les hacen no tiene relación con que ellos se hayan portado mal, para que no sufran en su autoestima”.

Si son niños más mayores, igualmente hay que transmitirles que la enfermedad no ha aparecido por ningún comportamiento malo por su parte y “acompañarlos para que asuman gradualmente las nuevas cosas que tienen que hacer sin atosigarles con responsabilidades”, destaca.

En la preadolescencia y la adolescencia, la diabetes puede ser más difícil del controlar y se corre el riesgo de que toda la relación entre padres e hijos gire en torno a la enfermedad. En este sentido hay que ayudar a los menores a que tomen, progresivamente, las riendas del tratamiento, pero sin olvidar una comunicación cercana sobre otros aspectos de sus vidas.

La realidad es que, con frecuencia, los padres viven la diabetes con más pesimismo y angustia que sus hijos, por lo que los expertos recomiendan mantener una actitud positiva y una implicación activa en la enfermedad.

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