Carey Mulligan

Para Carey Mulligan el vestido de fiesta perfecto es también el mejor look de boda

La actriz acudió a los Premios Tony con un diseño de invitada bohemio y floral que recuerda al estilismo que llevó en el enlace de Harry y Meghan

por María Muñiz

La ciudad de Nueva York volvía a vestirse de gala anoche para coger la gala de los Premios Tony, que reunió en el Radio City Hall a los rostros más representativos de obras de teatro, musicales y, en definitiva, todo a lo que Broadway representa. Entre asistentes como Robert de Niro, Amy Schummer, Andrew Garfield o Claire Danes, fue Carey Mulligan una de las que consiguieron convertirse en el centro de atención, y no sólo por ser la responsable de entregar el premio a Mejor Actriz Protagonista a Laurie Metcalf. Alejándose de esos vestidos de fiesta recargados de alfombra roja, la actriz apostó por la sencillez que la caracteriza, eligiendo un diseño de Giambattista Valli estampado con flores y de aura romántica. Este estilo tan primaveral no suele ser habitual en las alfombras rojas, pero, como la misma Carey Mulligan demostró en  la boda del príncipe Harry Y Meghan Marklepuede adaptarse a muchas citas diferentes.

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Lo que a simple vista parece un vestido largo, realmente es un dúo de blusa y falda confeccionados en el mismo tejido de flores, estampado protagonista de la colección Ready to wear Primavera/verano 2018 de Giambattista Valli. Las mangas abullonadas y el cuello alto de la blusa aportan un toque victoriano a esta apuestan tan romántica. Esta pieza superior, valorada en 968 euros, se une después a una falda larga a juego (1.046 €), cuyo aire campestre e informal recuerda a todas esas faldas hippies y bohemias que, recuperadas de los años 60 y 70, dominan el street style esta temporada. La falda, que puede comprarse por separado al top, solo se ciñe a la cintura, acentuándola. El favorecedor efecto se enfatiza al introducir la blusa por dentro, un gesto que además construye el total look y hace que parezca un vestido.

Sin duda, con su elección, Mulligan pretendía darnos toda una lección en cuanto a que menos siempre es más, incluso y de hecho sobre la alfombra roja con el dress code más exigente. Así, para continuar con esta línea de sencillez que ha caracterizado al estilismo, la británica prescindía de clutch o bolso, escondía sus zapatos, y como únicos accesorios eligió unos pequeños y discretos pendientes de diamantes. Y es que, esta simplicidad llega también a su look de belleza, en el que apuesta por centrar la atención en los labios, tiñéndolos de fucsia, y en el pelo, al lucirlo con aire retro peinado para atrás, colocándolo tras las orejas.

Esta no es la primera vez en la que la sencillez se convierte en la aliada de la actriz de Westminster. Ya en la boda de Meghan Markle y el príncipe Harry, la inglesa apostaba por unos patrones muy similares para su elección estilística, con un vestido de William and son en el que las flores, los detalles en el cuello y el tejido fluido eran las claves principales. Aunque también pudo tratarse de una opción perfecta para el día a día, aquella vez, los accesorios -tocado, bolsito de mano y stilettos con cinta al tobillo- jugaron un papel esencial para adaptar este tipo de apuestas cargadas de versatilidad a la talla de un evento real.

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