La moda no le llegó por casualidad. No fue un flechazo, tampoco una revelación. Nunca fue una opción, sino una prioridad. Alejandra Alonso Rojas pertenece a una saga de mujeres muy metidas en la industria: su abuela era una clienta relevante de Cristóbal Balenciaga -le diseñó hasta el vestido de novia- y su madre, modelo y amiga de diseñadores como Jesús del Pozo. “Mi pasión comenzó en la infancia, inspirada por los armarios de mi madre y mis abuelas. Observar el cuidado con el que trataban sus prendas y sus joyas fue mi primera lección de estilo”, rememora la madrileña.
Su lazo con la ropa no se quedó en la simple admiración de una niña ante un armario infinito, sino que a los cuatro años ya tejía y confeccionaba piezas para sus muñecas. “O lo intentaba”, bromea.
¿Cómo no iba a labrarse una carrera en la industria? Para ello se mudó a Nueva York, donde sigue residiendo y desde donde capitanea su firma homónima, ya consagrada como una de las más relevantes e interesantes del panorama de la urbe. “Me mudé para ponerme a prueba en un centro de moda global. A pesar de su ritmo implacable, la ciudad me invitó a ser fiel a mi visión y a trabajar duro, y me ofreció un ecosistema único para situar mi marca en el cruce entre el trabajo artesanal tradicional y el alcance necesario para convertirme en una firma internacional”, reconoce.
Así es Alejandra Rojas Studio: una firma que ensalza la producción local y cuidada -un 95 % se realiza con los artesanos del Garment District de Nueva York para poder supervisar los procesos de tejido a mano y de sastrería, además de garantizar ciertos estándares de calidad- y la proyección global. El proyecto forma parte del CFDA, está en el radar y en el guardarropa de personalidades de la talla de Amal Clooney, Olivia Palermo o Kim Kardashian y ha logrado el beneplácito de eminencias de la industria como Anna Wintour o Diane von Fürstenberg.
“Nueva York me invitó a ser fiel a mi visión y a trabajar duro. Situó mi marca entre el trabajo artesanal y el alcance internacional”
La empresaria no maquilla el esfuerzo que la ha llevado a su privilegiada posición. “Construir un negocio desde cero ha sido uno de mis mayores retos: gestionar cadenas de suministro complejas, escalar la producción sin perder calidad, equilibrar expresión creativa con la realidad comercial...”, reconoce Alejandra. Aunque la marca es “muy” neoyorquina, el talante y la filosofía española están muy presentes entre sus pilares.
¿Cómo plasma sus orígenes a través de sus diseños? “Mi educación me inculcó una apreciación por el proceso, por cómo se siente un tejido, por la importancia de una caída perfecta y por el peso emocional de una pieza bien confeccionada”, cuenta.
También observamos un toque español en la calidez, la apreciación por la historia, el romanticismo del diseño “y esa comprensión innata de que la ropa es una extensión de la personalidad y el legado de cada uno”, añade. ¿Y Nueva York? “La ciudad me enseñó que una prenda no solo debe ser bonita, sino que también debe funcionar a lo largo de un día exigente, desde una reunión de trabajo a un evento nocturno”.
Y ahí están sus diseños: en la intersección entre utilidad, lujo y belleza. Alejandra Rojas Studio es herencia, sostenibilidad, calidad, perseverancia y autenticidad, una de las cualidades que más premia Nueva York. “Es el catalizador definitivo, una ciudad que exige una evolución constante y recompensa lo auténtico. Además, ofrece una energía implacable y trepidante que te obliga a ser agudo, eficiente y a tener visión de futuro”, concluye Alejandra.








