ESTILO HEREDADO

Carlota Casiraghi emula a su abuela Grace Kelly en la Ópera de París con un precioso vestido negro años 20 y pendientes de diamantes


La nieta de la princesa de Mónaco vuelve a una de las citas culturales más esperadas de París, la inauguración de la temporada de ballet, con un look clásico


Carlota Casiraghi, vestida de negro en la Ópera Garnier de París, 2026© Getty Images
11 de octubre de 2026 a las 12:23 CEST

El ballet tiene sus propios códigos de elegancia: la precisión de los movimientos, la ligereza de los tejidos y esa disciplina capaz de convertir un gesto mínimo en algo extraordinario. Carlota Casiraghi pareció trasladarlos a la alfombra roja el 10 de octubre, cuando acudió al estreno de la temporada 2026-2027 del Ballet de la Ópera de París, en el Palais Garnier. La hija de Carolina de Mónaco regresó así a una de las citas culturales más señaladas del calendario parisino, a la que ya asistió el año pasado también vestida de negro. Esta vez, un diseño de Chanel, unos pendientes de diamantes y un recogido pulido convirtieron su aparición en una nueva lección de sobriedad sofisticada, esa elegancia natural que tantas veces recuerda a su abuela, Grace Kelly, y que también forma parte del estilo de su madre.

Carlota Casiraghi, vestida de negro en la Ópera Garnier de París, 2026© Getty Images
Carlota Casiraghi, vestida de negro en la Ópera Garnier de París

Un vestido negro que parece moverse al ritmo de la música

El vestido elegido por Carlota pertenece a Chanel y se distingue por sus líneas depuradas, una silueta femenina y una confección en la que los detalles cobran protagonismo. De largo midi y con tirantes, el diseño presenta un pronunciado escote en V y delicadas transparencias que aligeran visualmente el conjunto. La falda, fluida y de caída suave, se abre en pequeños volantes poco rígidos que acompañan el movimiento sin añadir volumen innecesario.

Hay en el vestido una evocación de los años veinte, no tanto por una reproducción literal de la silueta de aquella década como por su ligereza, su caída y esa manera de sugerir el cuerpo sin recurrir a una estructura rígida. El negro, además, refuerza esa impresión. Lejos de endurecer el look, el color permite que las transparencias y los pequeños volantes destaquen con discreción. 

Completó el vestido con unos zapatos clásicos de tacón en satén negro.

Carlota Casiraghi asiste a la inauguración de la temporada de ballet de la Ópera Garnier en París, 2026© Getty Images
Carlota Casiraghi asiste a la inauguración de la temporada de ballet de la Ópera Garnier en París

Los pendientes que iluminan el recogido

Las joyas aportaron el contrapunto más maravilloso a la aparente sencillez del vestido. Carlota lució los pendientes trepadores Comète Couture de Chanel, realizados en oro blanco de 18 quilates y diamantes, una pieza de alta joyería cuyo precio de referencia se sitúa en torno a los 101.800 dólares. Su diseño sigue la línea de las joyas que se adaptan a la oreja y dibujan un recorrido ascendente, con el brillo de los diamantes como protagonista.

La monegasca llevó el cabello recogido en un moño bajo, muy pulido, con un acabado que recuerda al de las bailarinas antes de salir a escena. 

Carlota Casiraghi, con moño de bailarina en la Ópera Garnier de París, 2026© Getty Images
Carlota Casiraghi, con moño de bailarina en la Ópera Garnier de París

La herencia de Grace Kelly, más allá de un vestido bonito

Hablar del estilo de Carlota Casiraghi es hablar inevitablemente de una herencia familiar, aunque su elegancia no se explique únicamente por su parentesco con Grace Kelly. La princesa de Mónaco, que antes de convertirse en miembro de la realeza había construido una carrera como actriz en Hollywood, quedó asociada a una imagen de sofisticación que combinaba la precisión de la sastrería, los vestidos de líneas limpias y una feminidad sin estridencias. En 1960, Kelly fue incluida en el Hall of Fame de la lista internacional de las mujeres mejor vestidas, un reconocimiento que ayuda a entender la dimensión de su influencia en la historia de la moda.

Carlota Casiraghi, con vestido de Chanel en la inauguración de la temporada de ballet de la Ópera Garnier de París, 2026© Getty Images
Carlota Casiraghi, con vestido de Chanel en la inauguración de la temporada de ballet de la Ópera Garnier de París

Su estilo no dependía de acumular adornos, sino de elegir bien: un escote, la caída de una falda, un guante, una joya o un peinado podían bastar para construir una imagen reconocible. Esa relación entre sencillez y atención al detalle sigue siendo una de las claves de su legado. La moda ha cambiado enormemente desde los años en que Grace Kelly se convirtió en princesa, pero la idea de que la elegancia reside tanto en la forma de llevar una prenda como en la prenda misma continúa vigente.

Carlota comparte con su abuela esa preferencia por las siluetas atemporales. También ha mantenido una relación estrecha con Chanel, firma de la que es embajadora y con la que ha construido buena parte de su imagen pública. La conexión de la familia con la casa francesa viene de lejos: Grace Kelly vistió sus diseños en numerosas ocasiones, y Carolina de Mónaco también ha recurrido a la firma a lo largo de los años. Carlota prolonga esa relación desde una sensibilidad propia, más contemporánea, pero igualmente atenta a la calidad de los materiales y a la fuerza de las proporciones. 

Carlota Casiraghi, con un maquillaje natural en la Ópera Garnier de París© Getty Images
Carlota Casiraghi, con un maquillaje natural en la Ópera Garnier de París

Una noche para celebrar el ballet y la elegancia que perdura

La inauguración de la temporada del Ballet de la Ópera de París es una cita especial porque reúne a toda la compañía en el escenario del Palais Garnier, desde los alumnos de la escuela hasta los bailarines principales. El programa de este año incluyó el tradicional Défilé du Ballet, una nueva creación de Juliano Nuñes y la incorporación al repertorio de Vers un pays sage, de Jean-Christophe Maillot, y Busk, de Aszure Barton. La velada, por tanto, celebraba tanto la tradición de la institución como la renovación de su lenguaje coreográfico. 

En ese contexto, el look de Carlota Casiraghi parecía especialmente bien elegido. El moño de bailarina, la falda que acompaña el movimiento y la ligereza del tejido establecen un diálogo natural con la danza, mientras que las joyas de alta costura y la precisión del vestido mantienen el tono de una gran noche parisina.