"Hoy, la ausencia de Valentino es real, tangible", reza la carta con la que Alessandro Michele se despide de Valentino Garavani -quien falleció el pasado 19 de enero- antes de desvelar su colección Alta Costura Primavera/Verano 2026 en París. El diseñador reafirma que su intención no es "llenar el vacío" dejado por la muerte del fundador de la casa, sino honrar esa ausencia. Para él, así termina la dedicatoria, el legado de Valentino es "una idea de belleza concebida como una noble forma de responsabilidad hacia el tiempo, los cuerpos y el mundo que nos ha tocado recorrer". Si bien las prendas que ha presentado este miércoles fueron concebidas mucho antes de aquel fatídico día, el homenaje es claro, pero no único: persistirá en cada colección que le suceda. Su trabajo es un eterno agradecimiento.
Alessandro Michele dedica su Alta Costura a Valentino
Alessandro Michele pone el foco sobre el consumo acelerado de imágenes en la era digital. Inspirándose en el Kaiserpanorama -un dispositivo óptico del siglo XIX que obligaba a una observación individual, lenta y fragmentada, y que fue precursor del cine- propone a sus invitados un "ritual de la mirada". En lugar de montar una pasarela tradicional, en línea con la rigurosidad de los cánones de la Alta Costura, ha desvelado sus creaciones mediante un 'peep show' (espectáculo de mirillas), en el que se desdibujan las líneas que separan la intimidad de la interpretación.
La colección busca rescatar la contemplación, transformando el acto de ver un desfile en una experiencia disciplinada a la par que cercana, donde la visibilidad, más bien, se restringe para ganar profundidad. "Specula Mundi" sitúa a la Alta Costura como un espacio de resistencia. En vez de crear ropa para ser consumida rápidamente en redes sociales, Michele presenta las prendas como "hierofanías", manifestaciones de lo sagrado.
Observamos, por ejemplo, que uno de los diseños -con estampado de rayas, voluminosas mangas, una falda plisada en 'V' y gran lazada al cuello- alude al icónico vestido del modisto Bernard Newman que luce Katherine Hepburn en Corazones rotos (1935). Como es habitual, el italiano recurre a la imaginería de Hollywood, pero no como una simple referencia estética. Sirve de archivo mitológico de iconos (o divinidades) seculares, donde cada vestido es una "encarnación" que transmuta la historia en materia.
En última instancia, la colección es un ejercicio filosófico sobre las condiciones de la visión. El desfile se convierte en un "umbral" donde el espectador es invitado a detenerse hasta cuestionar su propia forma de observar. Al fusionar elementos técnicos (como la música tecno que hace de ritmo litúrgico) con lo arcaico de este método cinematográfico, Michele es capaz de devolvernos la capacidad de asombro frente a un mundo saturado de estímulos visuales.




























































