En su primera colección de Alta Costura al frente de Chanel, Matthieu Blazy plantea una pregunta tan sencilla como profunda: ¿qué permanece cuando se despoja a la maison de todo lo accesorio? Por suerte, la respuesta no conduce a la ruptura, sino a la depuración, que jamás podemos confundir con el minimalismo. El modisto belga lleva a cabo un ejercicio de introspección que le ha permitido reconectar con el núcleo fundacional de Chanel, entendido no como un legado inmóvil. Es, por el contrario, un diálogo vivo entre la prenda y la mujer que la habita. Esta entrega se articula alrededor de una idea esencial: la moda, elevada a condición de arte, solo cobra sentido mediante el movimiento del cuerpo.
Así fue el debut de Matthieu Blazy en la Alta Costura de Chanel
En palabras del diseñador: "La Alta Costura es el alma misma de Chanel: es la base y la expresión plena de la casa. Estas prendas se centran tanto en quien las lleva como en el diseñador. Son las prendas que se visten las que les dan una verdadera historia; su propia historia y una resonancia emocional, ofreciendo a las mujeres un lienzo para contar su propia historia".
El desfile se abre con una reinterpretación del traje Chanel reducido a su forma más pura, como una segunda piel. Confeccionado en gasas de seda translúcidas en tonalidades suaves, aparece como un recuerdo difuso, sombra de la historia, que revela la intimidad de su dueña. Pequeños símbolos personales -una carta bordada, un frasco de perfume o un lápiz de labios rojo- se integran en las prendas, ocultos en bolsillos, cosidos en el interior o colgando de las características cadenas de sus bolsos. Lo privado se hace visible.
Laura Ponte arrasa en la Alta Costura a sus 52 años
Una de las grandes protagonistas del desfile fue Laura Ponte, quien a sus 52 años nada tiene que envidiar a Vittoria Ceretti (la novia supermodelo de Leonardo DiCaprio) o Bhavitha Mandava (la universitaria india que fue descubierta por el diseñador de Chanel en el metro de Nueva York) La gallega ganó un certamen organizado por la revista Ragazza, en 1993, logro inesperado que le permitiría saltar al estrellato o, mejor dicho, a las pasarelas de las marcas de lujo más reconocidas del momento. Junto a Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Elle Mcpherson, Carla Bruni o Linda Evangelista, fue una de las icónicas 'tops' de los 90. Según dice, ser modelo nunca le interesó realmente, aunque esta continúa siendo su profesión tres décadas después.
A medida que avanza la colección, las siluetas comienzan a evocar aves. No te asustes, que lejos de ser disfraces, hablamos de sutiles sugestiones, materializadas en el trabajo de los artesanos de los ateliers de flou y tailleur en el número 31 de la rue Cambon de París, junto a los bordadores, plisadores y expertos textiles de le19M. Una explosión controlada de color y textura que recuerda al plumaje, recreado mediante capas, pliegues y apliques, casi sin recurrir a plumas reales.
En un paisaje onírico de hongos monumentales y sauces encantados, al estilo de 'Alicia en el País de las Maravillas', desfilan palomas blancas y aves exóticas de colores imposibles, siluetas alargadas que recuerdan a garzas o formas más teatrales inspiradas en cacatúas. Las aves funcionan como metáfora abierta de libertad. Los códigos de Chanel anclan el relato a tierra firme, pero nunca impiden que la imaginación vuele. Durante unos minutos, la Alta Costura se convierte en una pausa poética, un instante suspendido que, como todo lo verdaderamente bello, desaparece justo después de manifestarse.

































































