Solo los grandes creadores, aquellos capaces de revolucionar una industria, transformar una visión encorsetada y dejar con su trabajo una impronta imposible de borrar, son capaces de adjetivar algo con la simple alusión a su nombre. El rojo Valentino, que en este caso toma como referencia el nombre del creador italiano, es solo un grano de arena en el vasto legado que el modisto originario de Voghera (Lombardía, Italia) ha dejado en la historia de la moda reciente. Y sin duda permanecerá más allá de su muerte, que ha tenido lugar este 19 de enero.
Valentino muere a los 93 años: repasamos su vida
Este rosso, como se denomina en italiano, caracterizado por su brillo e intensidad, ha estado presente en todos y cada uno de los desfiles de Valentino Clemente Ludovico Garavani desde su debut internacional, en 1962, con excepciones notables como la célebre colección White de la Primavera/Verano de 1968. Si bien la primera vez que lo mostró en una creación fue en un vestido cóctel de su primera colección, en 1959, con la que marcaría un antes y un después en la alta moda de su país. Irrumpió en el panorama de la alta moda con sus diseños inspirados en las túnicas helénicas, drapeados de manera exquisita en oposición a los estrictos cánones que por aquel entonces dictaban las consolidadas casas de París.
"Vestidos que pueden costar hasta 100.000 dólares, todos cosidos a mano y con la economía tal como está ahora, se puede decir que Valentino es el último emperador", explicó Matt Tyrnauer, periodista y director del documental que dio este apodo al nativo de Voghera en 2008, cuando celebraba cinco décadas de carrera al frente de su firma.
Sus primeros años en París y Roma
Crecer en un pequeño pueblo de la Italia de los años 30, donde Mussolini lideraba por aquel entonces un gobierno dictatorial que duró hasta la ejecución del Duce en 1945, no fue un impedimento para que Valentino tuviera claro desde niño que la moda iba a ser su modo de vida. El destino se apiadó de él y no quiso ponerle demasiadas zancadillas; gracias a su tía Rosa, modista de profesión, muy pronto aprendió el oficio como toda figura que logra el éxito sin deber nada a nadie: desde abajo. Esos años en el taller le sirvieron para curtirse y forjar una base de conocimientos técnicos que más tarde, combinados con su prometedora creatividad, le valdría el favor de una larga lista de clientes entre la jet-set internacional.
En su tiempo libre, según él mismo explicó en una entrevista en 2014, disfrutaba de la ostentosidad de los vestuarios de las óperas y obras teatrales a las que acudía: “Estaba encantado viendo todos esos trajes, lentejuelas, aquellas cosas brillantes… Me di cuenta de que mi camino era el diseño”. A los 17 años abandonó su país natal y aterrizó en París, para estudiar en la reputada Escuela de Bellas Artes y en la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne. Al terminar la formación en este centro ejerció de aprendiz (término que hoy en día podríamos traducir como ”becario”) en casas como Jean Desses o Guy Laroche, dos de las grandes figuras de la moda parisina de la década de los 40 y 50.
Su aliado en el amor y los negocios
En 1959, con 27 años, regresó a Italia para abrir en Roma su primera tienda, con la ayuda de su padre, materializándose así el inicio de la leyenda Valentino. Pero como ocurre en cualquier negocio, los inicios no fueron precisamente fáciles y en el primer año de vida de la empresa la bancarrota amenazaba con arruinar al diseñador.
En este punto de la historia irrumpe el nombre de una persona clave tanto en la trayectoria profesional como personal de Garavani: Giancarlo Giammetti. Este estudiante de arquitectura confió desde el principio en el proyecto de Valentino, dejó sus estudios para ayudar a la que sería su pareja durante décadas.
Giammetti se convirtió así en cofundador de la marca de moda, tal y como se describe él mismo en su perfil de Instagram, donde su círculo de amigas más cercanas (entre ellas Anne Hathaway u Olivia Palermo) aparecen con frecuencia en sus fotografías. Gracias a su contribución, la marca homónima de Valentino logró reponerse a las dificultades económicas y se trasladó a la exclusiva Via Condotti, celebrando su primer desfile oficial en 1962, en el Palacio Pitti de Florencia, una majestuosa construcción renacentista que sirvió como escenario de una colección que supuso un punto de inflexión en la carrera del creativo.
De Jackie Kennedy a Anne Hathaway, una larga lista de clientas famosas
Uno de los primeros éxitos de Valentino fue lograr conquistar a dos de las actrices más cotizadas del momento (y por ende, las que mayores posibilidades tenían de acceder a los diseños de cualquier firma del mundo): Audrey Hepburn y Elizabeth Taylor. Modelos e iconos de estilo como Marisa Berenson también cayeron hechizadas con la moda de Valentino. No obstante, la clienta que mayor visibilidad otorgó al italiano fue Jackie Kennedy, fan acérrima de sus románticas propuestas que, lejos de resultar cursis o previsibles, destacaban la fortaleza de la mujer que las lucía.
Después del asesinato de John F. Kennedy en noviembre de 1963, Jackie encargó a Valentino seis vestidos en blanco y negro que luciría a lo largo del año de luto que siguió a la muerte del mandatario. Cinco años después también fue el encargado de diseñar el vestido de novia que llevó cuando dio el ‘sí, quiero’ al empresario Aristóteles Onassis.
En los desfiles de esta época, una modelo española que comenzaba a ser reconocida en aquellos años se convirtió en musa y, más tarde, amiga inseparable. Naty Abascal no solo desfiló de la mano de Valentino –ahora disfruta de los desfiles de la casa desde una privilegiada primera fila– sino que pasaronn juntos buena parte de su tiempo libre, viajando por Grecia o Capri en verano o disfrutando del invierno suizo en Gstaad.
En la actualidad, la lista de celebridades que han apostado por Valentino para sus apariciones en la alfombra roja es interminable, si bien hay algunos momentos memorables que merece la pena destacar, como el vestido vintage que Julia Roberts llevó en los Oscar de 2001 (cuando ganó la estatuilla por su papel en Erin Brockovich), uno de los más recordados de la ceremonia, o el traje de novia que Valentino diseñó en 2012, después de retirarse, para la boda de la actriz Anne Hathaway con Adam Shulman, con quien mantiene una estrecha amistad y se refiere a ella como su “nieta”. Algo más tarde, en concreto en el verano de 2013, también vistió de novia a la princesa Magdalena de Suecia.
Últimos años sobre la pasarela
Después de cinco décadas como diseñador, Valentino se retiró el 23 de enero de 2008, presentando la que sería su última colección –correspondiente a la temporada de otoño invierno– al frente de la marca. El Museo Rodin de París fue la ubicación elegida para este histórico desfile que terminó con todas las modelos sobre la pasarela, ataviadas con un mismo vestido rojo Valentino, dispuestas en torno al diseñador que, vestido con un impecable traje negro, contrastaba con el fondo rosso brillante. En el front row no faltaron Marisa Berenson, Marie Chantal de Grecia o la actriz Uma Thurman.
Un desfile que supuso el fin de una era y que terminó con Natalia Vodianova, una de las habituales en los shows del creativo, con los ojos llenos de lágrimas y con una ovación que se alargó durante varios minutos. Otra italiana tomó el relevo, Alessandra Facchinette, que aterrizó después de dos años trabajado para Gucci. Tras ella lo hicieron María Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli, un dúo creativo que había diseñado la línea de complementos para la firma. Con la salida de Chiuri en 2016, la batuta de Valentino la llevaba únicamente Piccioli, quien dejó la firma en marzo de 2024. Un puesto que, poco después, recayó sobre Alessandro Michele.
Valentino ya no es solo Valentino Clemente Ludovico Garavani sino una marca que ha logrado hacer historia en el mundo de la moda y que sobrevivirá a la muerte de su fundador como Yves Saint Laurent, Cristóbal Balenciaga o Coco Chanel pervivieron en el imaginario colectivo, sumando adeptos a sus firmas generación tras generación. El rosso Valentino pervivirá tanto como la propia industria de la moda.















