Discreta, elegante y con un estilo atemporal, Inés de Cominges parece haber encontrado este invierno un aliado claro: el tartán. Si la semana pasada sorprendía con una capa de inspiración británica protagonizada por este histórico estampado, ahora vuelve a apostar por él —ya no como abrigo, sino como conjunto completo— confirmando que los cuadros escoceses se han convertido en uno de los pilares de su armario. En esta ocasión lo hace con un total look de firma española, Copines, que no solo conecta con la tradición europea, sino que viaja visualmente desde la Edad Media hasta el Romanticismo, pasando por la indumentaria campesina y funcional de los siglos XVIII y XIX.
Perteneciente a un antiguo linaje francés, Inés encarna ese equilibrio tan poco forzado entre el charme parisino y la sobriedad española. Afincada en París desde hace más de una década, defensora declarada de la moda nacional y con un nuevo corte bob que refuerza su estética effortless.
Un conjunto de tartán con historia
El look elegido por Inés de Cominges pertenece a la firma Copines, un proyecto nacido del sueño compartido de dos amigas y construido desde la artesanía, la emoción y la exclusividad. El conjunto está formado por chaleco, falda y chaqueta en un tartán de tonos terracota y marrón, una paleta cromática que remite directamente a la tierra, al campo y a los ritmos pausados de la vida rural.
El chaleco terracota, actualmente rebajado a 120 euros, presenta una estructura marcada con escote cuadrado, tirantes cruzados en la espalda y botones forrados. Su corte entallado realza la silueta sin rigidez y recuerda a los chalecos que, durante siglos, acompañaron a la camisa blanca como prenda de abrigo y funcionalidad, desde el siglo XVIII hasta bien entrado el siglo XX.
La falda terracota, rebajada a 192 euros y ya agotada, completa el conjunto con una caída amplia y fluida, cintura alta estructurada y largo completo con vuelo. Una pieza que dialoga directamente con las faldas largas del Romanticismo (1830–1850), pero también con la indumentaria campesina y de trabajo, donde la funcionalidad y la durabilidad eran clave.
Por último, la chaqueta terracota, rebajada a 208 euros, aporta estructura y equilibrio al look. De silueta corta, con hombreras suaves y cierre frontal de botones forrados, refuerza esa idea de moda pensada para durar, lejos de tendencias efímeras.
El tartán: de símbolo de clan a lenguaje contemporáneo
Pocos tejidos cargan con tanta historia como el tartán. Nacido como sistema de identificación de clanes escoceses, fue durante siglos un código visual de pertenencia. Tras la batalla de Culloden y la prohibición de 1746, se convirtió en símbolo de resistencia cultural. Más tarde, la reina Victoria lo rescató y lo elevó a tejido aristocrático, asociándolo al romanticismo y al imaginario real.
En el siglo XX, diseñadores como Vivienne Westwood o Alexander McQueen lo reinterpretaron desde la rebeldía, mientras firmas como Burberry lo consolidaban como sinónimo de lujo británico. Inés de Cominges se sitúa en ese punto intermedio: tradición, modernidad y lectura personal del pasado.
Los zapatos: elegancia parisina con sello Chatelles
Para completar el look, Inés ha elegido los zapatos Karl en color burdeos de la firma parisina Chatelles, adornados con un lazo XL negro. Inspirados en los tradicionales slippers ingleses de estar por casa, este diseño combina feminidad, comodidad y sofisticación.
Fundada en 2012 por François du Chastel de la Howarderie, marido de Inés, Chatelles ha convertido el calzado plano en un objeto de deseo gracias a su diseño ligero, suela con memoria de forma y la posibilidad de personalización.
Chaleco, falda y camisa blanca: un uniforme histórico
El conjunto que luce Inés remite directamente a una estructura ancestral de la moda femenina: camisa blanca (chemise), chaleco y falda larga. Desde la Edad Media, la chemise fue una prenda esencial, una segunda piel que protegía el cuerpo y simbolizaba limpieza. En el siglo XVIII, evolucionó hasta convertirse en vestido, especialmente tras el escándalo de la Chemise à la Reine de María Antonieta, que abrió la puerta a una moda más natural y liberada.
Durante el Romanticismo, estas bases se reinterpretaron con faldas voluminosas y siluetas más definidas. Y en los siglos XIX y XX, el conjunto se consolidó como uniforme práctico en entornos rurales y de trabajo femenino. Copines recupera esta herencia y la traduce a un lenguaje contemporáneo y artesanal.












