Con la temporada de nieve oficialmente inaugurada, el mundo de la moda vuelve a dirigir su mirada hacia las cumbres. Mucho antes de que la equipación deportiva dominara el panorama, existió una era dorada en la que el esquí era, ante todo, la pasarela más exclusiva. La época de los viajes en aviones privados a St. Moritz, de las cenas frente a la chimenea en Gstaad y de la sofisticación rebelde de Aspen. En este comienzo de 2026, rescatamos aquel escenario de ‘Jet Set Chic’ capturado magistralmente por el objetivo de Slim Aarons, donde el champán se enfriaba en la nieve y la elegancia no entendía de temperaturas bajo cero.
Hoy, aquel espíritu après-ski vuelve a ser nuestra fuente de inspiración absoluta a través de los estilismos de las mujeres que definieron una estética inconfundible. Musas que, entre pieles, gafas de sol XL y monos de colores vibrantes, demostraron que la verdadera elegancia es infalible incluso bajo la tormenta. De Jackie Kennedy a Diana de Gales, sus nombres componen, décadas después, el manual de estilo definitivo para pisar con estilo sobre el blanco infinito. Siete iconos y una misma forma de entender la montaña como el escenario más glamuroso del mundo.
Capaz de transformar el uniforme técnico en un icono de estilo absoluto, Diana de Gales redefinió la estética alpina durante sus escapadas a Klosters (Suiza) en los 80. Acompañada por el entonces príncipe Carlos, Lady Di acaparó todos los flashes al lucir su vibrante mono rojo de Head. Este diseño de talle ceñido supuso la irrupción definitiva del power dressingen las pistas, buscando una elegancia estructural que iba más allá de protegerse del frío. Al completar el look con su inolvidable cinta trenzada en el pelo, creó un código estético que hoy sigue siendo la obsesión de las firmas de lujo que rescatan este aire retro-sport.
Convertida en el símbolo absoluto de la libertad estética, Brigitte Bardot demostró que la montaña puede ser el escenario perfecto para el estilo más bohemio y personal. En una de sus escapadas a la nieve, la actriz francesa, que falleció el pasado 28 de diciembre de 2025, prescindía del uniforme convencional para envolverse en un poncho estampado con flecos y unos pantalones de pana, el tejido fetiche de los años 70. Con este conjunto, rematado con unos guantes de cuero y sus famosas botas de pelo, Brigitte se olvidó de las reglas para llevar su propio estilo a la montaña. Una lección de que la verdadera elegancia consiste en ser fiel a una misma y saber adaptar las tendencias de la ciudad a las pistas de esquí.
Si hay una imagen que define la sofisticación en la nieve, es la de Audrey Hepburn durante el rodaje de Charada (1963). En las montañas de Megève, la actriz se atrevió con una de las combinaciones cromáticas más actuales y, a la vez, más controvertidas. Aunque para muchos la mezcla de marrón y negro puede resultar arriesgada, Audrey demostró que, cuando se sabe ejecutar, el resultado es de una clase absoluta. Fiel a su minimalismo, apostó por un pasamontañas marrón bajo un gorro negro, combinado con un abrigo de pelo. Rematado con unas gafas de sol XL, su look es la prueba definitiva de que romper con las convenciones es la mejor estrategia de estilo para quienes buscan una imagen eterna.
Jackie Kennedy tenía un don para hacer que incluso algo tan práctico como un pasamontañas pareciera puro lujo. En sus inviernos en Gstaad, la Primera Dama también eligió el rojo en alguna ocasión. A diferencia de Diana, que buscaba un estilo más técnico, Jackie llevó la sofisticación de Nueva York a las pistas con un conjunto de chaqueta acolchada y pantalón del mismo tono. Combinado con unas gafas de esquí enormes y unas manoplas negras, demostraba que es posible ir totalmente abrigada sin renunciar a esa elegancia que la convirtió en un icono de la Quinta Avenida.
Incluso en mitad de la nieve, Sophia Loren nunca renunció a su esencia de diva italiana. En una de sus escapadas de esquí, junto a su hijo, la actriz demostraba que el lujo y las bajas temperaturas pueden ir de la mano. Lejos de las equipaciones deportivas, Loren apostó por un espectacular abrigo de pelo combinado con un gorro a juego. Con una gafas de sol XL, este look es un ejemplo de que los accesorios adecuados pueden transformar un momento familiar en una estampa propia de las pasarelas.
Grace Kelly representaba como nadie esa elegancia minimalista que no necesita ser llamativa para ser perfecta. En esta ocasión, la princesa de Mónaco apostaba por básicos que hoy siguen siendo imprescindibles, como unos pantalones con estampado de pata de gallo y jersey de ochos en color crema. Al completar el conjunto con unas gafas de sol y un gorro discreto, Grace demostraba que el estilo de la montaña también se construye a partir de piezas atemporales. Su lección es clara: la verdadera elegancia reside en la calidad de los materiales y en saber elegir texturas sencillas que transmiten una sofisticación eterna.
Mirja Larsson protagonizó una de las imágenes más magnéticas de los años 70 en St. Moritz, la época dorada de la nieve. La modelo sueca apostó por la fuerza de un mono amarillo vibrante y entallado, elevando el conjunto con un gorro y unos guantes de pelo voluminosos. Aunque el mono acapara todas las miradas, no pasa desapercibido el detalle del cinturón, donde las tachuelas escriben su propio nombre, "Mirja", una declaración de intenciones que adelantaba la tendencia de la personalización décadas antes de que se pusiera de moda. Sin duda, su intención no era otra que demostrar que la confianza en una misma es uno de los pilares del estilo más chic.