En un pintoresco pueblecito de la Inglaterra rural, llamado Chawton, se encuentra la casa en la que vivió Jane Austen entre 1809 y 1817 junto a su madre, su hermana Cassandra y su amiga Martha Lloyd. Un cottage de ladrillo rojo, vigas de madera, jardín inglés y muebles georgianos, donde se replica a la perfección el entorno doméstico de la escritora más rompedora de su época, la que puso en duda los convencionalismos sociales y los supo retratar desde una perspectiva crítica, original y moderna.
En el rincón más cercano a la ventana, de una habitación no excesivamente grande, donde está la mesa de comedor, hay un reloj de pared junto a una chimenea, una silla incómoda y una mesita de madera hexagonal, diminuta. Sentada a esa mesa pasaba Jane las horas escribiendo sus famosas novelas. Como no tenía buena vista, aprovechaba la luz natural, e iba moviéndose a la vez que el sol, como un caracol, arrastrando silla y mesa a lo largo de la ventana. Escribía en pequeñas cuartillas, con una pluma de ave y un tintero, y no desaprovechaba ni un milímetro del carísimo papel que contenía sus palabras, delineadas con una hermosa caligrafía.
Jane Austen pasó mucho tiempo sentada en esa incómoda silla, encorvada sobre la mesita móvil, que ahora estaba en este rincón y luego en ese otro, o que se llevaba a su dormitorio del piso superior, para seguir trabajando a la luz de las velas. Y, por cierto, las velas de entonces no olían tan bien como las de ahora, sino que apestaban a grasa de ballena. En invierno, Jane y su mesita, junto a la chimenea. En verano, a la sombra de los árboles del jardín. De noche, a los pies de su cama, o en un rincón de la cocina, o aprovechando la corriente del pasillo.
Además de trabajar en sus novelas, Jane fue elaborando, poco a poco, un libro de música, donde recopiló las partituras de sus piezas favoritas. Solía tocar el piano por las mañanas, en la sala contigua al comedor, donde todavía se conserva el sillón en el que se sentó a leer en voz alta los primeros capítulos de Orgullo y Prejuicio a una vecina, sin descubrirle que ella misma era la autora del relato. No se lo contó a la vecina, ni a nadie. Las novelas que publicó en vida, las firmó como “una dama” (Sentido y sensibilidad) o como “la misma autora de sentido y sensibilidad” (Orgullo y prejuicio).
En lo que llaman “family room” se expone el sencillo anillo de oro con una piedra turquesa, que Jane lucía en uno de sus dedos delgadísimos. El mismo que salió a subasta hace unos años, y fue adquirido por la cantante norteamericana Kelly Clarkson por 235.000 dólares, para disgusto de sus admiradores británicos, los cuales se opusieron a su salida del país y lograron recomprárselo a Kelly al mismo precio que ella había pagado, gracias a donaciones privadas.
También hay cartas; las que se salvaron de la destrucción de Cassandra, que prefirió preservar el buen nombre de su hermana, y retirar de la circulación su correspondencia más privada y probablemente más incómoda, porque Jane no era de las que se callaban lo que pensaban, no.
El detalle decorativo escondido en Chawton
En este hogar tan femenino, cuyo día a día nos imaginamos perfectamente, porque parece que nos hemos subido en una máquina del tiempo, nos llama la atención que las tres estancias principales del primer piso están decoradas con papel pintado. Indagamos y resulta que son réplicas exactas de aquellos que cubrían las paredes en tiempos de las Austen. Aunque la casa sufrió algunas transformaciones a lo largo de los años, cuando se reformó para devolverla a su estado original, se encontraron algunos trozos de aquel papel debajo de las escayolas y los muebles que retiraron.
Se habían conservado lo suficientemente bien como para encargarle a un especialista que los reprodujera con la mayor precisión, con las mismas técnicas artesanales de entonces. En el siglo XVII, los papeles pintados eran xilografías en color de impresión manual y los motivos ornamentales eran tallados por los grabadores en planchas de madera. Escogieron a Hamilton Weston, una firma creada en 1981 por Robert y Georgina Hamilton Weston, para, precisamente, devolver a la vida esos papeles pintados “históricos”, procedentes de palacios y casas señoriales.
Rosas, ortigas y hojas de parra
En la habitación familiar, se encontró el diseño “Apprendice Trellis”, un entramado de dos colores; azul y blanco, sobre fondo beige y con una delicada rosa en el centro de cada diamante. En el comedor, el “Chawton Leaf” que fue recreado a partir de fragmentos de papel pintado descubiertos detrás del revestimiento de un armario. Se cree que la hoja está inspirada en un tipo de ortiga. Delineado en blanco, el color protagonista es un verde brillante «arsénico», que fue muy popular a comienzos del siglo XIX. Y en la sala de música, el “Chawton vine”, con delicadas hojas de parra en tonos amarillos y blancos.
Estos tres diseños se fabrican por encargo, se pueden pedir online e instalar en casa, de manera que uno puede sentarse a pensar novelas, con la mirada perdida en las mismas paredes en las que lo hizo Jane Austen. O llevarse de recuerdo una taza, un cuaderno, o un delantal con el mismo dibujo, claro.














