Hace años que Pepe Gómez-Acebo Botín cayó rendido al encanto de los Valles Pasiegos. “Fue en torno a la década de los dos mil cuando mi familia y yo descubrimos este lugar de la mano de los artistas Juan Uslé y Vicky Civera. Por aquel entonces había una preocupación naciente por conservar el patrimonio cultural, arquitectónico y paisajístico de los valles; y asumimos esta inquietud como misión propia”, cuenta él.
Desde entonces, adquirieron varias de las cabañas tradicionales, recuperándolas para uso propio alguna, y como alojamiento turístico otras, y el proyecto de Cabañas de Pax no ha dejado de crecer. Hoy recuperan ovejas carranzanas y gallinas pedreras, las razas autóctonas que estaban desapareciendo, y han establecido sinergias con los distintos oficios locales.
Junto a ellos, Pepe restauró cada viga del techo y cada tablón del suelo, creó un huerto en comunión con el entorno y se alió con los mejores productores de sobaos y quesadas para cuando tienen huéspedes. Pero el proyecto aún no ha terminado. “Como arquitecto intervengo en una preexistencia sabiendo que posteriormente continuará cambiando. Mi intervención supone una participación puntual en un proceso de cambio mayor”. Siempre, eso sí, homenajeando al pasado.
Estilo propio
- Identidad propia. “Estas cabañas han sido mi primer proyecto y estar en la obra todos los días me ha permitido profundizar en el aprovechamiento material y la utilización de técnicas constructivas propias del lugar. Aprender de los gremios involucrados ha sido toda una experiencia”.
- Elementos primigenios. “El mayor reto ha sido conservar el aspecto de la cabaña permitiendo un uso nuevo, doméstico y acogedor. Para ello el proyecto toma elementos tradicionales, como la pallá, y los reinterpreta para su uso actual”.
- El complemento perfecto. “En contraste con la estructura de las cabañas, con sus vigas y suelos originales, apostamos por una colección de arte contemporáneo muy especial para decorar las estancias”.









