¿Qué es una adicción y qué no?

Psicología

¿Sabes identificar una adicción?

A veces utilizamos este término con demasiada facilidad, y no siempre todo lo que nos produce un deseo constante de consumo es en sí mismo una adicción.

por Cristina Soria

Cuando decimos que somos adictos a las series, al sushi o a viajar, no estamos siendo fieles a lo que significa realmente padecer una adicción y estamos normalizando con una expresión hecha lo que está reconocido por las autoridades médicas como una enfermedad.

Las adicciones son siempre relaciones de dependencia que nos causan un grado importante de insatisfacción. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se trata de una enfermedad emocional y física, que en algunos aspectos podría tener una predisposición genética y no solo conductual.

Aunque las adicciones más conocidas y temidas son el alcohol, las drogas y el juego, existen un sinfín de posibles motivaciones que podrían generar una adicción, pues en función de nuestra personalidad y del grado de motivación con el que nos influyan podemos acabar decantándonos por una adicción u otra. 

Sin embargo, no todo causa adicción de la misma forma a cualquier persona. El desarrollo de una adicción es un proceso que depende de cada persona y está relacionado con una predisposición emocional, educativa y genética. Es cierto que el consumo de sustancias estupefacientes tienen un altísimo poder adictivo, pero otras actividades como el consumo compulsivo, el robo o el juego no afectan a todas las personas por igual.

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¿Qué es una adicción y qué no?

A grandes rasgos, toda adicción está inducida por una actividad o sustancia que nos produce placer, bien sea el sexo, la comida, el uso de la tecnología o robar. La forma de identificar si nuestro consumo o actividad es puntual o se ha convertido en una adicción es muy sencilla y atiende a una pregunta clave: ¿dejar de experimentar la sensación que nos produce esta actividad te genera ansiedad? Si te sientes libre de dejarlo cuando quieras, y eres capaz de hacerlo sin que te genere ningún problema emocional, sin duda no se trata de una adicción. Pero, por el contrario, si el mero hecho de pensar en dejar de consumirlo te produce ansiedad, y llevar a la práctica este propósito pone en riesgo tu estabilidad mental, se podría decir que padeces una adicción.

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Una adicción es el sentimiento irrefrenable de seguir realizando o consumiendo aquello que nos la produce, y en el caso de no hacerlo sentiremos un efecto rebote: no solo no encontraremos la forma de experimentar la satisfacción que obteníamos, sino que además sentiremos angustia por no poder consumirlo o realizarlo. Por tanto, la adicción nos resta libertad, aísla nuestro poder de decisión y nos fuerza a seguir pidiendo más y más de aquello que nos hace adictos, sin que podamos encontrar con facilidad la puerta de salida.

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Una adicción acaba absorbiendo el motivo por el que vivimos, porque se encumbra como la principal razón de nuestra existencia, que es consumar aquello que nos produce la adicción. Cuando se niega aquello que la consuma sentimos abatimiento, nos cuesta focalizar qué hacemos y por qué, perdemos de alguna forma el sentido de nuestra vida y nos produce hasta sensación de dolor corporal encauzarnos.

Esto hace que, en definitiva, las causas de adicción produzcan una compensación de nuestro estado de ánimo cuando estamos consumiendo o realizando aquello que nos produce la adicción. Y que cuando dejamos de hacerlo, nuestra autoestima decaiga, nos sintamos inútiles, desvalidos, sin fuerza, sin control ni voluntad.

Cuando estamos inmersos en una adicción, especialmente en aquellas que están relacionadas con el consumo de drogas, nuestro cerebro padece desajustes neuroquímicos y funcionales. Esto quiere decir, de forma simplificada, que nuestra forma de pensar varía y los cauces por los que nuestro cerebro piensa y llega a conclusiones se modifican, pues las sinapsis se ven alteradas. Esto ocurre porque algunas adicciones provocan la liberación masiva y constante de dopamina y serotonina, y a largo plazo pueden producir problemas graves de nuestro control cognitivo, la memoria y las emociones.

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