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La contaminación ambiental, una de las causas más relevantes del síndrome del ojo seco

Los altos niveles de polución de las ciudades pueden provocar graves daños en una de las partes más expuestas y delicadas del cuerpo

por Gtresonline

Seguramente, en más de una ocasión hayas notado un continuo y molesto picor en los ojos acompañado por un enrojecimiento y una sensación de quemazón, como si tuvieras un cuerpo extraño en su interior. Se trata del síndrome del ojo seco, una afección ocular cada vez más común en los últimos tiempos y uno de los principales motivos de consulta con los profesionales de la visión. Suele estar causado por una falta crónica de lubricación y humectación sobre la superficie del ojo y puede dar como consecuencia una importante inflamación de la zona o, incluso, la aparición de pequeñas cicatrices en la córnea. Es algo muy molesto llegando a causar un profundo malestar e incomodidad en quien lo padece, puesto que hace que sea más difícil realizar actividades diarias tan cotidianas como usar un ordenador o leer durante un período largo de tiempo. 

El viento, las condiciones del aire acondicionado en las oficinas o la calefacción son algunas de las causas que provocan que la película lagrimal se seque más rápidamente. Pero, aparte de ellas, existe otro factor que influye de manera determinante en el aumento de casos del síndrome del ojo seco que se han observado en los últimos años: la contaminación ambiental.  

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La contaminación, un serio problema para la salud ocular 

Los altos niveles de polución del aire es un problema en aumento –sobre todo, en las grandes ciudades- y de impacto global que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta al entorno de 9 de cada 10 personas en el mundo, con importantes consecuencias para la salud. Aunque en gran medida estos problemas suelen ser de tipo respiratorio o cardiovascular, también los ojos, una parte muy delicada de nuestro organismo, se ven particularmente afectados. 

La institución apunta que la concentración de aire contaminado que padecen muchas urbes contiene materia particulada, ozono, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre en cantidades que multiplican varias veces las recomendaciones internacionales. Elementos nocivos normalmente procedentes del humo de los coches y los compuestos químicos de las fábricas que, junto a la falta de humedad de determinados climas, contribuyen a un crecimiento de las inflamaciones oculares y la aparición del ojo seco. La superficie ocular está constantemente expuesta al exterior por lo que sufre en mayor medida y de manera directa los daños de las partículas contaminantes. Estas dañan principalmente a la película lagrimal que nutre y protege el ojo, empeorando la calidad de la lágrima, lo que se conoce cómo síndrome de disfunción lagrimal, igual de dañino que una cantidad inadecuada de ellos. 

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Otros daños 

Pero la contaminación no es solo la responsable de la sequedad en los ojos. También puede conducir a una queratitis (inflamación de la córnea, es decir la estructura más transparente del globo ocular) o a una conjuntivitis (inflamación de la membrana que cubre la parte interna de los párpados) como consecuencia de la exposición de humos, gases o productos químicos. Aparte de estas importantes afecciones, la polución también es capaz de agravar algunas alergias y aumentar la intolerancia a las lentes de contacto. 

En cualquier caso, las recomendaciones de los especialistas para minimizar el impacto de la contaminación en nuestros ojos pasan por la utilización de gafas de sol con filtros UV homologados, hidratarlos con lágrimas artificiales, extremar la higiene en el caso de la utilización de lentillas y, por supuesto, la visita al oftalmólogo si se observa cualquier anomalía. 

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