Cuándo es necesario que nuestro hijo vea a un psicólogo

La conducta de nuestros hijos a veces nos avisa de que atraviesan por momentos convulsos que tal vez un profesional de la psicología pudiera ayudarnos a desentrañar.

Por Cristina Soria

En el difícil viaje de educar a nuestros hijos es fácil que nos asalten las dudas sobre si algunas de sus reacciones son normales o quizás podríamos consultar a un profesional de la psicología que nos ayude a saber si necesita ayuda. Este trayecto es igual de sorprendente e intenso para ti como para el niño pues, aunque no seas primeriza, no hay dos niños iguales y los conflictos, temores y rasgos del carácter que presentan son siempre diferentes y alimentan nuevos retos.

Existen conductas de los niños que en ocasiones nos hacen dudar de si existe un problema de fondo que provoque un resultado molesto, como cuando se muestran excesivamente desafiantes, o cuando muestran ira o falta de empatía. En muchos de estos casos la explicación es muy sencilla y tiene que ver con necesidades primarias que no estamos atendiendo, como respetar y potenciar su descanso. El hambre también es un condicionante natural y muy primario que en ocasiones puede transformar completamente la actitud de un niño.

Por otro lado, los estímulos en los que se ven inmersos hoy en día tus hijos no tienen precedentes, la sobreexposición a pantallas que muestran narrativas que demandan su atención exclusiva desde muy pequeños puede ser negativa para su conducta y trastocar su forma de relacionarse con los demás.

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La difícil tarea de encontrar los motivos para ir al psicólogo

Parece que ir al psicólogo es darnos por vencidos y convertir las anécdotas y las situaciones excepcionales en algo sobre lo que poner el foco y reconocer que algo atípico ocurre. A veces poner el límite entre lo que es normal y deja de serlo es difícil, porque muchas cuestiones sobre las que puedes dudar sobre si ir o no al psicólogo son cuestiones intermitentes que no siempre tienen la misma visibilidad y es probable que te cueste encontrar el punto de imparcialidad necesario para valorarlo.

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Es importante que no etiquetes el hecho de ir al psicólogo como la constatación definitiva de que algo grave le ocurre a tu hijo, porque de esta forma es probable que esperes demasiado a ir. Y pedir ayuda a un especialista no es una solución definitiva ni excluyente, es decir: ir al psicólogo es un apoyo que puedes aceptar en cualquier momento sin que eso implique un estigma ni un punto de no retorno.

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Motivos evidentes para ir al psicólogo

Entre las razones más comunes para buscar la ayuda de un profesional de la psicología está la incontinencia urinaria, que llegados a cierta edad puede producir un bloqueo en tu hijo y una gran dificultad para gestionarlo y buscar recursos. Si todas las noches moja las sábanas puede que estés llevando este problema en silencio, pero te sorprendería que hay otros niños en su entorno a los que también les pasa. Y sin embargo, la solución más sencilla puede ser buscar la ayuda de un profesional.

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La mayoría de los problemas psicológicos que atraviesan los niños se diagnostican a través de su rendimiento académico. Que un niño sufra una involución en sus progresos en el colegio, o que presente dificultades sin motivo aparente pueden ser un indicador para detectar que algo va mal. También, hay síntomas de otros trastornos de raíz neurológica como el TDAH (Síndrome de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad), dislexia o tartamudez. En todos estos casos siempre conviene coger los casos a tiempo, y poder trabajar con un profesional sobre ellos antes de que se hagan mayores.

En plena adolescencia la depresión puede irrumpir con fuerza en la vida de nuestros hijos. Se estima que entre los trastornos psiquiátricos de esta etapa, uno 12% están relacionados con la depresión. A veces cuesta matizar si el carácter lánguido y retrotraído de la adolescencia se ha tornado en depresión. Es una etapa donde la búsqueda de la identidad, la aceptación y de los retos de una etapa adulta que se aproxima pueden hacer mella en el ánimo y convertir cierta tristeza e irritabilidad en un bloqueo más grave. Si tu hijo sufre dificultades para dormir, baja drásticamente su rendimiento académico, demuestra intranquilidad y preocupación constante, puede ser buena idea dejarte ayudar por un profesional.

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