Llega octubre y, con los primeros días de frío, nos entran unas ganas irrefrenables de manta, sofá y café caliente. Justo lo que transmite esta propuesta de Loberon. Queremos que la casa nos abrace, pero a menudo nos lanzamos a cambiarlo todo —cortinas, cojines, colores— sin reparar en lo más básico: que el calor no se escape por las ventanas o que los radiadores funcionen como deben. Preparar la casa para el invierno tiene mucho de estética, sí, pero también de pequeños gestos prácticos que marcan la diferencia en el confort del día a día.
Para saber por dónde empezar, hemos hablado con Ana Hirigoyen, arquitecta y diseñadora, fundadora del estudio Ana Hirigoyen Studio. Su propuesta, lejos de las reformas de temporada, pasa por sumar capas, cuidar la luz y elegir materiales nobles que envejecen bien. En un momento en el que el hygge danés y la idea de la casa como refugio han conquistado nuestros interiores, sus diez claves son una buena forma de recibir el frío.
© Jordi MirallesAntes que la calefacción, revisa las ventanas
Solemos pensar en subir el termostato, pero el primer paso está en otra parte: en todos esos puntos por los que el calor se escapa sin que nos demos cuenta. "Antes de pensar en calefacción, hay que revisar la envolvente: burletes, cierres y un buen sellado son la base invisible del confort térmico", explica Hirigoyen. Son detalles que no se ven, pero que se notan, y mucho, en cuanto sopla el viento, así que merece la pena revisarlos antes de que lleguen las primeras heladas. En la imagen, un proyecto de la propia arquitecta.
Una vez resuelto lo técnico, llega el turno de la estética. Su fórmula son las dobles cortinas: "Un visillo que filtre la luz baja del invierno y una pieza más densa (lino grueso, lana) que actúe como aislante y, de paso, aporte calidez visual al espacio". Una combinación que, además, permite jugar con la luz a lo largo del día: ligereza por la mañana y recogimiento al caer la tarde.
© Heidi CavazosCuida los radiadores
Es una de esas tareas que siempre dejamos para más adelante y que, sin embargo, se nota nada más hacerla. "Un gesto tan sencillo como purgarlos y limpiarlos de polvo marca la diferencia en eficiencia", asegura la arquitecta. Lo ideal es hacerlo al principio de la temporada, antes de encender la calefacción de forma continuada.
Hay, además, un error que ve a menudo en sus proyectos: esconderlos. Su consejo es "no taparlos con muebles o cortinas largas que bloqueen la convección del calor. El radiador necesita “respirar” para cumplir su función". Así que, si el sofá está pegado a él o la cortina lo cubre hasta el suelo, quizá sea el momento de replanteárselo. En este proyecto de Coblonal Interiorismo, el radiador queda despejado y nada impide que el calor se reparta por la estancia.
© OKANo cambies los textiles: súmalos
Con el cambio de estación es tentador renovar cojines, fundas y mantas. Hirigoyen lo desaconseja: "No es necesario, y de hecho no lo recomiendo. La clave está en las capas: sumar una manta de punto grueso, cojines con otra textura, un plaid, sin sustituir lo que ya funciona".
Basta con rescatar esa manta que teníamos guardada y combinarla con lo que ya hay en el sofá para que el salón cambie por completo. Los cojines de la imagen son de OKA. Su conclusión es de las que conviene recordar cada otoño: "Es un cambio de temporada, no una reforma textil".
© Lorena CanalsAlfombras, sí (y mejor de fibras naturales)
Pocas piezas hacen tanto por el confort de una casa en invierno como una buena alfombra. "Más allá del componente estético, aísla del frío del suelo y mejora la acústica del espacio —algo que en invierno, con las ventanas cerradas, se nota especialmente—", señala. Si el suelo es de baldosa o de piedra, la diferencia es todavía mayor al levantarse por la mañana o al caminar descalza por casa.
¿Y cuál elegir? Ella lo tiene claro: "Prefiero fibras naturales (lana, yute) por tacto y durabilidad frente a las sintéticas". La de la imagen, de Lorena Canals, es de algodón, otra fibra natural.
© La Redoute InterieursCambia la temperatura del color, no las paredes
Pintar el salón en tonos tierra cada vez que llega el frío puede resultar tentador, pero, según la experta, no es la mejor opción. "No propongo repintar la casa entera cada temporada; de hecho es contrario a cómo trabajo. Parto siempre de una base neutra y atemporal, un “lienzo en blanco” de materiales nobles que no caduca", explica.
De una estación a otra, lo que varía son los acentos: "Lo que sí cambia es la temperatura del color a través de los textiles y objetos: introducir terracotas, ocres, marrones cálidos en un cojín, una manta, una pieza cerámica". Pequeños gestos que calientan la mirada sin tocar la base; así la casa mantiene su esencia todo el año y el invierno llega en forma de detalles. Esta propuesta de La Redoute Intérieurs es un buen ejemplo.
© Mariluz VidalPiensa la luz por escenas, no por estancias
Con menos horas de sol, la iluminación artificial gana protagonismo, y aquí Hirigoyen propone otro enfoque: "Más que cambiar lámparas, lo que hago es repensar las escenas de luz según la acción, no según la etiqueta de la estancia". En un salón-comedor, por ejemplo, un único punto de luz se queda corto. "Hace falta una luz sobre la mesa, otra indirecta que rebote en un espejo y multiplique la sensación de calidez, y una luz de lectura suave junto al sofá", detalla. Tres fuentes de luz y tres ambientes distintos en una misma estancia, que se encienden o se apagan según el momento del día y lo que estemos haciendo. Es lo que ocurre en este proyecto de su estudio.
El mismo criterio sirve para el resto de la casa. En el dormitorio, por la noche, "la luz del armario se atenúa hasta quedar casi como una brasa, mientras junto a la cama se enciende una luz de lectura puntual". Y en el baño distingue tres momentos: una luz casi de spa en la ducha, otra general para la limpieza y una más técnica para el cuidado del rostro frente al espejo. Como resume ella: "Cada estancia tiene, en realidad, varias vidas según lo que se hace en ella. Eso es lo que ilumino".
© Jordi MirallesViste la cama por capas
Si hay un lugar en el que apetece refugiarse cuando baja el termómetro, ese es el dormitorio y, más concretamente, la cama. En la imagen, uno diseñado por la propia Hirigoyen. Su receta para la ropa de cama tiene tres pasos: "Empiezo por sábanas de algodón egipcio de gramaje alto, sumo una manta intermedia y cierro con un plaid o pie de cama de textura más rústica".
La lógica es la misma que aplicamos cuando nos abrigamos: "La sensación de capas —igual que en el vestir— es lo que aporta esa idea de refugio". Y cuando llegue la primavera, bastará con ir retirándolas.
© Montse GarrigaDi sí a los materiales que 'dan' calor
Hay materiales que, solo con mirarlos, nos hacen sentir más abrigadas. Para Hirigoyen, la lista es corta y atemporal: "La madera —el nogal especialmente—, la lana, la terracota y los textiles de trama gruesa son materiales que evolucionan bien con el tiempo y que, a diferencia de una tendencia de temporada, siguen aportando calidez años después". Es lo que ocurre en esta propuesta de Luzio Studio: incluso con la chimenea apagada, el espacio transmite calidez.
Una buena razón para invertir en estos materiales sin miedo a que pasen de moda. Si estás pensando en renovar una mesa, una butaca o un cabecero, este puede ser el momento de apostar por la madera de nogal o por una tapicería de lana: piezas que te acompañarán durante años.
© WestwingCrea un rincón para quedarte
¿Merece la pena reservar un espacio para desconectar? "Totalmente", responde la experta. "Y si hay chimenea, mejor: no hay mejor ejemplo de “hogar dentro del hogar” que una butaca orientada al fuego, con una estantería cerca, una manta a mano y una luz de lectura baja".
No hace falta mucho sitio, sino intención: puede ser un sillón junto a la ventana, un banco con cojines al final del pasillo o una esquina del salón con su propia lámpara. "Es un rincón que no está pensado para atravesarlo, sino para habitarlo. Un espacio disfrutable, no solo útil". El de esta propuesta de Westwing es perfecto para refugiarse en las frías tardes de invierno.
© Jordi MirallesNo renuncies a la terraza en octubre
La última clave nos llega del norte de Europa. "Algo que aprendí trabajando con clientes daneses (de climas mucho más fríos y con muchas menos horas de luz que Barcelona) es que aprovechan cada rayo de sol y cada estrella que se pueda ver, también en invierno", cuenta. Aquí, en cambio, solemos cerrar la terraza en cuanto refresca, y no hace falta: con el clima de gran parte de España, las horas de sol del invierno son un regalo que no deberíamos desperdiciar.
Su fórmula es sencilla: "Un banco corrido en madera, cojines de exterior con relleno técnico que aguanta la humedad, un textil que se pueda recoger rápido si llueve y algún punto de luz cálida bastan para que siga siendo un espacio disfrutable en los meses fríos, aunque sea para un café al sol de mediodía o una copa bajo las estrellas". Es lo que hizo en un ático del barrio barcelonés de Sant Antoni (en la imagen), un buen recordatorio de que el invierno también se vive de puertas afuera.




