En el corazón de un parque privado de 50 hectáreas de la región francesa de Países del Loira —muy cerca del célebre valle del Loira— se encuentra el Château de la Chevallerie, una auténtica joya arquitectónica del siglo XVIII, con una superficie de 1.800 metros cuadrados y 16 suites, que Timothy Corrigan ha devuelto a la vida, respetando su carácter original. Él es una de las principales figuras del diseño de interiores tanto en Estados Unidos como en Europa, y ahora nos abre las puertas de su universo privado, donde el art de vivre, la memoria y la armonía se entrelazan con naturalidad.
La Chevallerie conquistó a Corrigan en 2018. Entusiasta de los castillos, ha publicado un libro, At Home in France, dedicado a los cuatro en los que ha vivido y a la Chevallerie, con el que el flechazo fue instantáneo y supo que se convertiría en su hogar.
A lo largo de su dilatada carrera profesional y con oficinas en París y Los Ángeles, es el único diseñador estadounidense que ha recibido la prestigiosa distinción de la Société pour la Protection des Paysages et de l’Esthétique de la France, y este año asumirá la presidencia de la French Heritage Society, dedicada a la preservación del patrimonio arquitectónico e histórico francés.
"Soy uno de los pocos que puede decir que ha tenido cuatro 'châteaux' diferentes, desde uno del siglo XV, con torres y torreones, hasta uno de los mejores ejemplos de la arquitectura neoclásica de Francia"
Sus proyectos de restauración le han valido la admiración de celebridades como Madonna, así como el reconocimiento de varias Casas Reales.
Entre los amigos cercanos que frecuentan la Chevallerie, en este reportaje le acompaña la baronesa Jacqueline von Hammerstein-Loxten, una distinguida coleccionista y defensora del arte asiático. Ella es también la presidenta de La Pagode de Paris, una mansión china construida en 1928 y dedicada al legado del legendario marchante de arte asiático C. T. Loo.
Habla Timothy Corrigan
—¿Qué sentiste la primera vez que pisaste la Chevallerie?
Después de haber visitado cincuenta castillos diferentes en las afueras de París, encontré la Chevallerie, ubicado en la zona más norteña del valle del Loira. Parte de la propiedad está, de hecho, en la región verde de Normandía, justo a las afueras del pueblo de Alençon, famoso por sus maravillosos encajes. El château es más pequeño que muchos de los otros lugares que había estado considerando, pero en el momento en que entré al parque de la propiedad supe que este era el lugar donde quería vivir. Lo que más me sorprendió fue la estupenda calidad de su construcción en general, especialmente los paneles y los suelos, algo raro en un château de una escala un poco más pequeña que el resto.
"Uno de los antiguos propietarios fue Jean-Baptiste d’Anville, quien, tras explorar América del Sur y del Norte, creó los mapas más precisos de esas tierras y se convirtió en el cartógrafo oficial del Rey Luis XV"
—¿Cómo fue el proceso de restauración?
Afortunadamente, los techos solo necesitaban reparaciones menores, pero todo lo demás tenía que ser completamente renovado, incluyendo la calefacción, la electricidad y la fontanería. Por suerte, las reparaciones necesarias me permitieron instalar aire acondicionado en toda la propiedad. Habiendo llevado a cabo recientemente la renovación de la residencia del embajador de Estados Unidos en París, aprendí cómo instalar aire acondicionado sin bajar los techos ni colocar muchas rejillas. Gran parte de la restauración se realizó durante el confinamiento por la COVID, así que durante ese período solo pude dirigir el proyecto mediante llamadas.
"Nos hicimos amigos a través de la French Heritage Society, una organización, tanto en Francia como en Estados Unidos, de la cual soy el nuevo presidente del comité", nos dice sobre la baronesa Jacqueline von Hammerstein-Loxten
—A lo largo de tu vida, has sido dueño de varios castillos, cada uno más impresionante que el anterior. ¿Qué has aprendido de cada uno?
Soy una de las pocas personas que puede decir que ha tenido cuatro châteaux diferentes. Y, así como es difícil comparar a los hijos, porque cada uno es distinto, lo mismo ocurre con mis châteaux. He tenido desde un castillo de cuento de hadas del siglo XV, con torres y torreones, hasta una joya del siglo XVIII que se considera uno de los mejores ejemplos de arquitectura neoclásica de Francia. Lo que he aprendido de cada uno es el papel especial que han desempeñado en la vida de las personas que vivieron en ellos y en las comunidades que servían en él. En realidad, uno no posee un castillo; es simplemente el custodio, encargado de asegurarse de que pueda seguir existiendo y prosperando por generaciones. Eso es un gran honor.
—Sabemos que tu amor por los châteaux es tal que incluso te consideras un verdadero adicto a ellos, al punto de haber tenido que ir a terapia. ¿Cómo comenzó esta profunda fascinación por los castillos?
Mientras vivía en París y dirigía las operaciones internacionales de una gran agencia de publicidad, renové una casa señorial del siglo XVII en Normandía y me encantó el proceso de descubrir los cambios que se habían hecho en la estructura a lo largo de los siglos. Restauraciones como estas son casi un acto de arqueología. Después de vivir en Francia durante siete años, me ascendieron y tuve que regresar a Nueva York. Pronto me di cuenta de que no quería ser una de esas personas que una vez vivió en Francia. Yo quería seguir teniendo una vida en este país. Se había convertido en parte de mi ser.
"Como expatriados en un país rico en patrimonio, arte y antigüedades, compartimos un profundo amor por la historia y, además, hemos dedicado gran parte de nuestras vidas a preservarla", cuenta la baronesa
—La Chevallerie tiene una historia rica que se siente en cada rincón. ¿Puedes compartir una anécdota especial que haya ocurrido dentro de sus muros?
En el siglo XVIII, uno de los antiguos propietarios de la Chevallerie, Jean-Baptiste d’Anville —uno de los cartógrafos más importantes de su época— regresó al château después de pasar un año explorando América del Sur y del Norte. Allí creó los que se consideraban los mapas más precisos de esas tierras, sobre las cuales los europeos sabían muy poco. Posteriormente, se convirtió en el cartógrafo oficial del Rey Luis XV.
—El canal, el foso, la casa del bote… ¿Tienes un lugar favorito aquí?
Hay muchos rincones especiales en la Chevallerie, cada uno con su propio encanto. Siento un cariño especial por las más de 66 estatuas repartidas por toda la finca, de modo que, al dar un paseo, siempre te sorprende una figura encantadora.
—Hoy nos recibes junto a tu gran amiga Jacqueline. ¿Qué significa ella para ti?
Jacqueline y yo nos hicimos amigos a través de la French Heritage Society, una organización, tanto en Francia como en Estados Unidos, de la cual soy el nuevo presidente del comité. Ambos compartimos la misma pasión por la historia y el diseño. Aunque nuestras familias provienen de distintas regiones de Alemania, ambas tienen títulos nobiliarios y han desempeñado roles importantes en la historia del país.
"Lo que más me sorprendió del castillo fue la estupenda calidad de su construcción, especialmente los paneles y los suelos, algo raro en un 'château' de una escala un poco más pequeña que el resto"
Habla La Baronesa
—¿Cómo se forjó tu amistad con Timothy?
Nuestra amistad fue inmediata y natural. Me siento verdaderamente afortunada de poder contar con un ser humano tan maravilloso como amigo. Como expatriados en un país rico en patrimonio, arte y antigüedades, compartimos un profundo amor por la historia y, además, ambos hemos dedicado gran parte de nuestras vidas a preservarla. También creo que tuvimos una educación muy similar, lo que creó una base sólida para nuestra conexión.
—Como presidenta de La Pagode en Paris, uno de los edificios más singulares de la ciudad, ¿cómo definirías tu papel actual en este proyecto patrimonial tan especial?
Me veo a mí misma como una guardiana de La Pagode, con la misión de proteger su legado mientras moldeo su futuro. Mi objetivo principal siempre ha sido proteger y preservar el edificio y asegurar que su existencia continúe de manera significativa. La Pagode fue concebida como un escenario cultural para el arte asiático: un punto de encuentro para coleccionistas, académicos y marchantes. A lo largo del último siglo, ha acogido a algunos de los coleccionistas e instituciones más destacados, ha resistido guerras, fluctuaciones del mercado y prejuicios. Y, aun así, nunca perdió su lugar en la historia. Nos estamos acercando al centenario de la apertura de La Pagode, en 1928, y actualmente estoy trabajando en un emocionante proyecto de preservación para coincidir con ese hito.
—Como experta reconocida en arte asiático, particularmente en el chino, ¿qué crees que despertó tu fascinación por una cultura tan alejada de tus raíces europeas?
Realmente no me consideraría una experta académica, pero he adquirido un profundo conocimiento del arte asiático tras años de investigación en los archivos de La Pagode y gracias a la organización de numerosas exposiciones y eventos artísticos de relevancia internacional. Lo que despertó mi interés fue la riqueza, profundidad y complejidad de este arte, así como el increíble viaje que realizó para llegar a Occidente. Los archivos me ofrecieron una visión directa de ese fascinante intercambio cultural. Mi pasión nace del descubrimiento y la narración: desenterrar las historias detrás de cada pieza y entender cómo y por qué cruzó continentes.
"En realidad, uno no 'posee' un castillo; es simplemente el custodio, encargado de asegurarse de que pueda seguir existiendo y prosperando durante generaciones"





























