Si buscas flores en casa durante el invierno, esta planta es resistente, bonita y muy fácil de mantener
La resistente especie ‘Cyclamen’ vuelve a destacar cada invierno con una floración abundante. Sus pétalos curvados y vivos contrastan con el paisaje apagado de la estación. Es una planta que combina belleza y durabilidad, capaz de mantenerse en perfecto estado durante largo tiempo. Tras su reposo en verano, despierta con energía renovada para iluminar los meses fríos. Te descubrimos todos los cuidados para mantener unos ciclámenes esplendorosos.
Cuando el resto de las plantas parecen tomarse vacaciones, el ciclamen (Cyclamen) entra en escena. Esta bulbosa mediterránea se convierte en protagonista de los meses fríos por una razón sencilla: florece en pleno invierno y lo hace con una elegancia difícil de ignorar. Procedente de bosques frescos y umbríos, agradece las temperaturas bajas y soporta el frío mejor de lo que aparenta. Es una planta ornamental que a sus hojas en forma de corazón (y habitualmente en dos tonos de verde) suma unas flores que se alzan como pequeñas llamas de color.
A continuación, te contamos cómo cuidar el ciclamen para que mantenga ese aspecto impecable durante toda la temporada invernal, sin necesidad de ser experto en jardinería.
Ciclamen, la planta que ama el frío y embellece tus interiores en invierno
El ciclamen es una de esas plantas que parecen hechas a medida para los meses fríos. Mientras muchas especies entran en reposo, esta flor de origen mediterráneo despliega su mejor versión justo cuando bajan las temperaturas. Sus pétalos elegantes y curvados, disponibles en una paleta que va del blanco más puro al rojo intenso, pasando por rosas suaves y violetas profundos, aportan un toque de color y frescura que transforma cualquier estancia.
En interiores, donde el invierno suele combinar días fríos con calefacciones moderadas, el ciclamen se comporta como un invitado agradecido siempre que encuentre un rincón luminoso y fresco. Si la habitación se mantiene entre 15 y 18º C, su floración puede prolongarse durante dos o incluso tres meses, convirtiéndose en una presencia constante durante toda la temporada invernal.
Diversidad floral y un ciclo vital marcado por la temperatura
El género Cyclamen presenta una enorme diversidad de tamaños de las flores, desde variedades gigantes de hasta 8 cm hasta los mini ciclamen, cuyas flores apenas superan los 2-3 cm. (n el caso del Cyclamen persicum, uno de los más cultivados en nuestro país, sus flores suelen medir entre 4 y 6 cm. Esta variación permite elegir plantas según el espacio disponible y el efecto decorativo deseado, desde ejemplares muy vistosos hasta opciones más discretas y compactas.
Eso sí, todas las especies y variedades de ciclamen comparten un rasgo esencial: entran en reposo durante la estación cálida y seca, reduciendo o perdiendo completamente hojas y actividad, para rebrotar cuando bajan las temperaturas y regresan las lluvias.
Su resistencia al frío es una de sus mayores virtudes. A diferencia de otras plantas de interior que sufren con las corrientes o los cambios de temperatura, el ciclamen agradece el ambiente fresco y pierde vigor únicamente cuando la calefacción es excesiva para él. Por eso es ideal para ambientes poco caldeados, como recibidores o baños luminosos.
Además, algunas variedades, especialmente los ciclámenes de tamaño pequeño, desprenden un perfume delicado que añade un encanto extra a su estética presencia.
Ciclamen en exterior: cuándo dejarlo fuera y cuándo protegerlo
El ciclamen puede cultivarse en exterior siempre que el clima sea fresco y sin heladas fuertes, ya que tolera temperaturas cercanas a 0 grados si está protegido de lluvias intensas y del exceso de humedad. En la mayor parte de España, esto significa que plantado en maceta conviene protegerlo del frío cuando el termómetro baja mucho. En cambio, en las Islas Canarias, donde el clima es templado y sin grandes oscilaciones, el ciclamen puede mantenerse en exterior durante toda la temporada fría sin problemas, ya que las temperaturas suaves se ajustan muy bien a sus necesidades y permiten que florezca con regularidad. Aun así, conviene situarlo en la zona de sombra del jardín y protegido del sol directo, que interrumpe la producción de flores.
El secreto del ciclamen: un suelo ligero, fértil y bien drenado
El ciclamen no es especialmente exigente con el sustrato, pero responde mejor cuando se cultiva en uno fértil, suelto y con un drenaje impecable, ya que el exceso de agua perjudica gravemente a su bulbo. Aunque puede crecer en mezclas universales, prefiere combinaciones basadas en turba, con estructura aireada, y un aporte de arena gruesa o perlita que mejora la ventilación del sustrato y evita el encharcamiento, creando un medio ligero donde las raíces se mantienen activas y sanas.
Riego por inmersión: el sistema que mejor funciona con el ciclamen en maceta
El ciclamen prefiere un riego moderado y siempre sin mojar el centro de la planta, ya que el agua acumulada en la corona favorece la aparición de hongos. En interior, cultivando en maceta o jardinera, lo ideal es regar desde la base, dejando que la maceta absorba el agua durante unos minutos y retirando el exceso después. El sustrato debe mantenerse ligeramente húmedo, nunca empapado, y es mejor espaciar los riegos en días fríos para evitar que el bulbo se enfríe en exceso.
Cuando el ciclamen está plantado en el jardín necesita un riego aún más moderado que en un contenedor, ya que el suelo suele conservar mejor la humedad. Basta con mantener la tierra ligeramente húmeda durante la floración, evitando siempre los encharcamientos, y reducir los riegos en días muy fríos. De hecho, en exteriores frescos y sombreados suele bastar con el agua de lluvia.
El abono que tu ciclamen necesita para florecer sin parar
Durante la floración, el ciclamen agradece un abono líquido específico para plantas de flor, aplicado cada quince días, ya que este aporte regular de nutrientes sostiene la producción continua de flores y mantiene el follaje vigoroso. No conviene abonar fuera de la temporada de crecimiento, porque durante el reposo estival el bulbo permanece inactivo y no utiliza esos nutrientes, lo que podría provocar acumulación de sales y dañar la planta.
Otro truco para potenciar su floración es retirar las flores y hojas marchitas tirando suavemente desde la base para evitar que se pudran y favorezcan hongos. Por otro lado, girar la maceta de vez en cuando asegura un crecimiento equilibrado de la planta.
Dado que elciclamen es una bulbosa, es decir, una planta que almacena reservas en un tubérculo subterráneo del que brotan hojas y flores cada temporada, no es sencilla de multiplicar: los cortes en el tubérculo pueden favorecer infecciones y pudriciones, y requieren mucha precisión para asegurar que cada fragmento conserve yemas viables. Por ello, aunque la división del tubérculo es posible durante el reposo estival, en la práctica es una operación delicada para jardineros poco expertos.
El método más recomendable es la propagación por semillas, que se realiza a finales de verano u otoño. Es más segura, evita heridas en el tubérculo y permite obtener plantas sanas desde el inicio, aunque demande paciencia: la germinación es lenta y la primera floración puede tardar más de un año.
Las señales que indican que tu ciclamen está enfermo
El ciclamen es sensible a la humedad excesiva, por lo que los problemas de salud más habituales son los hongos, como la podredumbre gris o botrytis, que provoca manchas grises en hojas y flores. También puede sufrir ataques de pulgón o ácaros, especialmente si el ambiente es cálido y seco. Mantener una buena ventilación, evitar el agua estancada y retirar las flores marchitas reduce mucho el riesgo. Si aparecen plagas, conviene actuar pronto con jabón potásico o tratamientos específicos para plantas de interior.